Llevaba demasiado tiempo disfrutando de su soledad.
Y de la distancia.
Tanto, que ya no disfrutaba.
Tanta, que ya no disfrutaba.
Había elegido refugiarse en el campo. Lejos de todo.
Y de todos.
Vivir sin sobresaltos.
Convertir la rutina en paz.
Convertir la rutina en seguridad.
Tanto se había acostumbrado, que ni se dio cuenta.
No era calma, era muerte.
Echó de menos la vida.
Echó en falta la vida.
Llegó el momento en que el deseo le ganó al miedo.
Tomó las riendas.
Al menos, volvería a vivir.
En otros ojos abrió su mirada.
A otra mirada abrió su corazón.
Regresó al bullicio, al ruido, a la luz de las calles.
Volvió a abrazar la ciudad.
La vida bullía por sus venas.
La alegría volvió a sus ojos.
Llevaba demasiado tiempo sin disfrutar de su soledad.





















