Gracias, Claudia

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Un recuerdo imborrable (y IV)




Miedo. No hay palabra que defina mejor lo que Marcela sintió cuando desembarcaron. Miedo a lo que iban a encontrarse en ese retorno al pasado de su marido, que ya no era exactamente su marido, sino su carcasa; miedo porque ya no tenía el control y ahora estaba en manos de la que hasta unos pocos meses atrás era una auténtica desconocida; miedo por sentirse una extraña en un país ajeno en el que no sabía muy bien qué estaba haciendo. Miedo porque ni siquiera había decidido qué haría después, con o sin Armando.

Amanda lo percibió y sintió que debía tranquilizar a Marcela. “Fui a buscar a mi padre y lo encontré. Pero también a ti –le dijo, abrazándola-. Estaré contigo y te apoyaré por haberme acogido tan bien. Tú también eres mi familia”. Marcela sonrió agradecida, aunque seguía asustada.

En el pueblo, Amalia también sentía miedo. Y ansiedad. Amanda le había comunicado su vuelta y le anunció que no llegaría sola. Desde esa llamada era un manojo de nervios. Ahora ya sabía que él había rehecho su vida, era conocedora también de su enfermedad, aunque no sabía en qué grado la padecía… Fueron treinta y tres años... Toda su vida soñó con el reencuentro y ahora que se aproximaba ya no estaba segura de desearlo.

El día señalado había llegado. Fue a la peluquería para cubrir sus canas y recobrar el color de su juventud, se puso el vestido de los festivos, un poco de color en sus labios y se sentó en el comedor a esperar. Sobre la mesa, la única foto que conservaba de Armando y un par de cartas que él le envió el primer año y a las que ella jamás respondió.

Cuando oyó llegar el taxi, se levantó de un brinco tirando la silla al suelo. Al abrir la puerta, Amanda se abalanzó a su cuello y la abrazó fuerte, cubriéndola de besos. Ambas pudieron sentir sus corazones latiendo fuerte, a punto de salirse del pecho. Sobre todo cuando su hija se hizo a un lado para que pudiera saludar a sus acompañantes.

Unos metros más atrás, Marcela ayudaba a Armando a bajar del automóvil y lo orientó hacia Amalia. Ésta lo miró con los ojos cargados de ayer, observaba cómo a pesar del tiempo transcurrido, de sus canas, de las arrugas que transformaron su rostro continuaba siendo tan apuesto como entonces. Pero en sus ojos no encontró lo que esperaba. No encontró nada, en realidad.

Armando miraba a esa mujer sin reaccionar, como quien observa a un transeúnte que circula en sentido opuesto en la calle, sin apenas prestar atención. “Amalia”, dijo, y comenzó a caminar hacia Amanda, tomándola del brazo, buscando el amparo de lo conocido. La joven hizo a su madre un gesto como pidiéndole paciencia y encaminó a su padre al interior de la vivienda.

Amalia y Marcela los siguieron, sin decirse nada, algo incómodas con la situación, pero sobre todo tristes por ese hombre que un día las amó y ahora las desconocía. Ambas sabían que tenían mucho más en común de lo que admitirían con palabras. No necesitaban hablarlo, porque ni siquiera existía una rivalidad por combatir.

Amanda logró reducir la tensión en los minutos siguientes hablando constantemente de lo que había visto en su viaje, de la travesía, de anécdotas que recordaba de su infancia… Sentados todos en la sala frente a una taza de café, la joven se esforzaba por imponer cierta normalidad a la situación, Amalia y Marcela intentaban ayudarla y Armando fijaba la vista en la casa que se veía a través de la ventana. De repente, se levantó y salió de la vivienda. “Ahí vivía Armando con sus padres”, dijo Amalia ante la sorpresa de las otras dos mujeres.

