domingo, 31 de marzo de 2019

Volví



Volví al domicilio del pasado, a la sede de los recuerdos más remotos, al lugar donde sólo soñábamos porque no nos atrevíamos a más, de tan jóvenes que éramos. Volví al ayer en el que sólo existía el mañana, porque nos faltaba el valor para convertirlo en hoy. Volví a la emoción eterna, volví para buscar la utopía perdida después de no hallarla en los viajes por medio mundo.

Volví con la ilusión de desandar los pasos dados, esperando encontrar el escenario registrado en la memoria. Volví deslumbrada por el vestigio de una historia posible, de una esperanza agónica porque nunca la matamos. Volví vestida de una fe impermeable al desaliento, sin darme cuenta de que se le había enganchado un punto y me iba desnudando a medida que avanzaba. O retrocedía.

Volví al hogar de las promesas, de las palabras que apaciguan las ganas, de los juramentos para toda la vida que esperan la eternidad para ser cumplidos. Volví a nuestro espacio compartido y encontré unas ruinas que daban testimonio del abandono, grietas grandes y llenas de olvido, y un espacio tomado por las aves que anidaron y pintaron con excrementos nuestro recuerdo.

Volví al domicilio del pasado y encontré desolación. El paso inexorable del tiempo.

viernes, 29 de marzo de 2019

Olvido y perdón



- ¡Hola! ¡Cuánto tiempo!
- Hola…
- ¿Cómo estás?
- Creí que habíamos quedado en no volver a hablarnos.
- Bueno, no quedamos. Lo decidiste tú de manera unilateral. Pero ya pasó mucho tiempo, y no pasa nada por saludarnos ¿no?
- Cuando decido que ya no más es ya no más.
- En realidad, te vi y… bueno, ya que pasó tanto tiempo pensé que quizás ahora podrías explicarme por qué dejamos de hablar. Aún no lo sé.
- Pues no me acuerdo. 
- Oye, que ya está todo superado. Me lo puedes decir, podré encajarlo.
- Es que de verdad no lo recuerdo. Ocurrió, nada más.
- ¿No es un poco absurdo eso?
- ¿Qué quieres? Ya me conoces. Yo olvido, pero no perdono. 

miércoles, 27 de marzo de 2019

Me gusta besarte




Me gusta besarte porque me sabes a tiempos en que la felicidad no era quimera, a tiempos en que todo estaba por descubrir y sobraba tiempo para explorar, tiempos en que todo estaba por sentir y todo por vivir.

Me gusta besarte porque me sabes a verano, a juegos de niños, a tardes recogiendo renacuajos, a risas y a verbena, a colchón de hierba seca y a aventuras de piratas abordando rocarabelas.

Me gusta besarte porque me sabes a sueños, a saber posible lo imposible, a imaginación con alas y estela, a ilusión, a corazón loco que resucita y a vida.

Me gusta besarte porque me sabes a regaliz.

lunes, 25 de marzo de 2019

Dejar de fumar


Fotografía: Humphrey Bogart

Fernando, aún sudoroso, apoya su espalda en el respaldo de la cama. Enciende un cigarrillo para él y otro para Laura. En silencio, toma una primera bocanada y con el humo expulsa también una bala directa al corazón.

- Quizás deberíamos replantearnos nuestra relación. Temo hacerte daño.
- No parecías temerlo hace unos minutos.
- Porque estaban sólo mi cuerpo y mi alma amándote. 
- ¿Y qué cambió ahora?
- Ahora te pienso, retomo la consciencia de tu fragilidad y me posee el miedo a dañarte.
- Ser consciente de mi fragilidad es lo que me hace fuerte. ¿Cómo podrías dañarme?
- No sé… tengo miedo a decir algo equivocado, a no decir lo que deseas escuchar, a no ser el que esperas…
- El que eres es quien me tiene aquí, desnuda y deseándote.

Laura apaga su cigarrillo y se encarama al cuerpo de Fernando, tierna, juguetona, y comienza a besarlo mientras toma el cigarro de él para aplastarlo también en el cenicero. Su boca juega en el cuello de él, mientras sus manos acarician el cuerpo de un Fernando que, aún pensativo, reacciona con lentitud. Y le susurra:

- Amor, tienes que dejar de fumar.

sábado, 23 de marzo de 2019

Pelo mojado



- ¿Y por qué elegiste ese colegio para tus hijos?

A María le sorprendió que Marcela le hablara. Habitualmente la ignoraba y ella lo agradecía. Asistía a esas cenas con los colegas de su marido por compromiso, e intentaba participar de las conversaciones de los hombres, porque le aburría escuchar las noticias sobre el último método de depilación, las rebajas de la boutique de moda o las novedades en tratamiento de belleza. No la consideraban parte del grupo y ése era el premio al esfuerzo que puso para lograrlo. Por eso le descolocó la pregunta de Marcela.

