Gracias, Claudia

viernes, 31 de diciembre de 2010

Adiós, por fin



Adiós 2010


No. No voy a hacer balance de este año que me usurpó mi libre albedrío e impuso su mal fario, llevándome de susto en susto y tambaleando la seguridad de mis cimientos. Este año falso y traidor, que se presentó con cara amable y me preñó de ilusiones para luego torturarme, lentamente.

Se estremeció la tierra y con ella todo mi mundo. No fue un temblor, fue un disparo, el pistoletazo de salida de la mayor carrera de obstáculos. Un golpe certero que instaló el miedo profundamente, casi subliminal. Y lo mantiene. Tatuado en el centro de la memoria, ésa que se activa con una ligera oscilación, el sonido de una alarma o una luz que se apaga.

Se estremeció la familia y con ella todo mi mundo. No fue un diagnóstico, fue una amenaza, una espada colgando sobre la cabeza. Ese miedo a la orfandad, al desamparo de ese abrazo reconfortante y abrigador. Y la culpa, por no estar y por la posibilidad de que mi pelea por la vida me fuera arrebatar la más importante, la que me creó. Y el miedo aún quema.

Se estremeció mi vientre y con él todo mi mundo. No fue una pérdida, fue un robo con delito de sangre, la promesa rota una y otra vez… y otra vez. Una lucha sin cuartel y sin trincheras, que me mantuvo expuesta, con el alma desnuda y los sentidos en una orgía con los sentimientos. Y continúa.


No. Claro que no voy a hacer balance. Brindaré con champán por su partida y no bailaré sobre su tumba sólo porque no pienso ir a verla.


Y a pesar de todo, pude robarle alegrías. Este blog y vosotros, entre ellas.


¡¡¡Feliz año nuevo!!!

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martes, 28 de diciembre de 2010

Tic-tac




Estallido de emociones
en la silenciosa noche.
Tic-tac Tic-tac
dice el reloj,
acérrimo enemigo matutino.

Tic-tac Tic-tac
contesta con insolencia
a la orden de silencio.

Sensaciones extrañas,
ya muy conocidas,
recorren el universo,
MI Universo,
sin pedir permiso.
Y, sin querer, se unen
al Tic-tac Tic-tac;
únicas palabras
oídas en la noche.

Tic-tac y sensaciones,
estallido de emociones,
continúan desvergonzados
por este valle,
por esta llanura
por este desierto,
vacío, sin manantial.

Asoma una gota:
STOP. No sigas.
Estás prohibida.

El humo del cigarrillo
purifica el ambiente.

Tic-tac Tic-tac.
Sigue. No para.
Desesperando sin descanso
Concentración...
...interrumpida.
No silencio. Ruido.
Tic-tac Tic-tac.



sábado, 25 de diciembre de 2010

Contar estrellas


"Noche estrellada sobre el Ródano", de Vincent Van Gogh


Buenos días, señor. Disculpe que le moleste. Sé que no nos conocemos, pero hay algo que creo que debe saber.

Dicen que si cuentas tantas estrellas como años tienes, esa noche sueñas con el verdadero amor de tu vida.

Ayer hice la prueba. Y soñé con usted.

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miércoles, 22 de diciembre de 2010

Letanía de Navidad


Fotografía: Alís Gómez

Retomo este post antiguo porque hay cosas que no cambian, que se repiten de forma idéntica año tras año:


Hacia Belén va una burra, rin rin

Imposible sustraerse. Música, luces, adornos, comentarios, felicitaciones, chistes, más mendigos de temporada, aguinaldos…

Hacia Belén va una burra, rin rin

Atascos. Carreras. Sinfonía de bocinas. Malos humos al volante. Todos tenemos prisa. Todos queremos llegar primeros…

Hacia Belén va una burra, rin rin

¿No eran días de ser felices? ¿A qué vienen esas caras de agobiados?

Hacia Belén va una burra, rin rin

Espera. Búsqueda absurda. Resignación. Más colas: ahora ¡para pagar!

Hacia Belén va una burra, rin rin

Imposible caminar. Multitud de personas llenan las calles con sus cuerpos y los miles de grandes paquetes que cargan. Cuanto más grande el regalo ¿más te quieren?

Hacia Belén va una burra, rin rin

Papá Noel (aquí Viejito Pascuero) no tiene pajes, tiene pajas (entiéndase como se quiera). Jóvenes de impresión con minifalda y camisetas ajustadas de tiras que enseñan más carne que uniforme.

Hacia Belén va una burra, rin rin

Ya es mediodía. Treinta grados a la sombra. ¿Qué fue de la blanca Navidad?

Hacia Belén va una burra, rin rin

El reno Rudolph sí que es un héroe. Con esta calor, enfundado en su disfraz de felpa y jugando con niños. ¿Cuánto le pagarán?

Hacia Belén va una burra, rin rin

Creo que me contagié del espíritu navideño. En todo el día no he parado de cantar:

Hacia Belén va una burra, rin rin



PD1. Aunque la parte huraña de mi carácter se hace más presente en estas fechas, aún me queda emoción suficiente para desear que disfrutéis de las fiestas y que el próximo año venga cargado de felicidad para cada uno de vosotros.

PD2. No esperéis muchos regalos esta Nochebuena. Papá Noel se instaló en la piscina y dice que no tiene la menor intención de someterse a bruscos cambios de temperatura para andar repartiendo regalos. "Que se los compren sus padres", repite una y otra vez entre mojito y mojito.

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domingo, 19 de diciembre de 2010

Entrego




Para tu sed
entrego mi humedal.

Para tu hambre,
mi pulpa y mi sal.

Para tu deseo,
mis ganas sin bozal.

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jueves, 16 de diciembre de 2010

¿Dónde está el sujeto?


