Gracias, Claudia

martes, 16 de octubre de 2018

Atrévete


Fotografía: Shafeeqbeats


No hay charco sin reflejo 
tan profundo como el cielo 
si sabes mirar en él. 
¿No es en la oscuridad 
donde más brilla la luz?
Atrévete. Sigue tu intuición. 
Sumérgete en la aventura.
Sube, escalón a escalón,
hasta la azotea.
Dicen que desde ella 
se ve toda la ciudad 
llena de las luces de 
todas las vidas que abraza.
Atrévete. Sigue tu intuición.
La Luna te acompaña.


PD: Este poema ha sido publicado en el libro "Palabras del Alma", que recoge los poemas que escribimos los alumnos del programa de coaching ACP Avanzado. Lo traigo para celebrar este regalo que tan feliz me hace.


lunes, 8 de octubre de 2018

Salida de emergencia


Fotografía: Rodney Smith

A Laura le iba bien. Eso creía todo el mundo en la ciudad. Asidua en las páginas de ecos de sociedad, invitada deseada y habitual en todas las fiestas en las que más importante que divertirse era tejer redes, solicitada en congresos médicos internacionales, e incluso tentada en cada convocatoria electoral por diferentes partidos políticos. 

Laura era admirada, incluso envidiada. Su aparente vida perfecta no dejaba indiferente a nadie, como tampoco su belleza y su encanto. Agradable, sociable, responsable. Nunca parecía estar cansada, a pesar de dividir o multiplicar su tiempo entre su exigente vida laboral, la intensa vida social y su atareada vida familiar. No faltaba a ninguna reunión del colegio de sus hijos, siempre sonriente y participativa en las diferentes actividades. Y su marido presumía de tener la compañera perfecta.

De Laura nadie hablaba mal, todo eran elogios hacia ella. Y sin embargo, en los últimos meses comenzó a correr el rumor de que era perfecta salvo por una excentricidad. ¿Estaría perdiendo el juicio? Parecía no haber secretos en su vida, quizás por eso toda la ciudad supo que mandó construir una puerta en medio del amplio jardín de su casa. Una puerta con su marco, en la mitad de nada, que ella cruzaba corriendo cada vez que sentía que se le borraba la sonrisa y le faltaba el aire. Era su salida de emergencia, y ya no podía sobrevivir sin ella.

miércoles, 3 de octubre de 2018

A las cinco



Tres cajetillas de Kent verde, por favor.

La había visto al entrar. Era imposible no hacerlo. En medio de la tienda de la gasolinera, dos bolsas plásticas enormes llenas a saber de qué interrumpían el tránsito de los clientes. Al lado, ella, no sé si esperando o simplemente aprovechando el calor del lugar, de un espacio cerrado, calefaccionado, que la sacase por unos instantes de la crudeza callejera.

Pequeña, desgreñada, sucia, con ropas amplias en las que tal vez fue menguando a lo largo de los años. (Quizá simplemente donaciones sin tener en cuenta la talla). Una masa desordenada en la que sobresalían sus ojos, vivaces y atentos. Sus ojos eran jóvenes, mucho más que ella, cuyas arrugas delataban una edad avanzada, que tal vez no era tanto y sólo reflejaban las heridas de la vida que la tenían mendigando. Y su voz apareció dulce, calmada.

Joven, disculpe. No quiero molestar. ¿Podrían darme un chocolate caliente?
Lo siento, pero no me lo permiten. Me echarán la bronca si lo hago.
No se preocupe, preciosa.

Había ternura en la voz de la dependienta. No era una excusa, o no me lo pareció. La mujer permaneció donde y como estaba. Afuera el sol ya se había puesto. Era la hora en que empieza a notarse el frío que anuncia otra larga noche de invierno.

Cóbrame también un chocolate.
- ¿En serio? Gracias. Yo pedí que le calienten un pan.

Al irme, la mujer me acompañó en silencio hasta medio local. Entonces se detuvo y se despidió:

- Muchas gracias. Estoy todas las tardes en el supermercado, donde dejan las bicicletas. A las cinco.

Aún no sé si era un pedido o si me invitaba a su casa, a su único lugar estable.

sábado, 29 de septiembre de 2018

Se vende


Fotografía: Laura Rivera


¿Recuerdas nuestra primera vez en esta escalera?
- ¿Nuestra primera y última vez, quieres decir?

Aún no puede creer que haya sido precisamente él quien respondió a su anuncio.

- Bueno, mujer. Que fue nuestra primera vez es un hecho, lo de que sea la última aún está por ver ¿no? Todavía estamos vivos.

Conserva esa sonrisa pícara que ella tantas veces evocó. Y el mismo descaro que la conquistó años atrás. “Sigue igual”, pensó ella mirándolo y recordando cuando paseando distraídos por la calle la introdujo en ese portal, el primero que encontraron abierto. Lo que ahí ocurrió fue tan intenso que ella tardó años en olvidarlo, los mismos que necesitó para poner en venta el piso que compró en el mismo edificio esperando a que él algún día regresara.

Ahora, ya superado aquel recuerdo, aquel amor no correspondido, estaba dispuesta a vender su casa e iniciar una nueva vida en otro lugar. Aún no puede creer que haya sido precisamente él quien respondió a su anuncio.