- Bueno… Porque nos gusta. Tiene una mirada europea de la educación, es multicultural, le dan importancia al arte y les enseñan a reflexionar… Y de mayores podrán elegir entre estudiar aquí o allá. 
- Sí. Está bien, querida. Yo sólo lo decía porque… Parece que tiene buen nivel académico, sí, pero tiene fama de… Entiéndeme. Quiero decir que cuando regresaron todos los exiliados, ese colegio acogió a sus hijos… Bueno, ya sabes… Que al parecer es bastante… comunista.

Para pronunciar la última palabra bajó el volumen, al tiempo que ponía una mueca de asco y con la mano parecía sacudirse harina de la barbilla.

- ¡Ah, mira! No lo sabía. Una razón más para que me guste el colegio.

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Y sí, a María le gustaba el colegio de sus hijos, a pesar de que no lograba sentirse parte de esa comunidad, y le resultaba particularmente difícil participar en las reuniones de apoderados. Nunca hizo amistad con otros padres. A menudo sentía que sus hechos eran muy distintos al discurso que defendían.

Así que cuando llegó el día se entregó a la pereza, como demorando la llegada de la hora. A 20 minutos del inicio de la reunión, tomó una ducha rápida, se puso lo primero que encontró y salió corriendo hacia el colegio. Afortunadamente, vivía cerca, así que llegó con tiempo de sobra. ¿Afortunadamente?

- Mujer, ¿cómo vienes con el pelo mojado?
- Ah, es que acabo de ducharme y todavía es verano. Me gusta que se seque solo.

Era Titi. Coincidió con ella en varios cursos y siempre presidía la directiva. Sabía su nombre y reconocía su cara. Ésa era toda la relación entre ambas.

- ¿A esta hora? Es mala costumbre, se puede malinterpretar…

María no supo que responder, no entendió, y su rostro reflejaba su perplejidad. Una mujer joven que se presentó como “la mamá de Carolina Vial” interrumpió con el propósito de ayudarla. 

- Mujer, ¿no la entiendes? Las duchas a esta hora tienen aroma de motel.

jueves, 21 de marzo de 2019

El otoño redime tu recuerdo



Año tras año, el otoño regresa y redime tu recuerdo. Con el crujir de cada hoja seca que piso se van borrando las heridas, los traumas y los sueños rotos.

Piso una hoja, escucho atenta y me deleito con su sonido, y se deshacen con ella cada paliza, cada bofetada sin control que me has dado, cada patada cuando ya no podía levantarme del suelo y más que tus golpes me dolían tu violencia hacia mí, cómo se despedazaba tu imagen de héroe y descubrir que a pesar de todo no podía odiarte.

Piso otra hoja, escucho atenta y me deleito con su sonido, y se deshacen con ella cada insulto, cada vejación, cada vez que me llamaste puta, cada vez que ponías en duda mi capacidad para lograr mis propósitos, cada vez que me condenabas a un futuro cerrado por mi condición de mujer, cada vez que vulnerabas mi dignidad.

Piso una hoja más, y otra, y otra… escucho atenta y me deleito con su sonido, y empiezo a resucitar los tiempos buenos, los tiempos en que me sentía segura a tu lado. Los pies encogen, mis manos encogen, y siento cómo una de ellas es tomada por tu mano grande. Vuelvo a ser la niña, vuelvo a aquellos otoños parisinos en los que la felicidad consistía en escuchar el crujido de las hojas secas bajo mis pasos en nuestros paseos cada mañana de domingo.

Año tras año el otoño regresa y redime tu recuerdo.

martes, 19 de marzo de 2019

Trabalenguas




¿Recuerdas cómo nos conocimos? Al presentarnos me dijeron que eres muy bueno con los juegos de palabras. Me pareciste tan atractivo que me puse nerviosa y sólo atiné a preguntarte si me regalarías un trabalenguas.

Asentiste sonriéndome, tomaste mi cuello con tu gran mano, te acercaste, me besaste y tu lengua jugó con la mía como queriendo evitar cualquier reclamo.

Después conocí tu voz:

Es el trabalenguas que me inspiras.

domingo, 17 de marzo de 2019

Resfriado



- ¿Suspiras?
- No. Es el resfriado, que no me deja respirar bien.

