domingo, 20 de marzo de 2022

Paz y guerra


Si quieres paz, prepárate para la guerra. Es una de las frases que más he escuchado últimamente en las noticias que vienen de Europa. De hecho, varios países anunciaron que aumentarán sus presupuestos en Defensa. Una parte de la población apela a que son necesarios más médicos, más profesores y menos tanques, y escucho a una diputada respondiendo: "Todos queremos eso, pero estamos en una situación de guerra". Qué oportuna, pensé sin pensar.

Generalmente queremos aquello de lo que carecemos, y cuando lo tenemos dejamos de valorarlo y de ser conscientes de quererlo. Es decir, para querer la paz necesitamos perderla o tener la sensación de que la perdemos. Guerras ha habido y siempre hay para comprender que la paz es frágil, pero ni siquiera Siria estuvo lo suficientemente cerca de Occidente como para provocar más inversiones en Defensa. Así que surge una guerra en un extremo de Europa, en el que sólo un país sufre la destrucción, la tragedia, la muerte... Las grandes economías sienten tocado su corazón y el deseo (de paz) ya encontró la necesidad que lo despierta y que justifica prepararse para la guerra.

Si quieres paz, prepárate para la guerra. ¿Quién creó este eslogan? ¿Qué le movió a crearlo? ¿Con qué propósito lo hizo? Sin ánimo de entrar en teorías de conspiración, me lleno de preguntas sobre cómo funcionamos, como Humanidad, ¿qué nos mueve?, ¿qué nos impide respetarnos?, ¿cuál es nuestro límite?... Cada vez que escucho la frase la imagino en un anuncio publicitario de alguna empresa armamentística si pudieran emitirse por televisión. Cada vez que la escucho pienso en la habilidad que alguien tuvo para disfrazar de pacifismo una acción completamente opuesta. Una paradoja que convence en todas las direcciones.

¿Cómo sería prepararnos para la paz?

domingo, 23 de enero de 2022

Alba

 

Ilustración: Alba Garrido Gómez 

 

Me da tanto miedo como orgullo, tanta alegría como tristeza ver la mujer en la que te has convertido. Cumples dieciséis años. Cada vez que lo pienso necesito inspirar mucho aire para abarcar y sostener todo lo que siento. 

 

Me da miedo descubrir la velocidad del tiempo. Es vértigo, más bien. Me da miedo no ser capaz de seguirle el ritmo a los nuevos tiempos, a los cambios que experimentaremos. Miedo a no saber hablarle a la mujer que eres porque sigo viendo a la niña que fuiste; miedo a sobreprotegerte o a no hacerlo cuando lo necesites. Miedo a no vencer mis egoísmos. Miedo a lo desconocido, porque como mamá también cumplo 16. 

 

Siento orgullo porque admiro la persona que eres. Inteligente, creativa, perseverante, curiosa, sufriente, honesta… podría llenar la página de calificativos. Eres luz, incluso cuando sientes que te apagas. Sé que a veces logras verte, percibirte, y que intuyes de lo que eres capaz. Y yo descanso en la confianza en tu fortaleza, sobre todo porque tienes muy a la mano tu vulnerabilidad. En ella está tu fuerza y creo que lo estás descubriendo.

 

Siento alegría, porque eres y porque estás, cerca y cercana. Porque me entregas tu confianza y es el mejor regalo que podrías darme. Entre otras cosas, porque acalla las culpas que acompañan a mi maternidad. Siento alegría porque puedo verte crecer y ser amada, por el tesoro que eres para quienes tenemos la suerte de estar a tu lado. Siento alegría por la suerte que tengo por poder ser tu madre. 

 

Me da tristeza ver la niña que tengo que soltar, porque ya no estás, aunque siempre vivirá en ti y en mis recuerdos. Dejar ir ese cuerpecito que se dormía cada tarde en mis brazos mientras te hacía escuchar una y mil veces “You´re beautiful”, de James Blunt. Tus ojos se llenan de lágrimas todavía cada vez que la escuchas. Nunca te conté, pero cada abrazo que te di y te doy me llena de amor y fuerza, y calma. De plenitud. 