Tampoco puede creer lo frágil que es el olvido, cómo la memoria está al acecho de cualquier señal para resucitar sentimientos que creía ya sepultados.

- Nunca olvidé aquella vez. Confieso que probé otras escaleras, pero ninguna como ésta. Ninguna como tú. Eres la reina de todas las musas. Llevo mucho tiempo queriendo volver y esperando a que se pusiera a la venta algún piso de esta escalera.

Él no puede creer que sea precisamente ella quien puso el anuncio. La mira, le sonríe, apoya una mano en el muro y la acorrala entre su cuerpo y la pared. Reconoce en sus ojos las ganas y la necesidad de caer en la tentación, como aquella primera vez. Acerca su boca a sus labios y cuando ella los entreabre para recibir el beso, él se acerca a su oído y le susurra:

- ¿Qué te parece si en vez de comprarte el piso me vengo a vivir contigo?

Ella sólo logra articular un pensamiento: “Tengo que retirar el cartel”. Y juntos pierden la cabeza, la ropa y el pudor.

martes, 25 de septiembre de 2018

Sueño, deseo


Fotografía: Tsebourn


En un grano de arena cabe todo el desierto, 
como en una palabra tuya caben todos los sueños. El sueño de lo posible y lo imposible, de lo verdadero y lo improbable. El sueño de una caricia, el sueño de tu mirada, el sueño erótico que me despierta para seguir soñándote y el sueño que me mece hasta dormirme y soñarte de nuevo. 

En una gota de agua cabe todo el océano, 
como en un beso tuyo cabe todo el deseo. El deseo húmedo, el deseo sediento. El deseo más puro, el más intenso, el deseo que todo lo puede. El deseo de desearte y de ser deseada. El deseo de que los sueños se cumplan, y el deseo de soñar para seguir viviendo. Para seguir viniendo.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Resucítame






Vengo a tu encuentro, una vez más. No sé qué decirte, sólo sé que quiero permanecer a tu lado. Tenerte cerca me hace bien.

Hubo un tiempo en que nos encontrábamos casi a diario. ¿Lo recuerdas? Yo te contaba historias y tú me ayudabas a crearlas. Me inspirabas, me regalabas palabras, me hacías creer en mí. Me dejaba llevar, porque me gustaba la dirección en que íbamos.

Luego nos fuimos alejando, no sé cómo ni por qué. Tú seguiste en el mismo lugar, aunque sin hablarme. Y yo sólo te visitaba, muda, sigilosa y tímida, muy de vez en cuando. Siempre con ganas de volver, siempre con el deseo de romper el silencio.

Ahora vengo a tu encuentro y me dirijo a ti, con miedo, con dudas, sin la certeza de poder mantener la promesa que te pido, de acompañarnos, de no distanciarnos, de cuidarnos el alma como ya lo hicimos en el pasado.

Vengo a tu encuentro delicada, vulnerable y expuesta. Tómame y cúidame, abrázame con tus palabras, sedúceme con tu fantasía y camina junto a mí, silbando, casual y relajado. Verso a verso, párrafo a párrafo. Resucítame.

viernes, 8 de septiembre de 2017

¿Y cómo va la noche?





Es noche. Fiesta, todos adultos, música, fuego, cantos, luna, risas. Susana está sentada en un banco de piedra donde está más oscuro, disfrutando la escena desde el balcón. Él busca descanso y despistado se sienta a su lado. Descubre su presencia y el silencio en seguida se le empieza a hacer incómodo. 

- ¿Y qué? ¿Cómo va la noche?

Ella no esperaba conocer tan pronto su voz. Ni lo deseaba. Siempre le gustó imaginar la voz de las personas. Y la pregunta la sorprendió. 

- Uy, no me hagas esas preguntas. 

El calla. Tal vez fue indiscreto, no quería molestar. 

- Tranquilo, tú pregunta no me incomoda. Al contrario, me parece muy interesante. Es que no me siento muy capaz de responderla, estoy en un estado bastante alterado de conciencia, lo que en sí no es malo, ¿verdad? De hecho, te diría que estoy bastante consciente de mi estado, incluso demasiado, y por lo mismo considero que estoy mejor callada. De eso se trata la vida, ¿no?, de usar cada estado de conciencia para lo que sirve y soltarlo cuando no; si no, ¿qué hacemos con lo aprendido? ¿Para qué aprendemos?  -Susana calla apenas un par de segundos para respirar, y a él le parecen minutos-. Y por eso te dije que no me hagas esas preguntas, pero no tiene nada que ver contigo. Incluso me agradas. ¿Lo entiendes?

- (Que no calle, que no calle). El no se lo esperaba. Simplemente quería romper el silencio, porque necesitaba sentir mucha confianza para sostener sólo con el cuerpo la presencia de otros. Superado el desconcierto, disfrutó las explicaciones de ella, a la que hasta ese momento consideraba una mujer de pocas palabras, tímida. Le agradó descubrirla locuaz, un poco fuera de control, y divertida. Muy divertida. 

- Entonces la noche va bien, ¿no?

La carcajada fue simultánea y por primera vez se miraron a los ojos. 

- ¿Y cómo te llamas?
Martín.