Gracias, Claudia

viernes, 30 de abril de 2010

Calla





Calla.
No malgastes saliva.
Mis puntos cardinales esperan
la codicia de tu lengua
y mi centro mana
para aplacar tu sed.


miércoles, 28 de abril de 2010

La secta


Fotografía: "Balance is everything", de Guenter Eh


El tiempo para entrar a la secta se le estaba terminando. Pronto llegaría el día y la hora convenidos y debía lograr ser admitido antes.

Desde que un día leyó una alusión al grupo en Internet, su sueño es formar parte de él. En aquel momento, y por primera vez, se sintió acompañado en su locura; por primera vez encontró entre quienes sentirse cuerdo. Un cuerdo más.

La idea del suicidio no tenía para él relación alguna con la soledad. Y en esa secta podría cumplir su meta de cambiar de dimensión en compañía.

Pero el gurú no podía aceptarlo, y se lo dijo una y otra vez, porque haría fracasar su misión. No cumplía el requisito fundamental, el imprescindible:
ser mortal.

lunes, 26 de abril de 2010

Deseado anónimo:




Te digo anónimo no porque no tengas nombre, sino porque acordamos no decírnoslo. “Llámame como quieras –me dijiste—, porque sólo seremos dos cuerpos en comunión, con dos almas desconocidas”. “Llámame cosas bellas o miénteme y dime amor”, te pedí yo.

Y dimos rienda suelta a nuestro deseo, el que nos juntó, el que intuimos y el que se confirmó con el primer beso. Tu lengua recorriéndome entera, deteniéndose en mis hombros, en mis pechos, en mi vientre y en mi sexo sólo fue el principio de una certeza. Cuando me penetraste gocé, como nunca lo había hecho antes, como jamás volví a hacerlo. Respirábamos al mismo ritmo, nuestros latidos se acompasaron en una perfecta percusión y nuestros cuerpos dieron lo mejor de sí en una batalla en que ambos vencimos.

Fue después, cuando se te escapó ese abrazo tierno, cuando comprendí que nos equivocamos, que no éramos sólo dos cuerpos y el placer, que tus caricias se habían grabado a fuego en mi piel y en mi memoria, que mis besos se tatuaron en tu piel y en tu memoria… que los gemidos que nos provocamos vendrían cada noche a despertarnos del sueño imposible.

Ahora nos evitamos, porque habíamos acordado ser sólo dos cuerpos y el placer. No podemos permitirnos nada más. Y sin embargo, cuando nuestras miradas se cruzan, sabemos que caímos en el error más grave: permitir que nuestras almas follaran y condenamos a este fuego eterno.

Te espero en el lugar y a la hora de siempre.

Fuego (es tonto, pero me gusta cuando me llamas así)



PD: Este texto fue mi participación en un juego propuesto por Nikté (“El cuarto de los juegos”).

viernes, 23 de abril de 2010

Igualito a tu abuelo




Lola me volvía loco cada vez que la veía pasar por mi calle con su falda vaporosa y su camiseta ajustada. Pero nunca me atreví a decirle nada. Temía quemarme con el fuego de su mirada. Mi timidez reprimía cualquier intento de acercarme a ella… Mi timidez y también mi madre, que me daba un golpe en el cogote cada vez que me sorprendía mirándola.

-Hijo, esa chica no te conviene. Más te vale fijarte en otra, porque ésa tiene demasiada experiencia para ti.

Es cierto que cada vez que la veía iba acompañada por un chico diferente y los comentarios sobre ella en el pueblo eran muy explícitos. A mí no me importaba; al contrario, me gustaban su alegría, sus ganas de disfrutar la vida, su libertad… por eso no podía evitarlo y mis ojos se escapaban tras ella siempre que me la cruzaba.

Tardé años en atreverme. Bueno, para ser sincero, Lola se atrevió y yo sólo me dejé llevar por su pasión. Era tanto lo que me daba, que me enamoré perdidamente de ella. Mi madre se llevó un gran disgusto cuando me vio llegar con Lola de la mano. Con una mueca de desagrado sólo me dijo: “Ay, hijo, me saliste igualito a tu abuelo!!...".