¿Cómo contarte que tengo el alma partida y no es por ti? ¿Cómo decirte que me falta el aire para respirar, que ya no me llega la brisa que me daba vida? ¿Cómo contarte que preferiría la muerte a este dolor que me oprime el pecho, me aprieta el corazón e impide el tráfico de sangre a mis órganos vitales? ¿Cómo decirte que el cerebro perdió el gobierno a manos de una asonada que levantó las armas contra la razón? ¿Cómo contarte que no estaba preparada para esta herida que me vuelve tan pueril? ¿Cómo decirte que mi sueño sólo era un juego en el que terminé tocada y hundida? ¿Cómo confesarte que nada me reconforta y que las pocas fuerzas que me quedan las necesito para contener las lágrimas?

- Estás llorando. 
- No. Es el resfriado. Estoy congestiva.
- ¿Te pasa algo?
- No. Nada. Estoy bien, de verdad. Es el resfriado.

viernes, 15 de marzo de 2019

Odiarte




Cuando más necesito odiarte, 
te muestras adorable.

Y busco la trampa para caer en ella.
Y sigo bebiendo de tu veneno.

Me embriago.
Y bailo.
Feliz.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Ganas


Fotografía: "Girl with umbrella", de Eddie O´Bryan



Ganas de cerrar los ojos, 
de darle voz a la piel, 
de ceder el paso a la emoción, 
de acallar(me) el ruido, 
de flotar, 
de volar, 
de sentir.

Ganas de perpetrar mis sueños, 
de pecar con tus virtudes, 
de infringir las leyes que te amarran, 
de pensar(te) sin pensarlo, 
de que me detengas, 
de condenarme, 
de redimirme.

Ganas de sentir cada latido, 
de llenarme de aire, 
de soltar las riendas, 
de arrancarme los vetos, 
de respirar, 
de resucitar, 
de vivir.

Ganas de vivir. 

lunes, 11 de marzo de 2019

Amor imposible




- ¿No te parece que deberíamos dar un paso más en nuestra relación?

- ¿Nuestra relación? Tú sabes que el nuestro es un amor imposible.

- Sí, ya lo sé… ¿Recuerdas la primera vez que hablamos?

- ¿La verdad? No, no lo recuerdo.

- ¿Y el porqué empezamos a hablar? 

- Porque sentimos algún tipo de atracción.

- ¿Y por qué seguimos?

- Yo, porque no quiero imaginarme un día sin saber de ti. Porque me gusta tu humor, tu inteligencia, tu ternura. Porque me gustas y sin darme cuenta llegué a quererte. Supongo, espero, que te pasó lo mismo. 

- ¿Y recuerdas cuándo fue la primera vez que hablamos?

- La fecha concreta, no, pero hace mucho. Unos diez años…

- Justamente. Diez años. ¡Feliz décimo aniversario, amor imposible!

sábado, 9 de marzo de 2019

Cumplir tus sueños



- ¿Y qué necesitas para cumplir tus sueños?

- Que no me detengas.

- ¿Y cuál es tu mayor sueño?

- Que me detengas.

jueves, 7 de marzo de 2019

Palabra de mujer



No me gusta ser feminista. Y sin embargo lo soy.

Hubo un tiempo, cuando era joven (cuando era más joven, je) en que sí me gustaba porque imprimía carácter. Y no negaré que había emoción y a veces hasta adrenalina en oponerse a los caminos designados por género. Casi saqué todo mi lado masculino para defender mi lado femenino, al que de esa manera yo misma iba ocultando.

Me tocó vivir una época de la que es difícil sacudirse. Entre otras cosas porque no creo querer hacerlo. En mi familia fui la primera en muchas cosas. No era difícil, pues había demasiados ámbitos en los que como mujeres no teníamos cabida, pero estábamos entrando. Bastaba seguir uno de tantos “esto tú no puedes porque eres mujer” y desafiarlo. Y a mí me gustaba el riesgo supuestamente controlado.

Por muchos años fui y me gustó ser rebelde. A menudo, aún me gusta. Me dio unos pies sobre los que pararme y con los que dar pasos, en general hacia adelante. Era buena para la lucha, tanto que no necesitaba hacer juego sucio. Y al mismo tiempo era un ser frágil, sensible e inocente que creía que por amor todo es posible y todo vale la pena. 

Ahora prefiero no tener que dar batalla. No puedo ver a los hombres como enemigos, sino como aliados, como compañeros de un viaje en el que con amor y sobre todo respeto construimos juntos y conversamos para resolver los conflictos. 

Y a pesar de ello estoy dando la mayor batalla: combatir todo el machismo y patriarcado que habita en mí, que dirige mis acciones, que determina y alimenta mis miedos, que dicta en silencio qué puedo y qué no puedo, que esconde a la mujer que necesita, quiere y que desea. Combatir todo eso que he aprendido a fuego y sangre, y a hostias, y que insiste en manifestarse.