Fotografía: Rodney Smith


Irrumpió obligando a cambiar todo el texto. Reivindicaba una participación más activa en el mismo y que se reconociese su rol de protagonista único. No quería compartir créditos con nadie más. Amenazó con irse si no cumplía sus reclamos y ciertamente la historia perdía mucho brillo sin su presencia. Perdía el sentido, dejaba de ser esa historia para convertirse en otra. Y yo quería contar ésa, no una diferente.

Así pues, acatando sus exigencias modifiqué todos los predicados, ajusté las concordancias a su perfil, construí oraciones a su medida e inventé personajes secundarios sólo de su gusto. Cuando ya tuve el relato completo y comencé a releerlo para su corrección descubrí que había desaparecido, dejando un texto lleno de acciones huérfanas.

¿Alguien puede ayudarme y decirme dónde está el sujeto?

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lunes, 13 de diciembre de 2010

Así partieron



 
No hay un hogar esperando. Tampoco uno al que volver.

Así partieron, sin otra opción. Confiaban en tener un futuro, porque el presente era un mero tránsito, una huida del pasado hacia la esperanza de otra vida. De una vida, porque la que habían tenido hasta entonces no merecía ese nombre.

Sin nada que llevarse al alma como cable a tierra, con lo puesto, los recuerdos con el único respaldo de su buena memoria y como pertenencias sólo lo que cabía en sus bolsillos. Así partieron. Sin el consuelo de la añoranza, porque nada dejaban atrás que pudiera extrañarse; sólo dolor, odio y hostigamiento.

Iniciaron un viaje sin destino, sin más fortuna que los suyos, los que sobrevivieron a la barbarie, los que guardaron fuerzas para andar, los que no cayeron abatidos por la adversidad.

No hay un hogar esperando. Tampoco uno al que volver. Sólo el camino.

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jueves, 9 de diciembre de 2010

De quién es el mundo




No, no era buena conductora. Y el auto, un 4x4 de lujo y del paquete, era demasiado grande para sus escasas habilidades al volante. La mujer intentaba meter el vehículo en el espacio del aparcamiento, con esfuerzo, pero también con toda la calma del mundo, poniendo a prueba nuestra paciencia. Ya éramos como siete coches los que esperábamos a que finalizara la maniobra para poder seguir. No parecía importarle mucho, y sólo lograba rectificar unos milímetros en cada movimiento hacia delante y hacia atrás.

Imposibilitados para salir de allí, fuimos testigos de cómo un joven, que llegaba en un “citycar” desde el otro lado de la vía, aprovechó uno de sus torpes movimientos para colarse y ocupar el estacionamiento. ¡Lo que nos faltaba!

Sin perder la compostura, la mujer descendió del vehículo. Su aspecto y sus gestos parecían los de una dama. Con una educación exquisita solicitó al muchacho que saliese de ahí, que ella era la única que tenía derecho a ese espacio. Desde luego, por el tiempo que le dedicó, se lo había ganado.

- Lo siento señora, este mundo es de los vivos – le dijo el chico, bajándose de su coche y alejándose.

Ella ni lo pensó. Con el mismo aplomo, se subió de nuevo a su auto y con una destreza al volante desconocida hasta ese momento dio marcha atrás golpeando el utilitario del joven. Luego se fue, pero al pasar por su lado bajó la ventanilla y le gritó:

- No, m´hijito, este mundo es de los ricos.

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lunes, 6 de diciembre de 2010

Confío

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Ya no hay duda. Soy una bruta. ¿Cómo puedo esperar que sepas cuánto te amo si soy un erizo mostrando las púas constantemente?

Yo sabía sonreír. Sonreír de adentro, con luz, confiada y agradecida. Yo sabía ser cálida. Arropar con mis brazos, alentar con la palabra y acoger en mi silencio. Yo sabía. Y sé. ¿Pero, siento?... Claro que sí, siento con tanta intensidad que me desborda. Contenerlo más sólo puede provocar una calamidad.

Pero bueno, tampoco debo mentir. Siempre me costó entregar afecto. Quizá por eso cuando lo hago soy tan… (ufff, que cada quien elija un adjetivo). Pero sí, me cuesta la caricia diaria, desprenderme de los tequiero, exiliar los reproches y suavizar la mirada.

Por eso me pregunto cómo puedo esperar que sepas cuánto te amo. Y confío en que lo hayas descubierto porque los instantes de ternura son de entrega absoluta, porque en cada abrazo vierto todo el cariño que puedo; en cada beso, en cada caricia, en cada mimo, toda mi esencia y mis sentidos. Porque, por encima de todas mis trancas, mis manías y mis enojos, te amo con la vida.

Por eso confío.


Fotografía: Rudy Garrido
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jueves, 2 de diciembre de 2010

Tres deseos


Fotografía: Rob J. Brookson


- Hola. ¡Feliz cumpleaños! Uy, qué delgada. Te estás quedando en los huesos.
- Buenas noches. ¡Feliz cumpleaños! ¿Estás bien? Te veo un poco desmejorada.
- Hola. ¡Felicidades! Pero ¡cómo has adelgazado! ¿qué has hecho?

Uno por uno, los invitados a su fiesta la saludaron sorprendiéndose del peso que había perdido en unos meses. Es lo que tiene juntarse con los amigos una vez al año, que aprecian mejor los cambios que sus cuerpos experimentan.

La verdad es que Laura tenía un aspecto cansado. Se veía físicamente agotada, aunque su rostro irradiaba felicidad. Debía de ser cierto, porque durante toda la velada dio muestras sobradas de su buen humor. Amena al contar sus anécdotas, entusiasmada con los relatos de los demás, riéndose mucho y bien… la fiesta estaba resultando de las más divertidas que recordaban en los muchos años que llevaban conociéndose.