Porque mi abuelo había sido el quebradero de cabeza de la familia por su vida licenciosa. Dos de mis tíos eran hijos de puta, literalmente. Y él nunca ocultó sus amores con aquellas mujeres de tan mala reputación, que lo mantenían en una constante doble vida, pero siempre sonriente y feliz.

No sé si me parezco a él. Lo que sí sé es que sus últimas palabras se me grabaron a fuego en el corazón. Agonizante, recuperó el brillo y la picardía de la mirada por un instante y me dijo: “Hijo, recuerda siempre: buen sexo con amor se paga”.

miércoles, 21 de abril de 2010

Me invaden





De nuevo me invaden estas ganas de llorar. Esta impotencia que me aprieta el estómago y ahoga el grito.

De nuevo me invade esta sensación de ineficiencia. Esta insistencia del reproche, del autorreproche, sobre cada acción, cada palabra, cada ilusión.

De nuevo me invade esta conciencia severa. Esta mirada escéptica, arrepentida y descreída que me sabe ya no-niña y me juzga con inquina.

De nuevo me invaden estas desganas cotidianas. Esta persistencia del abandono, del querer tirar la toalla y firmar un armisticio.

Y de nuevo me invade la rabia que se rebela, que desgarra y espolea.

lunes, 19 de abril de 2010

AMIGO


Fotografía: Rudy Garrido


No hay ningún llanto al recordarte,
sólo el que inflige la distancia.


Llevo mucho tiempo eludiendo esta carta. Porque nunca encuentro palabras para definir lo que eres. Todas me parecen tan vacías o tan equívocas, y tan escasas para lo que siento.

Contigo siempre he tenido esa sensación de certeza de que siempre será así, de que siempre estarás.

Admito que en todos estos años, muchos ya, se me cruzó más de una vez la idea “del quererte”. Sí, como hombre, como compañero. No me resultaba desagradable la idea, porque siento contigo esa familiaridad de los viejos esposos, esa complicidad y ese cariño profundos. Esa alegría que da el haberse sentido siempre acompañado. La ternura y la tranquilidad que nace de un matrimonio bien avenido.

Lo que nunca he logrado visualizar son los primeros treinta años de matrimonio, jeje. Aunque jamás ha sido un problema, al contrario, nos une. Porque en eso coincidimos. Pero…

AMIGO, hace muchos años ya que me siento unida a ti hasta que la muerte nos separe.

¡Feliz cumpleaños!

sábado, 17 de abril de 2010

¡Soberbia!




Me miraba desde arriba (se estiraba, porque él era y es bajito) y me decía: “¡Soberbia!”.

Las noches de aquel verano daba vueltas por el campo de la fiesta para, cada vez que pasaba a mi lado, acercarse a mi oído y decirme bajito, seductor: “¡Soberbia!”. Luego me regalaba una sonrisa y se iba. Bueno…, ya volvería.

A mí me agradaba porque me gustaba que intentara seducirme un chico dos años mayor. (Eso, en la adolescencia, es una vida. Ya desde la pubertad nos gustan mayores). Y también porque en el fondo tenía su encanto. Su sonrisa era muy cándida.

Cuando se cansaba o le parecía que había llegado el momento, me invitaba a bailar. La conversación era siempre la misma:

-¿Por qué me llamas soberbia?
- Porque lo eres. No me saludas cuando me ves…
- Pero no es por soberbia, es por timidez.
- Sí, claro. ¡Eres una soberbia! (lo decía siempre con un tono más meloso, pegadito a mi oído).

Si acabó siendo un buen recuerdo, supongo que hablaríamos de más cosas. Pero no lo recuerdo.

jueves, 15 de abril de 2010

Vida paralela


Fotografía: Rodney Smith


Era conocido en los ambientes culturales de la ciudad por su trayectoria profesional vinculado al teatro, pero desde hacía un tiempo ocupaba un cargo político. Aquí aparece ya su primera contradicción o el primer indicio de doble personalidad.

