domingo, 30 de junio de 2019

Valiente


Fotografía: Martín Gallo


No creo que pueda volver a ser valiente una vez más. No tan valiente. Ahora me incomoda el vértigo, el rostro atroz que a veces adopta la incertidumbre. La adrenalina me sienta mal. Me marea. Y casi no me da risa.
Es una antigua forma de mí, que perdí en no sé qué parada del camino, la que me grita tu nombre y me tapa los ojos. Ya no soy esa forma, lo sabe e intenta poseerme. Me habla de pasión, de sueños, de volar.  Mi miedo me ordena no escucharla.
No sé si quiero pagar el precio.

Jorge venía a inocularse la vida que encuentra en Lola. Ilusionado, ansioso, hambriento.
Jamás imaginó que sólo encontraría una carta.

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No creo que pueda volver a ser valiente una vez más. No tan valiente. Ahora me incomoda el vértigo, el rostro atroz que a veces adopta la incertidumbre. La adrenalina me sienta mal. Me marea. Y casi no me da risa.
Es una antigua forma de mí, que perdí en no sé qué parada del camino, la que me grita tu nombre y me tapa los ojos. Ya no soy esa forma, lo sabe e intenta poseerme. Me habla de pasión, de sueños, de volar.  Mi miedo me ordena no escucharla.
Y ya no sé si quiero pagar el precio.

Lola venía a inocularse la vida que encuentra en Jorge. Ilusionada, ansiosa, hambrienta.
Jamás imaginó que sólo encontraría una carta.

viernes, 28 de junio de 2019

¿Quieres mousse?



- ¿Por qué Julia come mousse de chocolate y nosotras no?
- Porque ella lo pidió y vosotras no.
- ¿Y por qué no compraste para todos?
- …

Julia trae su mousse y tres cucharas. Deja que sus hermanas tomen una cucharada. Pone mala cara cuando cogen una grande, pero calla. Luego se deleita saboreando lo poco que le queda.

...   ...

Violeta, extrañamente, se sienta a mi lado en el sofá. Trae en sus manos el postre. Su padre esta vez compró para todas. Me mira.

- Mamá, ¿quieres mousse de chocolate? Julia se safifica.
- ¿¡Julia se sacrifica!? 
- Sí, se saqui… eso
- ¿Y por qué Julia?
- Porque ella ya comió la semana pasada.

Julia, que vino a escuchar en cuanto oyó su nombre, me mira con sus ojos muy abiertos, asintiendo.

- Sí, mamá. Yo te doy. ¿Quieres mousse?

miércoles, 26 de junio de 2019

Saber que estás


Fotografía: Laura Rubio

Saber qué estás.
¡Qué rico es!

Saltar con los ojos cerrados.
Reírme en el aire.
Convertirme en pluma.
Recostarme en tu presencia.
Que no importe la distancia
porque podemos andarla.
Y también volarla.

Saber que estás.
Saber que estoy.

¡Qué rico es!

domingo, 23 de junio de 2019

Sí, mi amor



- Cariño, deberíamos hablar.
- ¿De qué?
- De todo. De nada en especial. De cualquier cosa. No sé… Sólo hablar… Quizás de que no nos estamos comunicando bien.
- ¿Eso sientes?
- Sí. La verdad es que sí.
- Pero si siempre hablamos.
- Hablamos, sí. Pero no nos escuchamos. Yo siento que no me escuchas y creo que nos afecta. No sólo como pareja. Eso puedo ir manejándolo. Pero es que también nos está afectando en lo logístico, en lo más cotidiano. ¿Cuánto tiempo llevamos esperando a pintar esa pared porque no decidimos el color? Te lo he preguntado un montón de veces y no me respondes. Unas veinte por lo menos. Así que dime ¿marrón o blanco?
- …
- ¡Responde! 
- Sí.
- ¿¿¡¡Sí qué!!??
- Sí, mi amor.

viernes, 21 de junio de 2019

Cubro mi pecho


Fotograíía: "Tápate", de Laura González Moliner


En mi pecho izquierdo
el reflejo de tu latido. 
El eco de la sístole
que responde a tu mirada,
dibujándose hasta el pezón;
la calma de la diástole
con tu mano en la mía
y las dos en el corazón.

En mi pecho derecho
el asombro del sueño ignorado.
El impulso del pulso
que la vida catapulta
a la gloria de saberte.
La sonrisa distendida
al escuchar tus buenos días
y con el beso, con suerte dos.

Y cubro los pechos con mis manos
para guardar la vida entre los dedos.

miércoles, 19 de junio de 2019

Mostrarme




"Arránqueme, señora, las ropas y las dudas.
Desnúdeme, desdúdeme".
Eduardo Galeano 


La asignatura pendiente a superar este año es mostrarme. Mostrarme para verme. Develarme y desenredarme. 