De pronto, las luces se apagaron y el salón se iluminó con el resplandor de las no pocas velas que cubrían la tarta.

- Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos, cumpleaños feliz! No olvides pedir los tres deseos… Yaaa, Laura, sopla las velas… Venga, Laura, que se van a consumir… Laura, sopla ya…

Laura se había quedado pensativa. Los invitados se miraban extrañados, sin comprender por qué su amiga tardaba tanto en apagar las velas para continuar la fiesta. Molesta con tanto apremio, ella se justificó.

- No me apuréis. Tengo que meditar bien qué pido, porque los deseos se cumplen.


Un año antes:

- Cumpleaños feliz, cumpleaños feliz, te deseamos todos, cumpleaños feliz! No olvides pedir los tres deseos.
- Sexo, sexo y sexo. Ffiiiuuuuuu

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lunes, 29 de noviembre de 2010

La matanza




(refrán popular)

“Mañana voy a matar al cerdo de mi suegro”. Laura jamás olvidaría esas palabras del dueño del bar de la esquina. Ni que el fin de semana siguiente el estabecimiento permaneció cerrado. Lo hacía pocas veces, y siempre que ocurría, en la puerta colgaba el cartel de “Cerrado por defunción”.

Y como no lo olvidaba, notó que un año después sucedía lo mismo. “Voy a matar al cerdo de mi suegro”, el bar cerrado el fin de semana y la absoluta normalidad el lunes siguiente, sólo rota por alguna conversación sobre el descuartizamiento. Y al otro, lo mismo. La diferencia en el tercer año que lo oyó fue que descubrió a qué se refería exactamente aquel hombre.

Laura durmió inquieta aquella noche, con la sensación de que algo importante iba a ocurrir al despertar la mañana. Por eso habían viajado al pueblo ese fin de semana. Así que no le costó madrugar. Era consciente de que fuera lo que fuera, ella debía verlo. Bueno, tal vez hubiera sido mejor no haberlo visto, pero eso lo sabe ahora.

Se levantó en cuanto oyó movimiento por la casa, desayunó y bajó las escaleras de piedra para ver en qué estaban ocupados tantos hombres esa mañana. Pero se encontró con el portón cerrado. Ese enorme portón viejo de madera gris, que ahora conocía porque siempre había estado abierto. Le daba suspense y emoción al momento. ¿Por qué debían ocultarse? Claro, los gritos desesperados que se escuchaban sumaban misterio.

La madera vieja de la puerta estaba muy gastada y dejaba bastante espacios por los que poder espiar. Y vio que los gritos eran de un cerdo que huía por todo el patio, mientras varios hombres corrían detrás. Creía que no se podía gritar más, pero comprobó que sí cuando lo atraparon, le ataron las patas y lo acostaron sobre aquella mesa grande de piedra. Ella sólo intuía qué le iban a hacer, pero el animal parecía saberlo.

Cuando más estremecedores eran los alaridos vio cómo aquel cuchillo enorme entraba, de forma aparentemente fácil, en su cuello. Y se hacía el silencio. Un silencio que brotaba como aquel río de sangre que caía en una palangana azul.

Ya muerto el cerdo, las tareas se realizaron de puertas abiertas. Parece que los niños no podían ver cómo lo asesinaban, pero sí cómo lo descuartizaban y convertían en chorizos. Aunque luego también pensó que lo de cerrar el portón podía ser para que no se escapase el marrano. El caso es que Laura recibió su primera clase de anatomía “por inmersión” y pudo ver cómo era por dentro, qué es piel, carne, hueso, vísceras… como esos intestinos que tuvo que ayudar a lavar en el agua fría del río, para ver luego cómo eran llenados con carne. ¡Así se hacían los chorizos que tanto disfrutaría luego!

Por supuesto, no quiso probar la sangre cocida tan celebrada en el almuerzo, aunque sí saboreó un filete. Curiosamente, sin cargo de conciencia.


Ahora, ya mayor, Laura recuerda todos los años por las mismas fechas aquella frase, como una letanía. “Voy a matar al cerdo de mi suegro”. Y se lo está pensando.

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sábado, 27 de noviembre de 2010

Diciembre


Ilustración: "Gabinete antropomórfico", de Salvador Dalí


Se acerca diciembre, mi mes más jodido. Aunque todos lo son. También todos son buenos, a veces. Tal vez es que me vuelvo egocéntrica en diciembre, pero me cuesta imaginar historias. El alma (o lo que sea) inicia su temporada de náuseas y necesita vomitar emociones. Como si se hubieran atragantado en el estómago e impidieran digerir la vida.

Es presente, es pasado y es futuro. Es todo. Todo se agolpa, como si fuera cayendo a lo largo del año para amontonarse al final. Ahí, justo ahí aumenta el peso coincidiendo con el momento de arrancarle otra hoja a mi calendario personal.

Lo peor de diciembre es que me encuentro demasiadas veces conmigo misma. Y claro, es como mirarte demasiado al espejo… que acabas por verte todo. Para redondearlo, las circunstancias y otros bichos me convirtieron en un ser con una autocrítica feroz y un nivel de autoexigencia inalcanzable. De mis autoencuentros siempre salgo mal parada.

Se acerca diciembre, mi mes más jodido. Si me veis vomitando mis penas y mis frustraciones no penséis que bebí demasiado. No. Tragué demasiado. Y todo exceso se paga.


Tenedme paciencia.