Coincidiendo con su paso a la política nació su alter ego, su personalidad virtual, totalmente opuesto a todo lo que es en su rutina diaria, en su vida real. Quizá fue el único modo que encontró de mantener vivo al que le gustaría ser, al que todavía late en algún rincón de su gran cuerpo.

Un seudónimo y su habilidad con las palabras le sobraron para labrarse su vida paralela. (El encanto que derrocha es un extra bonus). Y le gusta. Le reporta más momentos de felicidad que esa cotidianeidad aplastante que se instaló en su día a día, su mes a mes…

… Pero le teme.

Le teme tanto al vértigo de una probable felicidad al alcance de la mano como al vacío que duerme abrazado a él cada noche.


martes, 13 de abril de 2010

Nunca fuimos dos




¿Cómo se te ocurre? Pues claro que no lo habíamos planeado. Sólo sucedió, sin darnos cuenta.

Pero tú también eres culpable. Tú te empeñaste en que siempre viniera con nosotros. “No tiene más amigos. No puedo ni quiero dejarlo solo”, me decías, y así comenzó a compartir todos nuestros momentos como pareja. Nunca fuimos dos.

Sí, claro que lo pasábamos bien. Nos reíamos, corríamos aventuras, inventábamos juegos para tres. No teníamos secretos, ni siquiera tú y yo tuvimos jamás un secreto que él no conociera.

No me di cuenta y me acostumbré a su presencia. Pronto lo sentí también como mi amigo y no tardó en convertirse en mi confidente. He pasado más minutos a solas con él que contigo. ¿Qué digo? Contigo sólo estuve a solas cuando me pediste que saliéramos juntos, sin advertirme de que era una apuesta al número tres. En cambio, él me acompañó en todas mis lágrimas, tras cada una de las discusiones que tuvimos. Él era quien venía a buscarme después de cada enfado para rogarme que volviese contigo. Él fue quien encontró las palabras más bellas para hablarme de tu amor; el que me llevaba flores de tu parte. Yo sabía que él las recogía en el camino (pero si eran de mi jardín, ¿cómo podrías enviarlas tú?).

PD: Pero puedes salir con nosotros. No queremos dejarte solo.



domingo, 11 de abril de 2010

Itinerario de viajes (El origen)




Paco y Lola ya han recorrido medio mundo. Elegían el país en el orden en que iban ocupando las suites del motel “Internacional”, una institución en la ciudad desde que cincuenta años atrás abriera sus puertas ofreciendo la particularidad de que cada una de sus habitaciones estaba ambientada en un país o cultura diferente.

Paco y Lola son clientes habituales del motel desde poco después de nacer Paquito, el mayor de sus tres hijos, que ya tiene diecisiete. No había intimidad en la casa, así que buscaron una alternativa para mantener viva la pasión y evitar pudrirse en la rutina. Una vez cada trimestre se escapaban una noche para alojar en el “Internacional”. Nunca eligieron suite, siempre prefirieron que el azar les guiase. No saber dónde lo iban a hacer les parecía un aporte a la excitación.

Y utilizaron ese azar para decidir el destino de las siguientes vacaciones. Así, visitaron la Polinesia, Egipto, China, el oeste americano (ahí fue cuando conocieron Almería), safari africano, Roma…

La idea surgió la primera noche, y esa costumbre se mantuvo por años, cuando Paco dijo:

- Allí, las habitaciones ¿serán iguales a ésta?
- No sé. Deberíamos ir y comparar… -contestó Lola sin pensarlo.

viernes, 9 de abril de 2010

Contigo aprendí


fotografía: elliott erwitt

Una vez escribiste:
“Alís, querida Alís,
mi reposo predilecto”


Una vez escribiste un bellísimo reportaje en el que, dijiste, estábamos todos aquéllos a quienes querías, pero sin mencionarnos. Dejabas estelas de palabras, el rabo de algún recuerdo o la insinuación de tu forma de vernos… y debíamos descubrirnos en ellos.

