Gracias, Claudia

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Dedicatoria



Paseaba por la feria del libro cuando te vi. No sabía que estaba programada tu presencia, así que la sorpresa me descolocó y comencé a actuar como una adolescente frente a su artista favorito. 

Más como una fan que como una devota lectora, tomé un ejemplar de tu última novela y me puse a la cola para que me la firmaras. Era sólo un pretexto para manifestarte mi admiración. Estaba tan nerviosa, que cuando llegó mi turno te conté atropelladamente que me encanta todo lo que escribes, que estoy atenta a tus publicaciones para hacerme con ellas en cuanto aparecen y las devoro. Que siento que te conozco de toda la vida y que con tus textos me queda la sensación de que me hayas leído el pensamiento. 

Tú me regalaste una breve mirada, una sonrisa social y me ofreciste de vuelta el libro. Se habían acabado mis apenas quince segundos y los empleados de la editorial me lo hicieron saber invitándome sutilmente a seguir mi camino.

Cuando miré tu dedicatoria, me reí. “Quizás te lo he leído” y luego un garabato que apenas se parece a tu nombre. Esa fue la primera vez que te vi.

Unos días más tarde, cuando llegué a la celebración del aniversario del diario en el que trabajaba, te vi por segunda vez. Conversabas animadamente con un grupo de personas, ajeno a lo que ocurría a tu alrededor. Parecías el alma de la fiesta. Yo me había quedado en un rincón próximo a la barra. Estaba ahí para hacer la crónica del evento que se publicaría en el suplemento dominical, y no tenía muchas ganas de socializar. Mirarte me pareció el mejor entretenimiento posible.

Distraídamente, dirigiste la mirada hacia donde yo estaba y me descubriste observándote. Al instante recordé tu dedicatoria, y quise ponerte a prueba. En esta ocasión, sí sostuviste el contacto con mis ojos, y de pronto observé que te sonrojabas. Sentí tu incomodidad y cómo dejaste de escuchar a quienes te acompañaban.

Terminaste tu copa de un trago, dijiste algo al hombre que estaba a tu derecha y comenzaste a caminar hacia la barra. Al llegar junto a mí, me encaraste: 

- ¿Cómo se te ocurren esas cosas, mujer? 

Por fin conocía tu sonrisa más genuina, y en el guiño encontré complicidad. No cabía duda de que efectivamente podías leerme.

- Como ya sabes lo que pienso, ¿qué te parece si lo cumplimos?

14 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Ante una mujer decidida no hay hombre que se resista.
Está claro.

Besos.

Alfred dijo...

Un encuentro decidido por las letras.
Besos.

Ilduara dijo...

Eso se llama llegar y besar el santo.

Bendiciones.

;)

Un beso.

María Dorada dijo...

Parece mentira lo que puede transmitir un simple garabato, y con él poder ser como un encuentro.

Me ha encantado tu texto Alís, ha sido un placer leerte.

Un beso enorme.

Juncal dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Laura dijo...

Me ha encantado, un beso grande.
Quizá te lo leí... :)

Juncal dijo...


Yo también reí al leer lo que leyó.
La sonrisa sería social pero la dedicatoria fue del todo personalizada ...

XuanRata dijo...

Peligroso paso ese de conocer a un escritor por lo que escribe a conocerlo personalmente por quien es más allá o más acá de su escritura. Pero de vez en cuando hay que asumir riesgos.

Madrilenials dijo...

Me ha encantado. ¿Puedo pedir un deseo y que esto me pase en algún momento de mi vida?

Un abrazo,
P

Alís dijo...


Toro Salvaje: ¿Así te gustan? No creo que todos los hombres opinen igual. Besos.

Alfred: Las letras tienen sus riesgos y sus ventajas. Besos.

Ilduara: Lo de santo está por comprobar, jaja. Un beso

Alís dijo...


María Dorada: Parece que cuando hay ganas de encontrarse, cualquier excusa sirve, ¿no? Muchas gracias y bienvenida. Un beso.

Laura: Gracias. Un beso grande. ;-)

Juncal: Creo que salió ganando, porque la dedicatoria perdura. (En la corrección se perdió el beso, snif). Un beso grande

Alís dijo...


XuanRata: Siempre que conocemos a alguien nuevo corremos riesgos y a menudo compensa ¿o no? Besos

Madrilenials: Siempre puedes pedir deseos, y siempre existe la posibilidad de que se cumplan. Sólo si no deseas, seguro que no ocurren. Bienvenida. Un abrazo

Albada Dos dijo...

Es un texto impecable. Leer es algo más que pasar los ojos por las palabras y darles vida. Aquí el primer encuentro conllevaba una invitación clara. No hubo un Titivillus, juguetón, que cambiase ni una letra.

Muy bien narrado. Un abrazo

Alís dijo...


Albada Dos: Muchas gracias por tus palabras. A veces los demonios trabajan, precisamente, no cambiando ni una letra. Un abrazo.