Gracias, Claudia

domingo, 15 de septiembre de 2013

Los flamencos




El general se atusaba el tupido bigote mientras escuchaba las explicaciones de los miembros del consejo y sus diferentes asesores sobre la crisis de los flamencos.
Algunos organismos ecologistas habían elevado sus quejas a nivel internacional porque el gobierno había comprado ya diez partidas de estas aves, de dudosa procedencia, sin que pudiera justificar su ubicación.

El interés por los flamencos era consecuencia de una cuantiosa inversión en un gran parque bautizado con el nombre del mismísimo general. En él se había habilitado un humedal que reunía todas las características para ser el ecosistema perfecto para varias especies de aves, entre las que los flamencos serían la atracción principal y logotipo del recinto.

El parque había sido promocionado a bombo y platillo como un regalo del general a su sumiso y sometido pueblo. Pueblo que no había podido disfrutar del rosado plumaje de las zancudas porque cuando acudía masivamente cada vez que la prensa anunciaba la llegada de las aves encontraba el humedal casi vacío, salvo por cuatro cisnes cabizbajos que resignados habían echado raíces en las mansas aguas del majestuoso jardín.

Así ocurría: una a una cada remesa de flamencos emprendía el vuelo fugitivo apenas era instalada en el recinto. Lo hacían en bandada, sin deserción alguna, como si sus grandes picos les permitieran tener olfato.

- La única solución que se me ocurre es que les cortemos las alas --apuntó el más joven de los asesores, un hombre con poca experiencia, pero con una gran ambición política y aspiraciones a un puesto más poderoso.

Su propuesta no fue del todo bien acogida y generó un intenso debate. La mayoría de los presentes apostaba por buscar una alternativa menos drástica, aunque sin sugerir ninguna en concreto, y los más ecologistas (que por ello tenían sus días contados en el gabinete) calificaban la idea como una aberración.

La discusión se prolongó por más de dos horas y media, entre quienes defendían de modo vehemente que había que cortar de raíz el problema para lograr que los flamencos permaneciesen definitivamente en el lugar y quienes lanzaban tímidos aunque insistentes alegatos en defensa de los derechos de los animales, amparándose en las previsibles reacciones de los mismos organismos ecologistas que ahora exigían conocer el paradero de las aves.

El general zanjó la polémica con un enérgico puñetazo en la mesa.

-- Déjense de weás --gritó--. Les hemos cortado las alas a todos los hombres de este país y me andan ahora con mariconadas por unos cuantos pajaritos. ¡Que les corten las alas y sanseacabó!

24 comentarios:

Alís dijo...

Este relato nació a partir de un comentario en el blog "Una Imagen Palabras Mil", de Luis Santibáñez Miranda. Gracias, Luis, por la idea y por la fotografía.

TORO SALVAJE dijo...

Joder, que fuerte!!!

Y que bueno!!!

Besos.

Antonio Misas dijo...

Magnífica alegoría de la voluntad de ser libre, de la libertad: Aves, Alas, y un lugar que no es el suyo. Hay muchísimo tema aquí y como un comentario de Luis Santibáñez Miranda te sugirió este cuento, a mi me sugieres, muchísimos, ya que el tema es principal en nuestra vida.
En conjunto, es muy bueno y está muy bien construido. El dictador se impone a su gabinete de "sabios", de asesores y le importa muy poco que medios se utilicen o como se consiga su voluntad. Así mismo, bien pudiera ser una representación de las democracias actuales en las que vivimos, ya que al final, son los los gobiernos los que nos imponen la normas, normas y leyes que en muchas ocasiones son descabelladas.
¡Muy bueno Alis!

Besos

Maruja dijo...

Muy bueno. Feliz domingo.

Horacio Beascochea dijo...

Alegórico y necesario, a días de un aniversario más del golpe de estado en Chile. Como desde lo cotidiano, damos cuenta de lo que nos atraviesa. Algo de eso también trata la literatura.

Beso

Luis dijo...