Marcela lo siguió de cerca, aunque lo dejó a su aire. Él se sentó delante de aquella casa en la que pasó sus primeros años y que ahora estaba abandonada, y su esposa comprobó que unas lágrimas corrían por sus mejillas. Se acercó a él, le acarició la cabeza y se sentó a su lado. Armando la miró, emocionado, y por un momento sus ojos le parecieron tan vivos y lúcidos como siempre lo habían sido. Volvió a dirigirlos hacia aquellas ruinas mientras posaba su mano sobre el muslo de Marcela y lo apretaba, como aferrándose a ella.

Amalia aprovechó para recoger las tazas y mientras las fregaba, desde la ventana de la cocina pudo observar la escena. También por sus mejillas corrieron unas lágrimas, que secó su hija con una caricia mientras la abrazaba por la cintura. “Me quedé con lo mejor de él”, susurró mientras apoyaba su cabeza en el hombro de Amanda.


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48 comentarios:

Mercedes González dijo...

Conmovedor!!!! Sabía que me sorprenderías, siempre lo haces, porque tienes magia, niña.

Un besazo

Roberto Esmoris Lara dijo...

Recuerdo el título de una obra de Ricardo Halac: "Soledad para cuatro", y qué bien le caería a los personajes de tu bellísima historia estilo folletín.
Hay un "clima" de final sorprendente (especialmente tratándose de una escritora como tú), y lo aguardo con mucha expectativa, hermanita!
Un abrazo muy grande!!!!

Esme dijo...

Simplemente hermoso, el tiempo borra tantas cosas, pero nunca los recuerdos de un verdadero amor :)
Noce que sentir con esta historia, ¿tristeza, nostalgia, alegria? Igual y un poquito de todas.

Horacio dijo...

Bravo, muy, pero muy buen relato, en serio.

Me encantó esto:

"Ésta lo miró con los ojos cargados de ayer, observaba cómo a pesar del tiempo transcurrido, de sus canas, de las arrugas que transformaron su rostro continuaba siendo tan apuesto como entonces. Pero en sus ojos no encontró lo que esperaba. No encontró nada, en realidad."

Es una historia que ronda entre la ternura y la melancolía, con el amor cómo telón de fondo. Me gustó mucho, bravo por ti.

Beso grande y felicitaciones

TORO SALVAJE dijo...

Lo has rematado muy bien Alís.
La vida es así de dura y de triste.

Besos.

Juncal dijo...

... El tiempo y sus estragos.

Y un sentimiento que forzado a quedarse, se agarra ahora al ideal de los recuerdos.
Todo tiene su momento. Y el tiempo de Amalia se quedó junto a ella en aquellas ruinas, entre el destino,el mar y los años.

Un beso.
Me estoy centrando en Amalia sin dejar de percibir los instantes de lucidez estéril del que ya no puede ni hacerlos perdurar ni regocijarse en ellos.
Triste para los que enfrentan esto. Inocuo para quien lo padece.
Es el único consuelo.

claudia dijo...

Triste historia, el final lamentablemente es lo más real, aunque por el camino nos hayas esperanzdo con algún otro final milagroso.

enric batiste dijo...

Le tenemos demasiado miedo al miedo: contra él:

http://espaciosparaempezareldia.blogspot.com/2009/07/guerra-contra-el-miedo.html

Unha aperta

Voy de anónimo. Tengo cita en psiquiatría... dijo...

Muy dulce y conmovedor desenlace en palabras de Amalia. Es dicción, pero no; una de tantas realidades con las que nos sorprende la vida, a veces.

Un beso.

Walden dijo...

He esperado al final para comentar. Por distintos motivos, tu historia me resulta cercana y familiar.
Me gusta ese final, me gusta ese grado de consuelo que da el pasado a veces.
Los reencuentros a veces se convierten en desencuentros y todo lo que rodea a tu relato parecía avocado más a esto último que a lo primero, sin embargo, la has convertido en una historia tierna.

Tanto en el cine como en la literatura, siempre me ha parecido que lo más complicado era cerrar la historia. Eso se te da especialmente bien.

Un beso.

zayi dijo...

