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domingo, 9 de mayo de 2010

El Bar


Fotografía: Bar Les Halles-Frank Horvat

A Luis:
No te fuiste.
Sigo encontrándome contigo en la esquina del Bar


La esquina de la barra era el mejor lugar del Bar (¿o debería decir de El Bar?). Lo primero que pensé cuando conocí su nombre (El Bar de los Ron) es que era un lugar de piratas… Y no me equivoqué.

Era la esquina más bonita del local. Allí estaba aquella preciosa vitrina que exponía postales de todo el mundo enviadas por los clientes. Había una competencia encubierta por mandar la más original. Era un cuadro de honor, porque era un honor estar allí. No cabían muchas postales y rotaban con cierta frecuencia. Lograr que una permaneciese a lo largo del tiempo era un mérito reconocido. Y yo vi alguna de las fotos más bonitas que recuerdo en postales en aquella vitrina.

Era la esquina más movida del local. Allí estaba el reservado para los camareros. Estar tan cerca de ellos invita a confraternizar, y más cuando eres cliente habitual. Para mí era muy placentero poder llegar sola a un bar y sentirme a gusto, como en casa. O mejor. Pero es que siempre es un privilegio poder darse el tiempo de conocer a las personas y ser consciente de ello.

Era la esquina que primero se llenaba. Incluso en las noches en que no entraba ni un solo cliente, esa esquina siempre estaba ocupada. Recuerdo la sonrisa de Luis cuando completamente solo, leyendo el diario en esa esquina sentado en la nevera, te veía asomar por la puerta. Se le encendía la noche, pero era incapaz de no saludarte con una barbaridad.

Era la esquina más representativa del local. Allí estaban parte de los tucanes de vivos colores. Allí estaban todos los frascos de té, de cristal, con el nombre de cada infusión escrito a mano en un pequeño adhesivo blanco. Era la especialidad de la carta, algo que nunca entendí en un bar supuestamente especializado en ron. De hecho, se bebía más ron que té.


Los propietarios eran los hermanos Ron.
Y Luis… Luis era “the boss”, el mejor camarero (y conozco muchos buenos), el confidente divertido (y peligroso, jaja), el amigo loco y leal.