Debo aprender de nuevo cómo aparecer en la vida. Lo que había aprendido no está siendo suficiente (¿o sí?). 

Estoy en fase de empezar a gatear. Recién aprendí a sostener la cabeza. Y paso más tiempo en el suelo que erguida. Desde aquí todo desafío parece enorme, pero al menos empiezo a desplazarme. Torpe, asustada y decidida.

He dedicado tanto esfuerzo en aceptar mis sombras que desatendí el aceptar mis luces. Ni podía verlas. Afortunadamente ellas siempre estuvieron conmigo para ayudarme a sostener, a descubrir, a iluminar el camino.

Es de bien nacida agradecerles, sacar a pasear mis dones satisfecha de ellos; ponerlos a disposición, que para algo están. Vivir con lo que soy y con lo que sé. Lo que sé que sé. Y seguir aprendiendo.

Dejar atrás el miedo a no ser vista.
Y también el miedo a ser vista.

lunes, 17 de junio de 2019

Imposible


Fotografía encontrada en Pixabay

Eres un desgarro. 
Y eres una pluma al viento.
Eres un corazón triste palpitando intensamente.
Tu corazón siempre te delata.
Y deja tu belleza a la intemperie.

Imposible no quererte.

sábado, 15 de junio de 2019

Inmensa blancura


Fotografía: Alís Gómez

Ya hace frío. Y llovió toda la noche. Antes había llovido todo el día. La mañana despertó con ese cielo limpio que sucede cuando las nubes se vacían y desaparecen. Cuatro grados a las nueve y el mejor de los horizontes posible: la inmensa blancura.

Adoro esa primera mañana del año en que la cordillera aparece nevada. Es un paisaje que siempre me asombra. Tanta grandeza me reduce a la mínima expresión para reaparecer como si naciera de nuevo. Todo ocupa su justo sitio si me comparo con ella: la inmensa blancura.

Pruebo la limpieza del aire. Toso, por falta de costumbre (resfrío y tabaco también ayudan). El tráfico está más fluido que ayer, como si todos condujeran más alegres, más amables. Con el taxista hablamos de terremotos y de chilenos. La brasileña y la gallega contamos nuestras experiencias sísmicas. Y de repente volvemos a verla, y callamos ante su belleza. Nos roba la mirada la inmensa blancura.

miércoles, 12 de junio de 2019

Recuerdos


Fotografía: Willy Ronis

Hoy volvimos a juntarnos. Sólo faltaba Emmanuel. Faltó muy pronto. Aún éramos niños cuando aquellos soldados alemanes se lo llevaron, con una cincuentena de alumnos de su colegio. No lo supimos entonces, sino bastantes años más tarde, pero sobrevivió poco tiempo en el lugar al que los trasladaron. Sin embargo, siempre permaneció con nosotros.

Hoy volvimos a juntarnos y, aunque pasaron sesenta años desde la última vez y a pesar de la piel curtida y arrugada, de nuestro cabello blanco y la calva de Ferdinand, nos reconocimos al instante. Nuestros ojos cargados de ayer, y anegados de la emoción, recordaron al instante las carreras por nuestra calle, los secretos bajo la escalera, la curiosidad asomados a la claraboya de aquel taller de jóvenes costureras.

Cada uno llevamos un objeto de aquella época. Guillaume, la peonza que le había prestado Emmanuel y que nunca le devolvió; Ferdinand, el cuaderno en el que nos entreteníamos dibujando seres imaginarios que luego incluíamos en nuestras fantásticas aventuras; y yo, la foto que desde la ventana hizo un día mi padre. Recuerdo perfectamente que la hizo el último día que Emmanuel compartió juegos con nosotros. El último día que reímos.

lunes, 10 de junio de 2019

Siempre que me ves



El escenario de sus conversaciones siempre era el mismo: los escasos once metros cuadrados reservados para los fumadores.

- ¿Cómo estás?
- Bien. Tranquilo.
- ¿Contento con la vida?
- La verdad es que sí. No tengo nada de qué quejarme.
- Es una suerte no echar en falta nada.
- Bueno, si pudiera, pediría amor.
- ¿No tienes pareja?
- No.
- Estaba convencida de que sí.
- ¿Y por qué?
- Porque últimamente, siempre que te veo pareces con el corazón contento.
- ¿Será porque siempre que me ves estoy contigo?

sábado, 8 de junio de 2019

En trance


Fotografía encontrada en Pinterest 

Cierro los ojos para escucharme. Mi cuerpo empieza a flotar. Me da miedo y me llama al mismo tiempo. Respiro profuuuundo y por primera vez en el día siento cómo el aire me penetra. Doy gracias, tal vez también por primera vez en el día.

