El destino me sirvió
la gota que colmó el ojo.
El llanto que me arrasa,
que me toma, me desgarra
tiene nombre y tiene rostro,
y el vacío de tus cuencas.
Tu cadáver me sonríe,
me hace muecas que no entiendo.
¿Eres la vida?
¿Eres la muerte?
¿Eres el vacío que me posee?
Me has hecho un hijo que nacerá muerto,
me has hecho un sueño que no despierta,
me has hecho bella,
me has hecho monstruo,
me has hecho rayo de Luna,
el silbido del viento,
me has hecho todo lo que quise
hasta que no supe parar.
No quise parar.
Me he hecho añicos,
mil guijarros erosionados
por este llanto sin consuelo,
por este pecho adolorido,
el desgarro en las entrañas.
Extiendo mi mano buscando tu roce,
te traspaso, incorpóreo.
Te he convertido en fantasma,
te he condenado a mi lado,
te he elegido como ariete
para derribar mi soledad.
Ahora este llanto que me arrasa,
que me toma, que me desgarra,
se aferra a tu estela,
a tu recuerdo, a tu sombra
que se escurre y desdibuja.
Y tu presencia deseada
se desvanece, se convierte
en este llanto que me arrasa,
que me toma, me desgarra.