Miedo a lo desconocido, mi Alís. Las cosas que no podemos precisar son aquellas a las que tememos, una vez conocido el terreno el miedo transmuta en evaluación y cuando ya sabemos dónde estamos parados...ya nada, ni nadie puede asustarnos.
Muy bonito, conmovedor.
Un final maravilloso. A veces es mejor quedarse con la primera parte de las historias y todo lo hermoso que pudimos sacar de ellas.
Un besito.

Anto dijo...

Muy buen final. Tras "reencontrarse" con su amor de juventud, el reencuentro con sus recuerdos de infancia.

En lo que se refiere a lo literario, eres el mejor descubrimiento que he hecho hasta ahora en el mundo bloguero, y no dudo que seguirás sorprendiéndome con cada nueva historia.

Mordiscos

Aldabra dijo...

una hisoria maravillosa Alís, sobre todo por la ternura y la sensibilidad de las mujeres que la componen.

bicos,

Albino dijo...

Querida Alis, una averia en el ordenador (a lo mejor tu ya dices computadora) que duró tres días me ha permitido leer los cuatro capitulos de tu relato de un tirón y comprobar, aunque no lo necesitaba, lo buena escritora que eres, no solamente en la forma sino, lo que es más importante, en el fondo para crear una historia conmovedora y que además puede ser real. Vista desde mi edad, doy gracias a la fortuna o a cualquiera de los dioses, incluido Stephen Hawking, porque de momento, me encuentro alejado de ese terrible padecimiento y porque tanto mi mente como mi cuerpo siguen funcionando con plena vitalidad.
Pero lo que cuentas, con una o dos mujeres, tanto da, es algo que responde a la realidad e incluso puede existir esa hija mediadora y dee gran corazon.
Un beso

Marisa dijo...

Siento la espectación
del lector que hace
cábalas de cual será
el final de esta historia,
sea cual fuere estoy segura
que no desmerecerá de
lo anterior.

Qué buena narradora eres
Alís,haces que uno se
emocione.

Biquiños

fonsilleda dijo...

Sé que soy boba y me dejo llevar por la emotividad demasiado. Mi parte cerebral lo sabe, pero me encanta dejarme arrastrar por esa melancólica emoción que nos produce ternura y nos obliga a repensar...
Tengo que darte las gracias.
Bicos.

Daniel Rioja dijo...

Una aventura de los sentimientos, eres genial Alís.

Sol dijo...

Lo importante de toda esta historia mi querida Alís, es que aunque no se espere en nuestra vida misma un final determinado, los finales son los que la vida nos depara...
La historia fue maravillosa!!!
Mil besos llenos de luz cielo!!!

Titajú dijo...

Lo mejor de él no era un espermatozoide, lo mejor de él se lo llevo la otra. A ella le quedó un recuerdo y una esperanza fallida.
Claro que cada uno se consuela como quiere.

Adolfo Payés dijo...

Sabes conmover con tus letras... siempre sorprenden.


Un abrazo
Saludos fraternos...

Que tengas un buen fin de semana..

இலை Bohemia இலை dijo...

Me acaba de dar error el comentario que te acabo de envíar, pero bueno, te lo escribo de nuevo...
Te decía que, he visto toda la historia como una peli, el lugar, los personajes, sus gestos y voces...Genial!

cascarilleiro dijo...

Que decir...excelente,conmovedor,una historia llena de sentimiento,genial Alís,genial¡¡

Saludos.

Delfín Loco dijo...

Creo que todas se empeñaban en retroceder a un tiempo que Armando ya había dejado muy atrás en su retroceso hacia el final.

Me ha gustado mucho la historia.

Besos.



D.L.

Taty Cascada dijo...

¡Qué enfermedad más demoledora!, quita lo más preciado del ser humano, sus recuerdos. El final pefecto, en verdad Amelia se quedó con lo mejor de Armando, su pasado y su fruto que es Amanda.
Un beso.

sabela dijo...