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jueves, 25 de noviembre de 2010

Cerrar los ojos




"Para verte como yo quería
había que empezar por cerrar los ojos".
Julio Cortázar


¿Cuántas veces me dijiste que la culpa era mía? ¿Cuántas que era una inútil, que te avergonzaba, que nunca podría valerme por mí misma? ¿Y cuántas repetiste, después, que me amabas, que era lo mejor que le había pasado a tu vida y que nunca más volvería a ocurrir?

Tantas como las veces que tu familia se volvía ciega y sorda cuando yo llegaba al almuerzo dominical con mis gafas de sol para cubrir ese morado en mi ojo que no lograba disimular con maquillaje, o usaba manga larga en pleno verano para ocultar las marcas que tu saña había dejado en mi piel.

Tantas como los míos me pedían que callase y aguantase para no perjudicar tu prometedora carrera, el bienestar de nuestros hijos, la seguridad del hogar, la familia. Que simplemente no te provocase. ¿Seguridad? ¿Desde cuando la paz se compra con dinero? ¿Desde cuando puede llamarse familia a esto? ¿Quién les borrará a nuestros niños el miedo que pasea por su mirada desde tan pequeños?

Me lo dijiste tantas veces que llegué a creérmelo. Llegué a pensar que yo era la culpable, que no servía para nada, que no sería capaz de liberarme de tu tiranía, que sólo sería buena madre aguantando cada golpe en silencio y acallando el llanto.

Ahora lo sé. Ahora que ya rompí las cadenas comprendo que sólo tuve una culpa: la de cerrar los ojos para verte como yo quería la primera vez que tu mano cambió la caricia por violencia; la de cerrar los ojos y no comprender que el inútil lo eres tú, que me avergüenzo de ti, que nunca podrás valerte por ti mismo porque no sabes amar, ni siquiera a ti mismo.

Ahora lo sé, ahora que he visto a tus hijos sonreír por primera vez después de tanto tiempo aunque tengamos que vivir escondidos de ti, acogidos en un hogar ajeno.

Abrí los ojos y logré sobrevivirte. Tú ya puedes pudrirte en paz.




martes, 23 de noviembre de 2010

En el auto


Ilustración: Alba Garrido Gómez


- Ahhh, no puede ser. Todas las mañanas igual. Pero…, ¿¿¿qué haces, weón??? Pero muévete yaaaaa, viejito.

- Mamá, no debes decirle viejito.

- ¿Ah, no?

- No, porque si le dices viejito puede llorar. Tienes que decirle “muévete yaaaa, mayor”.


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sábado, 20 de noviembre de 2010

Celebrar cada día




Son cincuenta años de matrimonio, casi. Estaban entusiasmados planificando cómo celebrarlo. Tendrían la boda que no pudieron permitirse cinco décadas atrás. Pero aquel bulto apareció para ensombrecer su nuevo noviazgo.

Lo descubrió mientras se secaba, después de la ducha. Eso no debía estar en su ingle. Tentada estuvo de callarse, como siempre hacía cuando sentía alguna molestia. Sin embargo, un resto de sensatez le hizo mostrárselo.

Él no quiso esperar. Al día siguiente visitaron a su médico de familia. Apenas un mes después ya iniciaba sus sesiones de quimioterapia, tras varias semanas de exámenes, pruebas y una mala noticia.

- No la voy a engañar. Lo que usted tiene es grave, pero puede curarse. Sólo tiene que seguir al pie de la letra todas mis indicaciones.

La moral permaneció aparentemente elevada. Saldría de esto. Retomarían sus planes. Verían crecer a sus nietos… A pesar de ello, fue perdiendo las fuerzas, el apetito y el pelo. El tratamiento era duro y el espejo le mostraba la mitad de lo que siempre fue.

- No sabía que tenías la cabeza tan bien hechita – le decía él cada mañana, cuando cumplía con el nuevo ritual de besarle la calva antes de que se pusiera la peluca. Y ella agradecía este gesto de ternura obligándose a luchar aunque le tentara tirar la toalla.

- Voy a curarme. No te voy a dejar solo. Pero no sé si estaré con ánimos para celebrar nuestras bodas de oro.

- No te preocupes y sigue luchando. Soy el hombre más feliz del mundo celebrando cada nuevo día que estamos juntos.

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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Hace un año


Fotografía: Arno Rafael Minkkinen


El blog cumple hoy un año. Un año del día en que publiqué el primer post. Ilusionada, medio asustada y absolutamente ignorante de lo que iba a encontrarme. Lo que ocurrió a lo largo de estos últimos doce meses superó todas mis expectativas. Por un lado porque no tenía muchas, o ninguna, y por otro, porque de ningún modo hubiera imaginado todo lo que he ganado gracias a “mi cajón desastre”.

Comencé muchos textos para “celebrar” este día, pero ninguno conseguía expresar qué ha supuesto para mí este año de blog (de fondo sonaría Luz Casal cantando “Un año de amor”). No sirven las cifras, que me abruman y me han hecho sentir acompañada y estimulada; no sirven las palabras, que se quedan cortas, y mudas, frente al sentimiento; no sirven los gestos, que no alcanzan para manifestar todo mi agradecimiento.

Quizá si pudiera poner la foto de un desnudo mío podríais llegar a intuir algo de lo que quiero decir, pero no sé retratar el alma, y tendría que ser un desnudo del alma, en blanco y negro, porque me encantan las fotos en blanco y negro. Con luces y sombras. Sí, mi fotografía de este año tendría muchas luces y muchas sombras. Pero sonreiría. Seguro.

Y aquí estoy, justo en el día en que más querría deciros, escribiendo un texto que no dice nada. Que sólo es un indicio de todo lo que siento, una mínima demostración de la importancia de este día, de esta experiencia y de vuestra compañía. Hace un año no me creía capaz de hacer muchas cosas, entre ellas escribir. Doce meses después, me demostré que sí puedo y me quiero un poco más. Lo necesitaba.