 

Te amo 

 

¡Feliz cumpleaños, Alba!

 

Ilustración: Alba Garrido Gómez 

viernes, 31 de diciembre de 2021

Un día más


Ya no diré que no me gustan los balances porque, aún siendo cierto, inevitablemente lo hago cada fin de año, a pesar de que creo que mañana sólo será un día más. 

 

Hace 365 días escribía sobre mi sonrisa porque, por primera vez, finalizaba un año sintiéndome orgullosa de mí misma por todos los desafíos que había superado. Podría decir lo mismo en este 2021 que termina y, sin embargo, no lo cierro sonriendo, sino con una sensación de insatisfacción que me tiene entre malhumorada y triste. 

 

Recurrí este año a la misma estrategia que me permitió sobrevivir al 2020: vivir un día a la vez, no anticiparme (¿para qué?). Tal vez por eso perdí la perspectiva de todo lo logrado, de lo valiente que fui, de la fuerza que encontré no sé dónde y de los retos que vencí. Este texto me permite tomar conciencia de ello. 

 

No obstante, el sabor de boca que me queda es muy distinto, porque he tenido siempre la sensación de dificultad, de que fue un año cuesta arriba, como en esos sueños en que huyo no sé de qué intentando correr sin lograrlo, en los que cada movimiento que hago sólo evita que retroceda, pero no me permite avanzar. 

 

Mañana sólo será un día más, será un paso que no me permita llegar a donde quiero (si acaso supiera dónde es), pero me hará salir de donde no deseo estar.  

 

¡Adiós, 2021!

 

jueves, 2 de diciembre de 2021

Provócame

 

Fernando y Laura pasaban una tarde de sofá. Él jugaba ajedrez, serio, y ella leía en una posición tan extraña como desenfadada. Posó el libro en el suelo y puso música. 

 

Provócame 

Échame el humo a la cara. 

Provócame 

Provócame tú que sabes 

cómo aguantarme la mirada, 

cómo ponerlo difícil. 

Provócame tú que sabes  

cómo proponer un brindis. 

 

Provócame 

Dime qué perfume gastas, 

por dónde queda tu casa. 

Mándame un beso al marcharte. 

Provócame tú que sabes 

cómo llevarme de calle, 

cómo evitar que te evite. 

Provócame tú que sabes 

cómo jugar al despiste. (*)

 

- Eso haces con la canción, ¿verdad? 

- ¿El qué? 

- Provocarme. 

- Noooo… ¿Cómo se te ocurre? 

- Entonces quieres que te provoque yo. 

 

Eso sonaba bien. Tentador. Laura respondió con una carcajada espontánea y miró a Fernando. Con la más provocadora de sus miradas. 

Fernando no opuso resistencia. Más bien al contrario. 

 

..... ----- .....

 

Hoy Fernando es la vida y Laura soy yo. Porque hoy declaro que provocaré a la vida y dejaré que ella haga lo mismo conmigo. Hoy elijo el camino más agradable, que no es necesariamente el más fácil y a ratos, sí... Y llego juguetona.

 

Podría declararlo cualquier día, pero elijo hacerlo en mi cumpleaños. Como un rito. Porque hoy elijo celebrar la vida, celebrar la mujer que soy y celebrar que aún deseo tener sueños. Aunque vaya perdiendo uno tras otro. Aunque no sepa cuál tengo ahora.

(*) De la canción "Échame el humo a la cara", de Zenet   

viernes, 29 de octubre de 2021

La timidez de los árboles

 

- Existe un fenómeno llamado “timidez de los árboles” según el cual sus copas no se tocan… Son un claro ejemplo de respeto al espacio de los otros.