Un relato conmovedor que no deja indiferente. Demoledora enfermedad . Una historia que se mete en la piel y hace que se mezclen sentimientos. No se quien pierde más como persona o quien gana.
Me ha gustado, Alís
Un beso

Amar dijo...

Conmovedor y bello tu escrito.
Un gusto leerte y pasar por aca,un abrazo.

lemaki dijo...

Me has emocionado (de veras). Pensé que la III parte era el final, esto es, el post anterior, vuelvo a la página principal y descubro esta IV parte... me sobrecogió de asombro al terminar de leer este texto, aunque realmente me enterneció y conmovió.

La mente es poderosa y siempre guarda en algún recobeco, una semilla de recuerdo que nos hace mantenernos vivo y en el presente...

Me gustó mucho, Alís.

saludos.

DANI dijo...

Que maravilla Alis, ya no se donde más nos puede llevar esta historia...

Besos olvidadizos

Uno dijo...

Precioso. Genialmente escrito. Qué envidia (sana) me das "joia" :-)

MORGANA dijo...

Tienes un regalo en mi casa.
Besos

Tuky dijo...

"me quedé con lo mejor..." de tu escrito, en el alma.

Saludos

Luis dijo...

Realmente increíble Alís, cada entrega supera la anterior (e insisto que está para libro).
Reconozco si que esperaba más tensión en el encuentro entre Marcela y Amelia, pero todo se compensó de sobra con la imagen de Armando frente a su antigua casa aferrado de su mujer y rodeado de sus mujeres.
Un abrazo.

Carlos Fox dijo...

¡Qué bien escribes jodida, siempre consigues emocionarme!

¡Un beso!

Maria Coca dijo...

Estupendo!! Mantienes la tensión hasta el final. Muy bueno...

Besoss

H. Chinaski dijo...

Muy buen relato, que mantiene la tensión emocional hasta el final.
Continuo preguntándome si la aparente tranquilidad de Amalia, pasados los momentos del reencuentro, no acaba siendo, sino la confirmación de que la persona a la que amó, dejó de existir hace años.
Por otro lado, mi opinión sobre él, no ha cambiado.

Besos Alís

H. Chinaski dijo...

.

Vëlourýa dijo...

Alís, gracias por siempre tener una palabra de aliento hacia mi persona, eso se agradece en momentos como estos.

Adoro como escribes, eso ya te lo he dicho. Cuídate mucho.

Un abrazo.

Alís dijo...

Mercedes
Y tú que me lees con buenos ojos. Gracias!! Besitos.

REL
Tu comentario me generó sensaciones encontradas… Debe de ser la gripe. En todo caso, agradezco la confianza que tienes en mí. Bicos.

Esme
Que sientas algo, aunque no sepas bien qué es, ya me honra mucho. Gracias. Besitos.

Horacio
Te agradezco muchísimo lo que me dices. Un beso grande.

Toro Salvaje
Sí, así es la vida. Gracias. Besos.

Alís dijo...

Juncal
Un neurólogo me contaba que los enfermos de Alzheimer sienten (por ejemplo, el dolor), pero no resienten; es decir, no viven la angustia del dolor que volverá. Si es así, ya es un consuelo. Y en ese sentido, supongo que esa lucidez intermitente es, efectivamente, estéril, salvo para quienes están con ellos. Besos.

Claudia
Es difícil creer en milagros en estas circunstancias. Creo que los que podía haber en la historia, ya están (y no son pocos). Besos.

Enric Batiste
Es que el miedo es paralizante. Unha aperta ;-)

José Alfonso
Muchas gracias. No podemos decir antes del final qué es lo mejor de nuestra vida. Besos.

Alís dijo...

Walden
Y yo echándote de menos… Como diría mi madre, no se consuela quien no quiere ¿no? Muchas gracias. Siempre encuentras las palabras justas para levantarme el ánimo. Besos.

Zayi
Claro, miedo a lo que se escapa a nuestro control. Forzar lo que ya no fue suele dar malos resultados. A menudo es mejor dejar las cosas como están. Muchas gracias, Zayi. Besitos.