Por más que pienso, sólo una palabra viene una y otra vez a mi cabeza, imponiéndose, argumentando ser la justa y necesaria:

Gracias

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domingo, 14 de noviembre de 2010

Me queda poco tiempo



Sé que me queda poco tiempo de vida. La voluntad tiene poco que hacer en este caso y los milagros no existen. Yo me lo busqué y asumo las consecuencias.

Y es que se veía venir. Este mal humor que me acompañó las últimas semanas no podía ser inocuo. Si no me soportaba ni yo misma, ¿cómo esperar que lo hicieran los demás? Mi falta de paciencia, mis ganas de aislarme y no tener que soportar a nadie, mis respuestas fuera de lugar en el momento menos oportuno… eran síntomas de que algo se estaba condensando dentro de mí.

En el fondo, este accidente sólo acelera el proceso. Y tal vez deba estarle agradecida por evitarme más de un sufrimiento, y muchos a quienes me rodean. Porque los síntomas eran cada vez más evidentes. Todos ellos indicaban una inminente explosión, en la que probablemente salpicaría todo aquello que tanto amo.

Es mejor así. Más rápido, más limpio. Aunque ya no pueda aprender a bailar el tango, aunque ya no pueda saltar en paracaídas, aunque ya no la vea crecer, aunque no llegue a ver cómo le sientan las canas, aunque ya no cumpla el sueño de convertirme en una dulce abuelita (¡ja!).

Sé que me queda poco tiempo de vida y quisiera decir muchas cosas a muchas personas, pero ya no será posible. Ya no tengo tiempo.

Me voy con confesiones pendientes y promesas por cumplir… Pero me mordí… y el veneno empieza a hacer efecto.

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jueves, 11 de noviembre de 2010

Me bastaría




Qué faltos andamos de ternura, de gestos, de cercanía. Y parece tan sencillo…

Me basta con ver en tus ojos la alegría de verme, la satisfacción de saberme tuya y la ilusión de las primeras veces.

Me basta con tener tu mano junto a la mía, sentir la caricia como despistada y el calor que desprende tu compañía.

Me basta con sentir tus labios sobre los míos, tu boca buscando el beso perfecto, tu lengua jugando a seducirme.

Me basta con tu abrazo enamorado, con tus brazos que me rodean reteniendo el instante, con tu latido acelerado golpeando mi pecho.

Me basta…

Me bastaría.


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martes, 9 de noviembre de 2010

Aaaaatchiiissss!




Las autoridades sanitarias no advirtieron de ello porque no había modo de predecirlo. No, a no ser que tuvieran cierta información determinante. Pero ya se encargaban las fuentes de que no se supiera. Era parte del negocio.

La incidencia de la alergia esta primavera se ha multiplicado de forma alarmante con respecto a temporadas anteriores. Las urgencias, también las de centros privados, se han colapsado por el elevado número de pacientes. La población infantil es la más vulnerable. Y la más afectada. La palabra epidemia empieza a sonar tímidamente. Las organizaciones supranacionales están atentas...

Cuando media estación ha pasado ya, unos anuncios desenfadados y alegres presentan un nuevo remedio contra las alergias. Es lo que necesitábamos, la solución a nuestros problemas. Un antialergógeno que cura los efectos de la alergia, porque los previene. ¡Los ataja a tiempo!!


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sábado, 6 de noviembre de 2010

Olor a pino




Sólo recuerdo los hechos.

Recuerdo, por ejemplo, que fuimos a revolcarnos al asiento de atrás después de que me hiciera un corte en la rodilla con el cambio de marchas. ¿Por qué le has puesto ese adorno a la palanca?

Recuerdo, por ejemplo, que había cristales empañados, sudor entre nosotros, jadeos urgentes. También miradas vigilantes por si se acercaba alguien. E incluso posturas imposibles para un espacio tan limitante.

Pero sólo recuerdo los hechos. Los sentidos sufren amnesia.

Mi piel no retiene el tacto de tus manos, ni mi boca tu sabor. Tampoco veo la cara que pusiste al terminar. Sólo el olfato tiene memoria. Porque no puedo arrancar de mi mente el olor a pino del ambientador.

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miércoles, 3 de noviembre de 2010

Estar solo




(*) “Sólo salgo para renovar la necesidad de estar solo”
Lord Byron


Se me estaba olvidando. Tantos días de encierro aislado discutiendo conmigo mismo nublaban mi entendimiento y me hacían olvidar que soy mi mejor compañía.

Se me estaba olvidando y cometí el error. Salí a la noche, a la loca noche poblada de promesas sin futuro, de mentiras más interesadas que piadosas, de sonrisas perfumadas para ocultar el hedor de la falsedad.

Salí a la noche y me encontré el día despertando a la evidencia. Tuve que ser testigo de este triste amanecer para recordar lo que siempre olvido: que “sólo salgo para renovar la necesidad de estar solo”. (*)


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domingo, 31 de octubre de 2010

Tranquila, hermana


Fotografía: Catalina Sandino Moreno en "Paris, je t´aime"


- Tranquila, hermana. Verás que sí podrás soportarlo. Eres trabajadora y buena mujer. Y vas a estar con muy buenas personas. Tienen un hijo. Jugarás con él, te encariñarás. Te ayudará a pasar mejor los días. Será como tenerlo a tu lado mientras estás lejos para él.


Roxana madruga todos los días para preparar el desayuno de Andrés. Y le prepara la comida también. Y la merienda y la cena. Lava su ropa, cuida sus cosas, vela por él y le regala sonrisas a raudales. Cuando juega con él es otra niña, que se lanza sobre cada momento como pirata al abordaje del tesoro de la felicidad.

