Gracias, Claudia

viernes, 18 de abril de 2014

La final




El doctor Patricio Díaz, que todavía no había logrado librarse del “dr. Pato” con el que todo el personal se refería a él, pidió consejo a su colega Francisco Larraín, quien además de un merecido prestigio profesional tenía una presencia imponente. Por eso nunca pasó por la etapa de ser el “dr. Pancho”.

- Dr. Larraín, me alegra que esté aquí –Patricio Díaz estrecha la mano de su compañero y continúa hablando mientras lo acompaña sin soltarlo hasta un asiento--. Verá, he descubierto un fenómeno interesante tras ver a varios pacientes. (Hoy la consulta estaba a tablero vuelto). Quiero investigarlo y me gustaría que me ayudara, porque además podría ser urgente y tal vez tengamos que avisar a las autoridades sanitarias.

El discurso con el que fue recibido logró despertar la curiosidad del anciano médico, quien escuchó al joven sin dejar de observar su despacho. Esbozó una leve sonrisa cuando sobre la mesa vio el diario abierto por la página que ofrecía la crónica del triunfo de Nadal sobre Djokovic en la final del Roland Garros.

- Me llamó la atención que el 90 por ciento de los pacientes que hoy he atendido son hombres que presentan un inmovilizante dolor en el cuello. A los primeros les diagnostiqué una simple tortícolis, pero temo que pueda tratarse de una infección, que si no detectamos a tiempo puede convertirse en epidemia.

- ¿Tienen algún otro rasgo en común además de ser hombres? A veces detalles como la edad, el rango socio-económico o la procedencia geográfica pueden dar pistas invalorables en una investigación médica.

- La verdad, no había caído en ello, pero tengo todavía aquí sus fichas. Veré qué coincidencias hay.

Francisco Larraín leyó de reojo los nombres en las fichas que Patricio Díaz esparcía en la mesa y volvió a sonreírse al darse cuenta de que conocía a la mayor parte de ellos.

- ¡Qué curioso! Tenía usted razón. Todos son vecinos de la misma comuna. Tal vez sea un caso de contaminación…

- Tal vez, sí… Eche otra ojeada, haga memoria y dígame ¿son todos empresarios y profesionales exitosos? Quiero decir, ¿tienen mucha plata?

- ¡Increíble! Sí, así es. Aparentemente a todos les va muy bien.

- Estimado dr. Pato, quédese tranquilo que no hay ninguna epidemia, pero siga así de curioso y aplicado y no tardará en tener su propia tortícolis –dijo entre risas Larraín mientras se levantaba de la silla para irse.

- No entiendo. ¿Usted ya sabe qué les pasa?

- ¡¡Pues claro que lo sé, hombre!! Los conozco a casi todos de mi barrio. Ayer fue la final de Roland Garros, como usted ya sabe –apostilló haciendo un gesto hacia el periódico sobre la mesa--, y a estos weones envidiosos les dio por comprarse un superplasma, de ésos que si Nadal lanza aquí, Djokovic le responde allá –afirmó paseando la mirada de una esquina de la sala a la esquina opuesta--. Así no hay cuello que resista.

Soltó una estruendosa carcajada, que Patricio Díaz interrumpió para preguntarle:

- Dr. Larraín, ¿y a usted no le gusta el tenis?

- ¡Por supuesto que me gusta! Pero yo me compré el superplasma el año pasado y este año decidí ver el torneo en la habitación de mi nana.

20 comentarios:

idana dijo...

Jajajjajakajajakakkaka me causo micha gracia.. Buenisimo...

TORO SALVAJE dijo...

Si es que son como niños...

Besos.

Antonio Misas dijo...

Un estupendo diálogo, al margen de la juventud del uno y la experiencia del otro, o del humor con se cuenta. Siempre me gustaron las conversaciones de tus personajes, son como la vida narrada, con ese poco de realidad, ese poco de imaginación y fantasía, así como la vida ha de ser contada.

Muchos besos, amiga.

Cielo dijo...

hablando de tenis, ahora mismo
me voy a cambiar que he quedado
para jugar, soy un adicto al tenis.

Me encantó tus post muy bien llevado
atrapa y luego deja una sonrisa
en los labios
más no se puede pedir

Enhorabuena!!!!!!!!!

virgi dijo...

Ja ja ja, es lo que tiene la excesiva afición. Menos mal que aunque me gusta Nadal, tengo una tele pequeña.
Bien traído, chiquilla! Un beso, me hiciste sonreír en una mañana nublada.

Miguel dijo...

No había caído en este peligro que acecha en estos supertelevisores modernos (hace un mes me compré uno) Lo tendré en cuenta...

Un beso.

Chousa da Alcandra dijo...

E eu mirando o partido nunha de 14" vou quedar cego tentando ver a pelotiña!. Os médicos sempre teñen sitio para quitarnos a pasta (tamén eles)

Bicos en led

LA ZARZAMORA dijo...

Sonrío.
Me imagino lo que ocurriría si se congelara la imagen...
Besos, Alís.

Marisa dijo...

¡Te aplaudo!.

Eres genial Alís.

Un abrazo muy grande.

Maruja dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
De barro y luz dijo...

Pues... después del Gp. de F1.... puré de vértebras :)


Bss

barro ocre dijo...

jajaja era torticolis por vanales ! prefiero el cine de rocha.. un abrazo!

MAR dijo...

Buenaaaaaaaaaaa jaja.
Besos amiga y una linda semana, me has hecho reír jaja.
mar

Forbidden dijo...

muy elocuente, gracias por hacernos reir.

besos

Antonio Torres Márquez dijo...

De nuevo por tu casa, disfrutando de las cosas que nos dejas. Siempre un placer.

Saludos.

Ursus Polaris dijo...

Y que tal una final de baloncesto de la liga europea?
Buen relato parodia detectivesca robin Cook por decir algo.

Taty Cascada dijo...

jaja...Alis, tienes mucho sentido del humor. Y si, a decir verdad, son tan grandes que uno queda con el cuello un poco extraño ja ja...
Abrazos y besos.

Eduardo Mancilla dijo...

Todo deporte tiene sus riesgos. Muy bueno, saludos.

Rita dijo...

Muy bueno Alis! ¿Sabes? Me encanta los nombres que te inventas en tus historias. Un besote!

Alís dijo...

Muchas gracias por pasaros y por vuestros comentarios