Adhoc a las fechas. Hay flamencos que prefieren ser libres aunque tengan que arreglárselas para conseguir alimento, quizás otros prefieren ser mantenidos a cambio de hipotecar su libertad.

Un abrazo, buen relato.
Gracias por las referencias.

Von Rudy dijo...

Es de esas historias en que, mediante la razon, uno sabe para donde va, pero igual se abriga la esperanza de que exista un vuelco que nunca llega.
Como muchas historias de la vida real

Lucrecia Borgia dijo...

Los flamencos huían porque querían ser libres y al general no le gustaba el flamenco. El flamenco no se baila con los pies, sino con la cabeza y el corazón. El general solo quería escuchar marchas militares.

abrazo

De barro y luz dijo...

Magnífica parábola del funcionamiento del ¿pensamiento? de los "generales"


Bss

Marisa dijo...

Impera la ley del
puñetazo
que seguirá
haciendo la puñeta
in secula seculorum
Amén.

Muy bueno.

Abrazos y besos.

Chousa da Alcandra dijo...

Tendo en conta que vivimos nun mundo de xenerales no que nos tocou ser flamencos; nunha primeira lectura o que me vén á mente é agradecer que non voamos coas hormonas...

Bicos debaixo da mesa

antonio dijo...

A veces se me olvida lo bien que escribes,
Saludos

cascarilleiro dijo...

La fotografía es buena,mis felicitaciones a Luis,el relato ufff... fantástico¡¡magnífico¡¡

Saludos.

Karu dijo...

Muy linda foto, una imagen vale mil palabras! te dejo un beso desde el otro lado de la cordillera..
Saludos y feliz día!

Alís dijo...

Toro: Sí, fuerte, pero recuerda que la realidad supera siempre la ficción. Gracias. Besos.

Antonio Misas: Gracias, Antonio, por tus palabras. Supongo que hay muchas maneras de ejercer una dictadura y a menudo están disfrazadas de democracia. Besos.

Maruja: Muchas gracias. Un abrazo

Alís dijo...

Horacio: Creo que el aniversario influyó de forma evidente. Beso.

Luis: La libertad tiene su precio y no todos están dispuesto a pagarlo. Si es por opción personal, supongo que está bien. Gracias a ti. Un abrazo.

Rudy: La razón a menudo tiene menos razón que las tincadas. Beso.

Alís dijo...

Lucrecia: Es evidente que al general no le gustaban los flamencos. O, al menos, no le importaban demasiado. Un abrazo.

De barro y luz: Pensar no es garantía de pensar bien, ¿verdad? Gracias. Besos.

Marisa: El que puede, puede. No sé si seremos capaces de cambiar eso. Gracias. Biquiños

Alís dijo...

Chousa: Por si acaso, cuida tamén os xeneradores de hormonas, que nunca se sabe. Bicos

Antonio: Lo tomo como un cumplido y te agradezco. Un abrazo.

Cascarilleiro: Muchas gracias. Un abrazo.

Karu: Gracias y otro beso para ti.

Maria Coca dijo...

Qué buen relato!!! Bien narrado pero sobre todo, con un tema que llama la atención y un mensaje de fondo que provoca turbación.

Muy bueno Alís!!!!

Un beso y gracias por estar ahí.

Alís dijo...

María Coca: Muchas gracias. A veces las decisiones más simples esconden las intenciones más turbias. Besitos

virgi dijo...

Una medida rápida y eficaz. Así dejaremos de volar...por un tiempo, más adelante veremos.
Un abrazo, Alís.

Alís dijo...

Virgi: No todo se aguanta para siempre, ¿verdad? Y menos lo que nos limita. Un abrazo.

LA ZARZAMORA dijo...

Excelente relato, Alís.
Estos dictadores de botas altas nunca supieron de ningún tipo de finezas...
Para flamencos, ellos.
Besos.

Alís dijo...

La Zarzamora: Si conocieran la sensibilidad, no serían dictadores, supongo. Muchas gracias. Un beso grande, Eva.