Andrés está más alegre desde que ella llegó a la casa.

Cuando cae la noche, exhausta llora mientras abraza la foto de su propio Andrés. Y guarda los recuerdos de la jornada con el rostro de él.

Y Roxana ve que es cierto, que así puede soportarlo. Por ahora.


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jueves, 28 de octubre de 2010

Sangre




Sangre.
Sangre.
Sangre.
Rojo.
Rojo.
Rojo.
Y en un momento, todo negro.
Ceguera total.

Vuelve la luz.
Estoy en el suelo.
Estoy lejos.
Estoy sola.
Tengo miedo…

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lunes, 25 de octubre de 2010

Paula y Luis




Paula y Luis tienen cuatro años. Les falta poco para cumplir los cinco.

- Paula ¿qué haces con Francisco? Tú eres mi mejor amiga.
- ¿Quéee? Déjame. Juego un partido.
Lo dice apartándose de él, que se retira enojado.
- Jo, Luis siempre quiere estar conmigo.
Paula ni siquiera es consciente de que la observan. Se lo dice a sí misma, en voz alta, como para hacer más evidente su molestia.

Apenas pasan veinte minutos y ella se columpia con furia.

- Paula, ¿quieres bajar?
- No!
- ¿Quieres venir a comer?
- No!
- Entonces, ¿qué quieres? ¿qué te pasa?
- Quiero que Luis me acompañe, que se columpie conmigo. Quiero a Luis aquí.

Pero hay algo que Luis ama más que a Paula. Comer. Finalmente, ella accede a sentarse a la mesa.

- Mamá, mira qué servilletas más divertidas.
- Sí, las eligió Luis para ti.

Amigados, comen juntos y conversan. Ella con su sonrisa cándida. Él irradiando felicidad.

- Luis, es muy bonita la servilleta que elegiste para Halloween. Muy tenebrosa.


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jueves, 21 de octubre de 2010

Recuerdo la sensación




Corríamos alrededor del árbol. Es el último recuerdo de mis recreos en tu ciudad. El patio girando a nuestro alrededor. Tu rostro sonriente y cansado cada vez que yo miraba atrás. Y la suavidad del tacto de la yema de mis dedos después de rozar durante unos minutos la corteza del árbol.

Paseaba de nuevo, después de veinte años, por la calle de mi infancia. Casualmente se cruzaron nuestras miradas, como nuestros caminos, y reconocí en tu cabeza el mismo respingo que dio la mía, esa natural reacción a la sorpresa.

Recuerdo que estaba disfrutando de ese momento, como parecías estar haciéndolo tú. No logro imaginar siquiera la razón, el porqué de mi reacción absurda. Pero tengo nítida la sensación de cómo me di la vuelta en seco y te pegué una bofetada.

Nos miramos fijamente mientras nos acercábamos hasta cruzarnos. Los dos teníamos cara de “¿será o no será?”, aunque no sé si tú pensabas en mí y yo sólo intuyo que eras tú. Esperé unos segundos, controlando las ganas de seguir mirándote, y me giré. Tú hacías lo mismo.

También tengo nítida la imagen de tu expresión. Sorprendido, decepcionado, lastimado. Y esa mirada le cuenta a mi amnesia que tuvimos una historia, que fuimos niños enamorados, que habíamos compartido tiempo e ilusiones a pesar de nuestra corta edad.

Al encontrarse de nuevo nuestras miradas, tú pusiste cara de me alegro de haberte visto. E imaginé que supiste quien era y que me habías perdonado. Me arrancaste una sonrisa. No. Yo te la regalé…, con ella te daba las gracias.

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lunes, 18 de octubre de 2010

No conduce a nada



Te presentas siempre sin avisar, distrayéndome en el trabajo. Con tu sonrisa de anuncio de dentífrico, la picardía atrincherada en los ojos y la ironía lista para aprovechar toda oportunidad de arrancarme una sonrisa. Saludas radiante.

- Buenos días!!
- Lo serán para ti…

Entonces escucho tu primera carcajada, y sé que estamos listos para el juego. Despliegas ante mí todo tu encanto y yo simulo resistirme, como si no hubiera pensado ya, dos e incluso más veces, en caer en la tentación. Y parodias a un seductor.

- … Ya sabes lo que pienso. Que para eso estamos en este mundo, para aprovechar las oportunidades de amar que nos da la vida…
- No, gracias. Más vale bueno conocido que malo por conocer…

Y sueltas una nueva carcajada. Porque entiendes mejor los gestos y las miradas que mis palabras. Sabes que vivo esperando el momento en que te presentas sin avisar, distrayéndome de todo. Y sabes que estoy disfrutando esos momentos tanto como tú lo haces.

No lo niego. Es maravillosamente fácil enamorarse de ti. Pero no conduce a nada.

Por si el amor tuviera que conducir a algo.


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viernes, 15 de octubre de 2010

Suéñame, pero despierto


Fotografía: Maury Perseval


No te duermas, todavía.

Piénsame sin prejuicios y sin miedos.
Suéñame como quieras, pero despierto.

Recuérdame, evoca a la mujer osada
que soñaste la primera vez, pero despierto.

Imagíname como haces cuando logras
esconderte de ti mismo, pero despierto.

Recréame a oscuras en tu erguida piel,
con todos tus sentidos, pero despierto.

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martes, 12 de octubre de 2010

En el Día de la Raza


Ilustración: Guillo


- Buenos días.

- Buenas tardes – digo sonriendo, a pesar de que llegué a mediodía y ya son las 4.20 de la tarde, al tiempo que le entrego mi pasaporte y el resto de la documentación.

- Vaya, una española que sonríe… No es habitual eso.

- Habrá tenido mala suerte o se habrán cansado de esperar. A mí es que me gusta que me atiendan con una sonrisa, por eso saludo así.