No me gusta ser feminista. Deseo un mundo en que no sea necesario ser feminista.

martes, 5 de marzo de 2019

No siempre fue duro


Fotografía: germanfotografo


- Uy, que me haces ir lejos, m’hijita. ¡Que quién fue mi primer amor! Se llamaba… ¿Cómo se llamaba?... Qué terrible es, mi niña, cuando ya no recordamos esos detalles que llenaron tanta vida. Tenía un nombre bonito. Si no, no lo hubiera olvidado. Y tenía también fuego en la mirada. Y también, y no digas nada que esto no se lo conté a nadie, los labios más suaves que jamás haya besado... Claro que tampoco he saboreado tantos, pero los suficientes para poder comparar. Nos veíamos en secreto en el almacén de la tienda del abuelo. Era el mozo y me escondía para verlo cargar las cajas. Me daba un vahído exquisito mirando sus brazos, su espalda… sobre todo en verano. Él me descubrió en seguida, pero hizo como que no. Por eso siguió quitándose la camisa en otoño e incluso el invierno siguiente… Jajajaja. Creo que fue por frío que se animó a invitarme a salir de mi escondite. ¡Ay, cómo temblaba! ¡Cómo temblábamos! Los dos, eh. Yo también era su primer amor, aunque entonces ni lo sabíamos, ni pensábamos en ello. Sólo deseábamos vivirlo. Y lo vivimos… 

La abuela Áurea perpetuó su sonrisa por un largo silencio. Lo interrumpió para comer otro bocado antes de que se enfriara la cena. Su nieta la observaba, la acompañaba, la esperaba…

- Gracias, m’hijita. Me has dado un precioso regalo. No había vuelto a pensar en Sebastián y fue bonito hacerlo. Ayyyyyy… No siempre fue duro…

domingo, 3 de marzo de 2019

Carnaval



Me disfrazo de Luna y me cuelo por tu ventana para acariciar tu rostro mientras sueñas. Y te susurro al oído mi nombre para que sueñes conmigo.

Me disfrazo de viento y te acompaño traviesa por la vereda con un revoloteo, transformando en mariposas las hojas secas de nuestro otoño.

Me disfrazo de nube y juego creando formas para atraer tu mirada cuando se pierde en el cielo. Con algunas logro arrancarte una sonrisa, y a veces también un poema. A ti, hecho verso.

Me disfrazo de estrella, de la primera que ves en las noches, para que me cuentes tus deseos más secretos y hacerlos luego realidad.

Me disfrazo de lluvia y enjugo tus lágrimas en los días grises de pies que se arrastran. Y te mojo, te empapo, para que no olvides que estás vivo a pesar de todo ese dolor. O quizás precisamente por él.

Me disfrazo de ausencia para darte un respiro. Y me extrañas, y te extraño, y volvemos a encontrarnos. A tropezarnos.

Me disfrazo de oxígeno para camuflarme en tu aliento, y recorrerte enterito por dentro como mi piel desea hacerlo por fuera.

Me disfrazo de tus miedos y te invito a tomarme de la mano, a mirarme de frente y a respirar seguro de tu fortaleza.

Me disfrazo de tu tristeza y me alejo, para ver en la distancia tu sonrisa cuando bailas con la vida.

Y, algunas veces, me disfrazo de mí misma para sentir la dulce y silenciosa forma en la que tú me miras.

viernes, 1 de marzo de 2019

Tu caricia



Tu mano se posó en mi hombro y muy lentamente comenzó a deslizarse por mi brazo. Era suave, tibia, reconfortante… Era grande, tierna y pícara. Cerré los ojos para sumergirme en tu tacto y me dejé llevar por tu caricia.

Cuando pasaste por mi espalda sentí la música de tus dedos, tus yemas tocaban una melodía sensual, provocadora. Mi piel te escuchó coqueto en el cuidado con que la tratabas. Me supe segura y derribé de un roce todos los miedos.

Fue el roce eléctrico con el que sobrevolaste mis caderas. Por instinto separé casi imperceptiblemente mis muslos. Te facilité el acceso a todos los poros y lo aprovechaste. Ninguno quedó huérfano de tu caricia. Y yo, que ya estaba a merced de la tentación, abrí los ojos al escuchar tu voz.

- ¡Listo! Ya estás.

Nunca mi piel estuvo tan protegida, tan libre de quemarse estando tan caliente. Ahora vivo esperando la ocasión para pedirte que de nuevo me pongas el protector solar. 

Y que luego me hagas sombra con tu cuerpo.