Anto
Ay, niño, que eso que dices es porque todavía no has recorrido muchos blogs. Bucea, bucea… y verás como encuentras auténticas joyas literarias. En la columna de al lado hay unos cuantos. Más todos los que me quedan por conocer. Pero gracias, crecí como diez centímetros con tu comentario. Besitos.

Aldabra
Muchas gracias. A mí también me gustan estas mujeres. Creo que tienen una actitud que ayuda a llevar mejor la vida. Bicos.

Alís dijo...

Albino
Así que se “averió” tu “computadora”, jajaja. Tengo más palabras de aquí de las que debiera, probablemente. Muchas gracias. Siempre eres muy generoso conmigo. Bicos.

Marisa
Hay un epílogo con el final de esta historia. Muchas gracias. Biquiños.

Fonsilleda
Pues ya somos dos en dejarnos arrastrar por las emociones. Y que dure ¿no? Gracias a ti. Bicos.

Daniel Rioja
Muchas gracias, Daniel. Besos.

Sol
Llevaba tiempo esperando tu regreso. Me alegro de que te hayas decidido. Faltaban tus poemas en este mundo-blog. Gracias por tus palabras. Besitos.

Alís dijo...

Titajú
Mujer, el espermatozoide no llegó sólo, hay una historia que lo acompaña. Y ninguno lo mencionáis, pero ella recibió dos cartas de él que no contestó. Es decir, tuvo la oportunidad de comunicarle su embarazo y optó por callar. Ella decidió por Armando y eso tiene que asumir. Besitos.

Adolfo Payés
Gracias, poeta, por tus palabras. Un fuerte abrazo.

Bohemia
Muchas gracias. Qué bueno que hayas podido verla así. Besos.

Cascarilleiro
Muchísimas gracias. Bicos.

Delfín Loco
Armando tenía su propio tiempo, es cierto, por más que ellas quisieras retenerlo cada una en el suyo. Gracias. Besos.

Alís dijo...

Taty Cascada
Es una enfermedad que destruye los recuerdos y en cierto modo la esencia de quien la padece, pero también afecta mucho a quienes están con ellos. Besos.

Sabela
Creo que todos pierden, pero también todos ganan algo. Eso espero. Gracias. Besitos.

Amar
Muchas gracias. También para mí es un gusto verte por aquí. Un abrazo.

Lemaki
Siempre hay algo que remueve los recuerdos más ocultos, mientras éstos permanecen. Muchas gracias. Un abrazo.

Dani
Ya no quedan muchas salidas… Besos recordatorios.

Alís dijo...

Uno
Andaaa!!, que a ti también se te da bien esto de escribir. Gracias. Besos.

Morgana
Gracias. Ya me lo traje a esta casa. Besitos.

Tuky
Lo mejor me lo quedo yo con vuestra presencia. Gracias. Un abrazo.

Luis
Supongo que el estado de Armando reduce notablemente la tensión entre ambas mujeres. No hay rivalidad en esta situación. No hay nada que disputarse… Muchas gracias por tus ánimos. Besos.

Alís dijo...

Carlos Fox
Gracias!! Me has sorprendido. (¿Y mi canción?). Besos.

Maria Coca
Muchas gracias. Me alegro de que te haya gustado. Besos.

Chinaski
También creo que si Amalia viese en Armando al hombre que amó, su corazón estaría más alterado. En cuanto a él, insisto en el detalle de que ella no contestó a sus cartas, ni le comunicó que sería padre cuando pudo hacerlo. Creo que eso cambia un poco las cosas… Muchas gracias. Besitos.

Vëlourýa
Cuenta conmigo si en algo puedo ayudarte. Gracias. Un fuerte abrazo.

BB dijo...

Hermoso....
Me quede con lo mejor de el.
Enganchada con este relato
Un abrazo
BB

Nela dijo...

Conmovedor Alís y magnificamente relatado,voy por la siguiente ;)
Un beso

Rochitas dijo...

Y SI, SE QUEDO CON LO MEJOR DE EL...