Fotografía: Andrewthecook
Lo primero que idearon fue organizar una campaña similar a las que se hacen tras las navidades para recoger arbolitos. Ello con la intención de evitar el abandono de las cornetas en las calles y parques de las distintas ciudades. Pero ¿y una vez recogidas?
Convocados por las máximas autoridades, personalidades de distintos ámbitos se reunieron para una tormenta de ideas.
-Hagamos una asociación del tipo "Vuvuzelas sin fronteras" y distribuyámoslas por los países del tercer mundo -dijo un experto creador de ONGs-. No lograremos eliminarlas, pero al menos estarán repartidas.
-Eso sería una ofensa. ¿Cómo gastar tantos millones para distribuir cornetas a países que necesitan comida, medicinas, material...? -protestó ofendido el artista-. Lo mejor sería fundir todas y construir una vuvuzela gigante como símbolo de este exitoso mundial...
-¡Pero si son de plástico! -le cortó el ministro de Medio Ambiente-. Ese proyecto es absurdo.
-¿Y si los usamos como conos señalizadores en las carreteras? -preguntó el director general de Tráfico. Ni siquiera le escucharon.
-Podríamos ver el modo de construir viviendas con ellas y quitamos las chabolas de madera en los suburbios... -propuso un alto directivo del Ministerio de Vivienda.
-Claro, quitamos las chabolas de madera para poner chabolas de plástico... qué inteligente... -ironizó otra voz asistente al encuentro.
-Y ni siquiera podemos venderlas como el recuerdo más representativo del Mundial, porque a última hora un pulpo le restó todo el protagonismo -lamentó el representante de Turismo.
Horas y horas duró esta reunión en la que no se logró una idea que convenciese a todos los asistentes.
Al día siguiente, todos los medios de comunicación publicaron un anuncio institucional en el que se solicitaban ideas.
¿Cuál es la tuya?