- Ah, los españoles… cuánto daño le hicieron a este continente. Pero ustedes fueron muy listos, porque mataban a los hombres y embarazaban a las mujeres. Ningún indio mataría a su propia sangre…

- Sí, bueno. Lo siento. Eso ocurrió hace muchos años.

- Cierto, pero no podemos olvidar. Es más, no debemos olvidar.

- Comprendo. ¿Cómo se llama usted?

- Juan Díaz, señorita. Pregunte por mí cuando tenga que volver.

- Ya…. Verá, soy la primera de la familia en venir a este país. ¿Cuándo dice que llegaron sus antepasados?…

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domingo, 10 de octubre de 2010

Una pupa en la rodilla


Fotografía: "Chica pájaro IV", de  Dara Scully

Escribo con una mano. Tengo a Alba dormida en mi otro brazo. Se cayó y se hizo una herida en la rodilla, la primera de su vida con sangre. Y le duele, porque es de las que duelen.

Me vi en ella. Hizo exactamente lo mismo que yo cuando de pequeña me caía y mi madre iba a hacerme la cura. “No, no, nooooo… no me toques”. “Tus manos están frías”. “Ponme la tirita ya”, llora al tiempo que pide el mimo reparador.

Y vi a mi madre en mí. Intentando calmarla, dándole tiempo, abrazándola, pero sin mentirle. Como con las inyecciones: al principio duelen, pero luego pasa. El dolor siempre pasa.

- El dolor es más grande que en todas las otras pupas –, dice llorando.
- Sí, mi amor, porque es la pupa más grande que has tenido – y sigo acariciándola.

Y se queda dormida en mis brazos. Se acomoda, con su pierna siempre doblada, y sonríe en sueños. Observo su rostro, detenidamente. Se me agolpan en la mente infinidad de pensamientos, empujándose y atropellándose por llegar primero, como en la apertura de puertas en el inicio de las rebajas de las defensas del corazón.

Me concentro de nuevo en ella, en sus ojos cerrados, su nariz, sus labios, sus pómulos… quiero grabar cada rasgo, cada lunar, cada poro, su imagen entera. Grabar el momento de verla dormida plácidamente en mis brazos. E imaginar que esta sensación será eterna.

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jueves, 7 de octubre de 2010

El consejo


Ilustración: Quino


Mi profesor de Latín me decía, cuando consultaba el diccionario, que no me quedara con la primera acepción, porque no siempre era la más adecuada.

En realidad, lo que don Eduardo pretendía era ayudarme en el examen.

Mientras hacíamos la traducción, se paseaba entre las mesas. Al pasar a mi lado siempre miraba lo que escribía, y si veía alguna palabra incorrecta la señalaba con el dedo como si apuntara a un lugar indefinido de la hoja, como si hubiera caído ahí al azar, y comentaba en tono jocoso:

- Señorita Gómez. Siempre le he dicho que no se quede con el primer novio. No suele ser el adecuado.

De este modo, me indicaba que debía elegir la segunda acepción. Si era la tercera, cambiaba un poco la frase:

- Señorita Gómez. ¿Cómo he de decirle que no se quede con el primer novio? Normalmente el segundo es el más adecuado… O el tercero.

Mis compañeros se reían porque el profesor me distraía con sus bromas tontas, yo le contestaba con un “ya, ya” que fingía molestia mientras le sonreía agradecida.

Con el tiempo, comprendí que ese consejo no era sólo aplicable en sus exámenes, sino que también fue útil en la vida. Por algo lo recordé a menudo y sigo haciéndolo. Pero, claro, es que don Eduardo sabía latín.

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martes, 5 de octubre de 2010

Así es la vida




Juan vivía en el mejor barrio de la ciudad. En la calle, pero de la mejor zona. Y había logrado una buena relación con los vecinos, a pesar de ser un mendigo adicto a la heroína.

Tenía un público fijo, varias señoras de bien que a diario pasaban por el portal en el que siempre se sentaba a pedir para darle una ayuda. Generalmente era dinero (“¡Hasta veinte euros me han dado!”), pero no dudaban en invitarlo a tomar un chocolate con churros en la cafetería cuando lo encontraban con el cuerpo castigado, reponiéndose de una noche de excesos. Otras veces le entregaban comida, ropa…

Juan, que vivió en el pueblo hasta que empezó a jugar con las drogas, era afable y amable. Ayudaba a sus “clientas” (le gustaba llamarlas así) cargando las bolsas de la compra, saludaba a todos, conversaba con cualquiera que estuviera dispuesto a ello. Era tranquilo y nunca se metió con nadie.

Por su carácter se ganó el afecto de los vecinos, que intentaban convencerlo de que abandonara su adicción. Él era consciente de que debía hacerlo, pero luego llegaba el mono y sus propósitos quedaban guardados junto a su manta mientras él iba a buscar su dosis de caballo.

Esta mañana las amigas (hadas madrinas, casi) de Juan sintieron un mal pálpito cuando en el diario leyeron que el cadáver de un joven, cosido a puñaladas, apareció cerca del poblado en el que se trapichea con drogas.

Juan ya no estaba. En el lugar donde siempre se sentaba permanecían su manta y el cartel con el que pedía limosna. A modo de despedida, la frase que había escrito en él: “Así es la vida”.

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sábado, 2 de octubre de 2010

Demasiado joven




Menos mal que nada duele como el primer día…
si no, no se podría vivir.


Era hija única. Un buen partido. Educada, cariñosa, buena persona. La había criado su madre, que había enviudado joven. No podría encontrarse una mujer más adecuada para el heredero de la familia, el mayor de los cinco hijos de un mediano empresario de provincia.