Reconocí a varios de tus amigos, a algún familiar… pero jamás me hallé. Sin embargo, sé que estaba. Sé que estoy. Lo que no sé es cómo me ves, aunque lo intuyo. Pero contigo aprendí a estar segura del sentimiento. ¡Y es tan deliciosa la sensación de querer sin miedo!


Contigo aprendí, por ejemplo, que la magia de un local (un pub, o una librería, o incluso una plaza) no radica en si está de moda o no, ni siquiera en quién va aunque sea una pista… la magia está en la persona o personas que te reciben; en las historias que acogió o propició (pero historias personales, vidas!).

Contigo aprendí, por ejemplo, que el cielo habla. Lo aprendí, aunque no llegué a tanto como tú (nunca llego a tanto como tú), que además estudiaste su lenguaje: por la noche, las estrellas (aquellas lágrimas de San Lorenzo) y la Luna; por el día, las nubes y los pájaros. Y el mar… qué bonito fue amar contigo al mar.

Contigo aprendí, por ejemplo, a conocerte escuchando. Observando (siempre emitimos señales que gritan cómo estamos, como los tics en el póker; por eso nos ponemos gafas y a veces hasta sombrero). Jamás me he atrevido a preguntarte. Y sin embargo ¡cuánto he llegado a conocerte!… Como tú a mí. Cabrita. Porque tú lees mi letra pequeña. (¡Pero, Góooomez!).


Te quiero. Con toda el alma. Entre otras cosas, muchas, porque contigo siempre aprendí.



La fotografía no la elegí, ella me eligió cuando pensé en ti.
Luego recordé que también estaba en tu reportaje.

miércoles, 7 de abril de 2010

Ochenta y siete escalones




Ochenta y siete escalones separan mis labios de tu aliento.
Ochenta y seis escalones es la distancia entre tus manos y mi deseo.
Ochenta y cinco escalones para abrigarme entre tus brazos.
Ochenta y cuatro escalones para besar un te quiero en tu oído.
Ochenta y tres escalones entre tu templanza y mis ardores.
Ochenta y dos escalones para darme un baño en tu risa.
Ochenta y un escalones para contarte mi nuevo anhelo.

(…)

Cuarenta y tres escalones separan mi piel de tus caricias.
Cuarenta y dos escalones es la distancia entre tu lengua y mi pasión.
Cuarenta y un escalones para entregarme en tu lecho.
Cuarenta escalones para sentir que no hay distancias.
Treinta y nueve escalones entre tu río y mi delta.
Treinta y ocho escalones para tu desembocadura.
Treinta y siete escalones para mostrarte un nuevo beso.

(…)

Siete escalones separan tu calma de mi ansiedad.
Seis escalones es la distancia entre tu sonrisa y mi jadeo.
Cinco escalones para caer en la trampa de tus brazos.
Cuatro escalones para olvidar esta escalera.
Tres escalones entre mi cuerpo y tu sofá.
Dos escalones para recuperar la respiración.
Un escalón para comunicarte mi decisión:
O te mudas o nos vemos en mi casa.

lunes, 5 de abril de 2010

Autorretrato




Este poema es un plagio, por encargo.
En clase de locución, la profesora de Castellano nos pidió que plagiáramos el “Autorretrato” de Pablo Neruda para presentarnos. Pasaron cinco años desde entonces, pero lo ratifico. Éste sí es un texto autobiográfico.


El espejo me muestra el Atlántico en los ojos,
el trigo viejo en la melena,
la timidez en la sonrisa;
formas rotundas y generosas cubiertas de un níveo envoltorio.
En la parte no visible, soy o creo ser tierna de manos,
firme en el paso, terca en las convicciones,
esperanzada en las ideas,
vehemente en la expresión,
de oído paciente y respuesta impulsiva.
Tímida en los salones, mimosa de puertas adentro,
irónica en los brazos de la confianza,
familiar de mis amigos, víctima de mis enemigos,
dichosa en la risa, frágil en el llanto.
Insomne por vocación, soy amante de las grandes noches,
torpe en la mañana y pizpireta en la tarde.
Curiosa en la mirada, inconformista,
impaciente en la burocracia, exigente en el deber,
mamá-loba de mi intimidad,
celosa guardiana del tesoro de mis recuerdos.
Devota del credo de que amar es el verbo más bello,
soy valiente por amor, entregada en los afectos
y afortunada en experiencias.

sábado, 3 de abril de 2010

Agua


Fotografía: Willy Ronis


No alcanzaba el agua para lavar toda la miseria que habías engendrado en mí. Con el peso de tu desdén sobre mis hombros y la violencia de tus manos todavía marcada en mi piel, mi cuerpo se arrastraba implorando a mi corazón que perdonara mi deserción.

