Gracias, Claudia

lunes, 16 de junio de 2014

La vida es generosa - El Jerundio (III)


Ilustración: "El estudio", de Fernando Botero


El Jerundio es un tipo enjuto, joven, pero ajado, jocosamente flaco. Jinete de oficio, porque como tal lo aprendió. “Naciste pa jinete”, le dijeron desde niño. Y aprendió, no quedaba otra, pues pa otra cosa no servía.

Así lo creyó, al menos, por mucho tiempo. Y como era así, pa qué cambiarlo. A fin de cuentas, era cómodo hacer lo que sabía hacer. No había pa qué arriesgar aprendiendo cosas nuevas. Pero las cosas nuevas llegan aunque no las busquemos.

Jerundio conoció a Generosa, no muy alta, hermosota, graciosa, la más grata compañía que hubiera podido imaginar. Claro que Jerundio, antes, no imaginaba gran cosa. O nada. Ella lo cambió todo.

Generosa, que en curvas hacía honor a su nombre y eso no pasaba desapercibido a los ojos de Jerundio, le descubrió la imaginación, y algo más riesgoso: los sueños.

Jerundio siguió siendo jinete de oficio, pero le dio vuelo a los sueños. Y como excusa para pasar más tiempo con Generosa, su principal y verdadera vocación, empezó a pintarla. Primero con los ojos, pronto con las manos y la lengua, y luego con el pincel.

Generosa lo miraba enamorada y le susurraba: “Naciste pa pintor”. Jerundio se mecía y estremecía en esas palabras, en esa voz. Le resultaban tan fáciles de creer!

Jerundio es el tipo enjuto, joven, pero ajado, jocosamente flaco que aparece en la fotografía del diario. Sobre ella, un titular: 

El campeón de salto Jerundio abre su primera 
exposición de pintura, “la Vida es Generosa”

domingo, 8 de junio de 2014

Pues anda que tú...!


Fotografía: Rodney Smith


Nos gustaba vacilarnos. Nuestra gran amistad se basaba en buena parte en que teníamos un sentido del humor similar. Nos gustaba pasar tiempo juntas, disfrutar de lo que nos rodeaba (un paisaje, un vino, una comida, una noche de juerga, un monumento, histórico o vivo…), y reírnos todo lo que pudiéramos.
Nuestras bromas, sin importar quién era la emisora y quién la receptora, terminaban igual, entre risas:
- Pero, ¡qué puta eres!
- Pues anda que tú…!


- ¿Margarita te contó?
- ¿El qué?
- En el comedor del colegio se sentó con unos niños que conoce poco y uno le dijo “Margarita, papa frita, tienes cara de tortuguita”. Al parecer, dos compañeros la defendieron y luego ella le comentó a uno de éstos: “Sé que no tienes buenas notas, pero yo por defenderme te doy un siete”.
- Bien, por lo que veo recuerda algo bueno de la experiencia. Vamos mejorando.
- Sí. Quise aconsejarle qué responder ante una situación así, pero no sé qué haría yo.
Nos quedamos pensando cómo reaccionaríamos ante una provocación así. Nos quedamos recordando cómo éramos de niños y meditando qué hemos aprendido desde entonces.
- Tranquilo, mañana hablaré con ella.


- Margarita, cariño, papá me contó lo que te ocurrió ayer en el comedor. ¿Cómo te sientes?
- Bien. Dos niños me defendieron. Fue muy bonito. Me hizo sentir bien.
- Me alegro mucho, mi amor. De todos modos, ¿puedo hacerte una sugerencia?
Margarita asintió, entre ansiosa por hallar un nuevo truco para protegerse y temerosa de “la nueva idea de mamá”.
- Cuando alguien te diga algo así, no te inmutes o sonríe, y respóndele: “Pues anda que tú!”.