- ¿Dices que deberíamos aprender de ellos?

- Es la naturaleza manifestándose ¿no? Sobreviven y conviven respetándose…

- A distancia…

- La justa y necesaria para ser.

- ¿Insinúas que no podrían ser si se tocaran?

- No lo sé… Serían… distintos, seguramente. Y supongo que habrá una importante razón para que no lo hagan.

- ¿Y tú eres uno de ellos?

- ¿Yo? No, ¿por qué?

- Porque no estás tocando mi copa y a mí me da frío esta distancia…

 

lunes, 30 de agosto de 2021

Con manos de ciego

 

 

En algún lugar de la ciudad,

a esta hora, 

una pareja  

está mirándose 

con manos de ciego. 

 

jueves, 15 de julio de 2021

Como siempre

 
 
El silencio acompañó los primeros dieciocho minutos aquella tarde en que acordaron encontrarse en el que tiempo atrás era el café de siempre. Tranquilos, con tiempo. ¿Para qué las palabras cuando los cuerpos hablan tanto, también desde sus propios silencios?
 
Fernando fue el primero en no soportarlo y rompió el hielo.
 
- Ya no sé con quien hablo. 
- Conmigo. 
- ¿Y quién eres? 
- La de siempre. 
- ¿Estás segura? 
- Bueno, en realidad no. Todos cambiamos. Estamos vivos. 
- Cuando no conversamos siento que te vas desdibujando, como si fuera olvidando el rostro de tu alma. 
- Y yo me siento invisible cuando no me miras.
 
Laura dio un último sorbo a su café y cruzó los brazos sobre la mesa. Fernando miraba sus manos blancas, como siempre, y las intuyó frías, como siempre. 
 
Y se las calentó, como siempre.
 

domingo, 13 de junio de 2021

Borrón y beso nuevo

 

 
Fotografía: Alís Gómez

 

 

Quiero escribirte un beso 

y sólo me salen borrones.

 

 

(Un día de éstos te repaso y te paso a limpio)

 

 

lunes, 7 de junio de 2021

Me quiere, no me quiere...

 
 
Harto de que las margaritas siempre respondieran que no, buscó otros oráculos que deshojar. Nunca imaginó que esa decisión supondría el inicio de su debacle. Probó con un trébol de cuatro hojas que por fortuna encontró, sólo para descubrir que eso de que dan suerte es un mito. Probó con los gajos de mandarinas, pero todas le entregaban una respuesta ácida. Probó con racimos de uvas, y todos resultaron pares…
 
Ahora busca la respuesta que desea en botellas de vino. Se sirve una copa. Me quiere. La rellena. No me quiere. Me quiere. No me quiere… Dicen que varias veces obtuvo el sí deseado, pero estaba demasiado borracho para darse cuenta.
 

domingo, 16 de mayo de 2021

¿Se entiende?

 


Cuando hablamos usas una muletilla que al principio no percibía, después me resultó curiosa y ahora me molestaría si te diera importancia. Es una frase socorrida y habitual, no eres original con ella. ¿Se entiende?

 

Empecé a reparar en ella porque siempre la traías después de decirme algo que no, no había entendido. Me parecía curiosa porque la interpretaba como una toma de conciencia de que no habías sido claro, como si quisieras chequear si te habías explicado. Eso me recuerda que hace tiempo yo la dije una vez y me corrigieron: “¿Por qué en lugar de preguntar si yo entendí no preguntas si tú te explicaste?”. 

 

Entonces descubrí, y ahora compruebo, que un ¿se entiende? pone en el otro el esfuerzo compartido que requiere la comunicación. Y en cuanto comencé a responderte que no comprendía, ante tu falta de aclaración, me di cuenta de que no es más que una excusa, un comodín que usas para no expresar con claridad qué piensas o qué sientes. Tal vez porque implicaría hacerte cargo de lo que dices.