Pero el corazón ya se había ido, ya no quedaba rastro de sentimiento alguno en mi interior. Me había vaciado en el instante en que tu cuerpo invadió el mío, todas mis entrañas huyeron cuando te vieron asomar por el umbral que antes te hubiera entregado incondicionalmente si lo hubieras pedido. Ahora, sólo era tierra devastada por la furia de tu sinrazón.

Ya nada me importaba. Sólo ansiaba el agua bautismal que me redimiera del pecado de haberte amado alguna vez, el agua pura que limpiase la más mínima huella de tu embestida, el agua helada que me despertara de esta larga noche y me expulsara de este infierno.

Pero ni agua me dejaste. Hasta para eso eras ruin. Y no era suficiente para lavar toda la miseria que habías engendrado en mí.

jueves, 1 de abril de 2010

Miedos




Ha pasado ya un mes desde el terremoto y el miedo continúa instalado en todos nosotros. Sí, lo admito, mentí. Me mentí a mí misma cuando dije que no temía a los temblores. Las taquicardias y los dolores de estómago con cada réplica, el continuo estado de alerta en que estoy, la sensación constante de que la tierra se mueve… son pruebas de que sí tengo miedo. Y así estamos la mayoría.

De miedos también habla una noticia que publicó el diario “El Mercurio” el 28 de marzo (a una columna y a pie de página). El miedo a la catástrofe, pero también otros miedos más domésticos (o eso me parece a mí).

Aún a riesgo de trivializar el tema, y sin que sirva de precedente, quiero compartir con vosotros esta noticia tal cual apareció (excepto el título porque era muy local). La considero “jugosa” y me generó diversas reflexiones. Quizás también a vosotros. Si es así, espero que las compartáis:


Migración de bailarinas

Gabriel Gotelli, administrador del exclusivo club para caballeros “Platinum”, dice que muchas bailarinas que trabajaban en el sur, en Concepción e incluso Temuco, han llegado a pedir trabajo a su local. “Es un fenómeno extraño –cuenta-. Mientras muchas chicas del sur buscan suerte acá, siete chicas, dos chilenas y cinco extranjeras, han decidido dejar de trabajar”.

Entre las extranjeras está una bailarina brasilera que la noche del terremoto fue sorprendida por el sismo actuando en una tarima de cuatro metros de alto. Un cliente que estaba en el balcón del salón VIP Premium, donde el consumo mínimo es de 1.500 dólares, sacó la mitad de su cuerpo al aire para tomar de la mano a la mujer y calmarla. “Tenemos generadores –dice Gotelli-, pero el minuto que tardó en volver la luz, la bailarina lo pasó a varios metros del piso. Menos mal que el cliente la calmó para que no cayera”.

A pesar de que el “Platinum” está lleno de vidrieras y espejos, éstos resistieron. Gotelli dice que las mayores pérdidas corrieron por cuenta de botellas de alcohol de precio elevado. “Se cayó una botella de ron Máximo, de dos millones de pesos (2.800 euros), y tres botellas de champagne Cristal, que cuestan cada una 700.000 pesos (casi mil euros)”.

Los clientes, por otro lado, hombres de alto nivel adquisitivo, no querían irse sin pagar la cuenta. “Fue raro. Me insistían en pagar, pero nosotros teníamos el sistema caído. Yo les decía que se fueran tranquilos, pero uno de ellos volvió a pagar durante la semana. Era una cuenta de 170.000 pesos (unos 240 euros) por una botella de champagne Möet Chandon”.