Gracias, Claudia

domingo, 16 de marzo de 2014

Campamento de verano




Javiera era el nombre de la cocinera jefe. Sólo con ese dato, Laura ya se la habría imaginado tal como era: grande, gruesa, con cara de hombre y semblante serio, aunque con cierto brillo de abuela en los ojos. Sería por ese rasgo que todos los niños que participaban en aquel campamento de verano acabaron encariñándose con Javiera a pesar de sus platos.

Laura nunca entendió por qué le llamaban campamento, si pasaron las dos semanas en las instalaciones de un colegio en un pueblo del que nunca antes había oído hablar, pero que nunca ha olvidado. Ni rastro de las tiendas de campaña que imaginaba cuando su madre le comunicó que la había inscrito en un campamento de verano que la tendría dos semanas fuera compartiendo con otros niños a los que no conocía. A pesar de sus once años, no puso en duda que fuera una buena idea.

Cuando llegó al punto de la ciudad del que saldría el autobús Laura observó a todos los niños que estaban despidiéndose felices de sus padres. Reparó en una niña, la única que estaba llorando, la única que tenía la piel más blanca que ella. La eligió como amiga. Se acercó y le dijo: “Yo tampoco conozco a nadie”. Esa frase fue suficiente.

La niña de piel transparente lloraba todo el tiempo. No había modo de animarla con ninguna actividad y Laura empezaba a arrepentirse de su elección. Pero ya entonces sabía, sin ser consciente, que debemos hacernos responsables de nuestras decisiones. Afortunadamente, dos días después los padres de su amiga vinieron a recogerla. Laura tuvo que hacer nuevas amistades y empezó a divertirse.


- Da gracias por los alimentos que vamos a recibir.

Fue Paulina quien, muerta de risa, dijo la frase cuando empezaban a cenar, quizá porque con los aperitivos volaron un par de botellas de vino. Y la mente de Laura viajó de forma instantánea a aquel pueblo leonés, a las cerezas robadas de los campos, al gélido río, a la piscina en la que aprendió a nadar cuando alguien la tiró al agua, a Javiera y su empanada de caldo, y a la frase que todos los niños del campamento debían decir al unísono antes de comer. Y sin darse cuenta, la dijo en voz alta:

- Señor, danos pan a los que tenemos hambre y hambre de ti a los que tenemos pan.

14 comentarios:

Antonio Misas dijo...

Alis,
¡Está muy bien! Te voy a hacer el comentario de mi lectura: Me costó situarme en esa cena de amigas y ver el final con la primera lectura y tuve que releer una segunda vez para verlo con claridad. Me puse en modo Campamento de verano y leí de un tirón sin hacer la pausa y pasar al presente evocador.
Después lo di la vuelta, para iniciarlo por el final y ver con claridad la evocación de la infancia de Laura y así comprendí como lo habías planteado en el momento de escribirlo. Me gusta mucho cuando de pronto lo sitúas en la última escena, que es, la que da sentido a todo. Entonces se ve perfectamente cuando Laura evoca todo lo anterior y cuando dice la frase en voz alta.
¡Muy bueno!
Besos

Chousa da Alcandra dijo...

A frase para bendecir a mesa é caralluda. Denota que sempre podemos estar en situación de pedir: pan a quen ten fame e fame a quen ten pan.

(Gustaríame moitísimo a receita da empanada de caldo. Por favor, poderías darme o enderezo de Javiera?)

Bicos

TORO SALVAJE dijo...

Me has hecho recordar campamentos de verano que tenía medio olvidados.
Hay algo biográfico en Laura y su amiga?

Besos.

Miguel dijo...

Un buen deseo, de eso no cabe duda.
Espero que el tiempo que le quedaba en el campamento lo pasara de maravilla.

Un beso.

virgi dijo...

Yo nunca fui a esos campamentos, pero me hubiera encantado.
Igual que muchas de mis compañeras que iban a hacer ejercicios espirituales, gracias que a mi madre nunca le gustó esa historia.
Alís, besitos.

Rita dijo...

¡Bravo Alís! Parecen recuerdos muy bonitos como para que merezca la pena evocarlos en una cena.
Besos!

Raúl dijo...

Entretenidísimo.
Y sí, en el tiempo de infancia, se utilizan demasiados eufemismos ('campamento', por ejemplo) para hacer que nos enredemos.

Taty Cascada dijo...

En Chile le denominamos Retiros espirituales, y que yo nunca asistí porque nunca me he llevado bien con la religión...Este relato tiene mucho de ti, y es que la llegada del otoño nos coloca nostálgicas ¿verdad?.
Solo me queda decirte que me gustó la forma de plantear el relato. Muy bueno.
Abrazos siempre querida Alis.

paideleo dijo...

Eu nunca fun a un campamento de ningún tipo ( excepto a mili, claro ) e non teño lembranzas desas pero gústame vivir outras vidas lendo e así sei de Laura e a súa infancia.

LA ZARZAMORA dijo...

Odiaba estos campamentos, en mis recuerdos los llamaban colonias de verano.
Fue una tortura para mí.
Fui sólo una vez, pero creo que mis padres entendieron que una y no más.
Creo que me parecía un poco a tu amiga...
Besos, Alís.

Alís dijo...

Antonio Misas: Gracias por tu comentario. Sabes cómo animarme, aunque admito que no estoy segura de hacer las cosas que dices de forma consciente. Al menos, a la mayoría no les doy muchas vueltas, sino que salen como me vienen. Un beso grande, Antonio.

Chousa da Alcandra: Esa frase non se me esquece porque sempre me fixo gracia, dende a primeira vez que a escoitei. En canto a empanada de caldo: fai caldo, escúrreo, pero non moito, méteo en masa de empanada e ó forno. Confeso que non teño bo recordo desa empanada. Si queres atopar a Javiera terás que recoñecer de ónde é a foto. Bicoss.

Toro Salvaje: Siempre se escapa algo biográfico en lo que escribimos, ¿no? Besos.

Alís dijo...

Miguel: Son buenos los recuerdos de aquel campamento, aunque no hubo otro. Quizás por eso. Un beso.

Virgi: Ese campamento nada tenía que ver con ejercicios espirituales. De hecho, con el paso del tiempo me sorprende lo "libres" que nos dejaban para la edad que teníamos. Menos mal que no pasó nada. Besos.

Rita: Los recuerdos aparecen de la forma más insospechada. Hay que aprovechar cuando llegan. Besos.

Alís dijo...

Raúl: No estoy muy segura de que los eufemismos estén más presentes en la infancia que cuando somos adultos, tal vez porque de niños controlamos menos las palabras. Gracias. Un abrazo.

Taty Cascada: No, Taty, no eran ejercicios espirituales (una vez quise ir a unos, pero ésa es otra historia). De hecho, y a pesar de la época que era, no recuerdo nada relacionado con la religión en ese campamento excepto la frase que teníamos que pronunciar antes de comer. Muchas gracias. Abrazo grande.

Alís dijo...

Paideleo: Pois non é pouco "campamento" a mili, seguro que dela saen moitas historias que contar, ou que esquecer, depende. Unha aperta.

La Zarzamora: Yo también sólo fui una vez, pero los recuerdos son buenos y eso a pesar de que no soy muy buena para integrarme en grupos de gente que no conozco. Un beso grande, Eva.