Casi me olvido de respirar.

El olvido que se instala en forma de hábito. Siento el intenso frío, por fuera y por dentro. Y me abriga el recuerdo de cómo estos días grises me acompañaron (se disfrazaron de cielos de Galicia). Empiezo a sentir(me), en una calma en la que quisiera estar por siempre.

Como en el regazo de mi madre.

Respiro a mi madre, respiro mi ser madre, respiro el olor de mis hijas, respiro mi olor de hija. Mi olor de mujer. Respiro todo lo respirable, incluso me contamino con algunos recuerdos y sensaciones. Y necesito un soplo de aire puro. 

Lo busco en mi corazón.

Y siempre lo encuentro.

Siempre que me acuerdo de respirar.

miércoles, 5 de junio de 2019

La casa sin barrer


Fotografía hallada en Pinterest

No estoy a favor de los independentistas. Ni en contra. Deseo vivir en un país en el que no sea delito votar, y que no sea delito luchar pacíficamente por aquello en lo que se cree. Deseo un país en que las diferencias sumen en vez de restar. Me entristece profundamente que no pueda haber una conversación sincera y respetuosa sobre lo que une y lo que separa. 

La situación del país es igual a la nuestra: 

No quieres que me quede por lo que me amas, sino por conservar lo que tenemos en común, por no sentir el abandono, porque la soberbia te impide admitir que puede haber quien quiera irse de tu lado. Me hablas desde la rabia de quien se siente perdedor, tanta que no puedes ver lo que has ganado ya a mi lado, lo que podrías dejar de ganar.

A tu rabia sólo puedo responder desde la tristeza por lo que ya no es y la ilusión de que es posible otra vida, de que todavía no es demasiado tarde, de que aún hay risas por conocer. Deseo encontrar aunque sólo sea un motivo para quedarme, y tú los ocultas todos en ese enojo desde el que no puedes acercarte sin herirme.

No hay diálogo posible a tanta distancia emocional.

Y mientras tanto, la casa sin barrer. 

lunes, 3 de junio de 2019

Colibrí


Fotografía adquirida aquí

Hacía muchos meses que no venía ninguno. Y hace unas semanas empezó a visitar nuestro jardín un colibrí, con horario e itinerario. Ya hizo rutina.

Me conmueve verlo de cerca. La belleza de la fuerza que requiere su fragilidad me hipnotiza. Y el trance me conecta con mi adolescencia.

Era de esas adolescentes que sufría porque quería cambiar el mundo y no sabía ni por dónde empezar. De ésas que sólo atina a escribir sobre sus inquietudes y sus sueños para liberar la presión de su vehemencia.

Luego fui de esas adultas que empiezan a conformarse con que el mundo no las cambie, y lo digo con orgullo porque requiere no poco esfuerzo resistirse al desaliento y encontrar cada día una razón para amanecer.

La vida es cíclica y de nuevo quiero cambiar el mundo. Pero me volví más consciente y menos ambiciosa. Apuesto por poner mi empeño en cambiar lo que puedo, poner mi grano de arena y volverme colibrí.

Como el del cuento, que dice más o menos así: cuando los animales del bosque corrían huyendo del fuego que lo quemaba vieron al colibrí volando hacia el incendio: 
- ¿Qué haces? ¿A dónde vas? 
- Llevo en mi pico agua para sofocar las llamas. 
- ¿No ves que te quemarás? Tú solo no podrás apagarlo. 
- Pero habré hecho mi parte.

sábado, 1 de junio de 2019

Hablan de mí


Fotografía: Pedro José Benlloch

“Lo malo es que tú eres fuego
y yo tengo miedo a arder”
Beret

- Hoy me he quedado pegada con dos versos de una canción. No he podido quitármelos de la cabeza.
- ¿Son tan pegadizos como “la familia Tomate toma mate, toma té”?
- ¡Has estado leyendo mis textos!

Laura, feliz, premia con un beso el interés de Fernando. Sabe que él hurga entre sus escritos para conocerla más, conocerla mejor. Y le encanta sentir que lo pasa bien haciéndolo.

- Ya, pero no aparques lo que te decía de esos dos versos que no puedo quitarme de la cabeza. No sé por qué.
- ¿Y por qué no empiezas diciéndomelos?
- Lo malo es que tú eres fuego y yo tengo miedo a arder.

La sonrisa de Fernando se diluye en su rostro, sus ojos se pierden en el azul de los de Laura, asoma un rictus de tristeza y se desvanece según reaparece su sonrisa.

- Has estado todo el tiempo pensando en mí. No te los has quitado de la cabeza porque esos versos hablan de mí.

Fernando, feliz, premia con un beso la presencia de Laura.