Se casaron, claro. Y él empezó a asumir responsabilidades en la empresa de su padre. Tuvieron un hijo. Eran el paradigma de la familia ideal, con buen presente y mucho futuro. Pero hay desgracias que parecen genéticas.

Era la hija de una joven viuda y enviudó joven. Lo heredó. Es la única explicación. Él murió durmiendo la siesta, una de las pocas que podía permitirse. Sólo tenía 26 años.



Nota: Esta historia me la recordó esa frase con que inicio el relato y que Belén dijo en un comentario a mi anterior entrada. Lo decía su bisabuela, una viuda muy joven. Gracias, Belén. Y perdona el atrevimiento.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Matar el recuerdo




Se fue muriendo poco a poco. Ella sentía que lo estaba matando. Según se iba acostumbrando a su ausencia iba borrando su memoria.

Los primeros meses fueron un constante desgarro. Se aisló en el recuerdo y se esforzaba por perpetuar la antigua rutina, como si de ese modo pudiera mantenerlo a su lado. Preparaba su ropa cada noche como había hecho por años, y la lavaba y planchaba al día siguiente para que siempre estuviese impecable. Cocinaba sus recetas favoritas, esos platos que él tanto disfrutaba y que lo ponían alegre. Solía demostrárselo cuando se iban a dormir. Incluso empezó a apretar la pasta dentífrica por la mitad del tubo; era algo que le reprochaba, pero ahora ese gesto mantenía la ilusión.

Al cabo de un año, la familia y las amigas lograron convencerla de que de vez en cuando saliera, de que buscase alguna actividad fuera de la casa. Se apuntó a un curso de historia, participó en alguna reunión familiar, siempre excusando la ausencia de él. “Está siempre tan lleno de trabajo. Cualquier día de éstos le dará un infarto”, decía ella provocando un silencio incómodo a su alrededor y que las lágrimas asomaran a sus ojos.

Poco a poco fue aumentando su vida social y descuidando las tareas de casa. Nuevas aficiones, nuevos amigos, incluso alguna nueva ilusión para su corazón. Cuando se dio cuenta, ya la ropa de él estaba acumulando polvo y humedad en el armario, debía buscar fotografías para evocar su rostro exacto y el eco de su voz se fue borrando en su mente.

Se dio cuenta de que ahora sí se había ido. No falleció cuando sufrió aquel demoledor infarto. Se fue muriendo poco a poco. Sentía que lo había matado, que según se fue acostumbrando a su ausencia fue borrando su recuerdo. Y lloró sus últimas lágrimas por él.

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lunes, 27 de septiembre de 2010

Consulta médica


Ruth Westheimer

Estimada Dra. Ruth

Le escribo para contarle mi problema. Me parece que mi marido, con quien estoy casada desde hace ya veintidós años, es un maniaco sexual.

Siempre me hace el amor por sorpresa, sin preocuparle lo que estoy haciendo en ese momento. Puedo estar planchando, lavando los platos, barriendo, haciendo la cama, cocinando, pintando, escribiendo… Siempre me interrumpe para tener sexo.

Me gustaría saber si este comportamiento es elllllll adecuaaaaaalsjfo   calapoewil                                       ljra ñfnñla iaf             añslfhnañ ............. fcyhjjjjjjjjjjjj

Alllllislssss

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sábado, 25 de septiembre de 2010

No, no me quejo


Fotografía: Henri Cartier-Bresson


Él:
No, no me quejo de nuestra relación. Es lo que siempre deseé. Tener tu cariño y tu ternura. Y me los das, a mangas anchas. Al coste de lo que siempre me gustó de ti.

Cuando te conocí me volviste loco. Me gustaste al instante, no había dudas. Nunca las hubo ni las hay. Arrebatadora, tus labios me engancharon desde la primera vez que los vi. Caí rendido y cautivo cuando los sentí en mi piel. Sigo deseándolos igual que siempre.

Sí, lo sé. Luego te reprochaba lo que siempre me atrajo de ti: tu picardía, tu coqueteo, tu atractivo, tu encantadora locura… Por miedo a que le gustaras a otro hombre fui borrando lo que más me ataba a ti.

Me amabas, y fuiste renunciando a todo lo que decía que me molestaba. Yo empecé a no tener miedo a perderte. Nos sumimos en esta relación tranquila y plácida, que se siente bien, pero escasa.

No, no me quejo de tu cariño y tu ternura. Y jamás renunciaría a ellos. Pero quiero más. Quiero también a la seductora que me arrebató la cordura. Quiero volver a volverme loco contigo. Sedúceme.


Ella:
No, no me quejo de nuestra relación. Es lo que siempre deseé. Tener tu cariño y tu ternura. Y me los das, a mangas anchas. Al coste de lo que siempre me gustó de ti.

Cuando te conocí me volviste loca. Me gustaste al instante, no había dudas. Nunca las hubo ni las hay. Arrebatador, tus labios me engancharon desde la primera vez que los vi. Caí rendida y cautiva cuando los sentí en mi piel. Sigo deseándolos igual que siempre.

Sí, lo sé. Luego te reprochaba lo que siempre me atrajo de ti: tu picardía, tu coqueteo, tu atractivo, tu encantadora locura… Por miedo a que le gustaras a otra mujer fui borrando lo que más me ataba a ti.

Me amabas, y fuiste renunciando a todo lo que decía que me molestaba. Yo empecé a no tener miedo a perderte. Nos sumimos en esta relación tranquila y plácida, que se siente bien, pero escasa.

No, no me quejo de tu cariño y tu ternura. Y jamás renunciaría a ellos. Pero quiero más. Quiero también al seductor que me arrebató la cordura. Quiero volver a volverme loca contigo. Sedúceme.

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