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viernes, 16 de diciembre de 2022

Gracias, Juncal

 
Fotografía: Juncal Cacho


Desperté y vi tu fotografía. Deduje inmediatamente qué significaba. Aún sabiendo que sucedería, me impacta tu partida. Y me siento triste.

Tienes mucho que ver con este blog. Has estado presente prácticamente desde el inicio y tus comentarios me acompañaron a lo largo de estos años. Inteligentes, divertidos y con una intuición que nunca dejó de sorprenderme. Sentía que me conocías aunque nunca logramos vernos en persona. Siempre fue una promesa pendiente de cumplir.

Detectabas en mis textos las profundidades de mi alma y sutilmente lo expresabas, sin exponerme, sin descuidarme y también sin dejar pasar eso que presentías. Me hacía bien saberme escuchada, comprendida, incluso descubierta. Me acompañaste en los momentos escritos más dolorosos, te reíste y trajiste tu sentido del humor en los más livianos. Y entrabas al juego cuando mis textos sólo pretendían provocar reflexiones. Fuiste cómplice.

Como también fuiste cómplice cuando te pedí que hicieras una fotografía para la cabecera de mi blog. ¡Me encantan tus fotografías! No tuve apenas que darte indicaciones. Y tampoco quería, porque lo que me ilusionaba era tener tu arte acompañándome. Cuando me enviaste las fotos que habías hecho eran exactamente lo que yo deseaba. Los colores que yo deseaba. Y nos reímos porque incluso los objetos que elegiste reflejaban mucho de mí. Siempre me intuiste.

Tu intuición, tu sensibilidad, tu honestidad y tu sentido estético estaba presente en cada uno de tus comentarios, como lo está en tus fotografías, que generosamente siempre me permitiste usar. Con ellas quiero recordarte hoy. Con algunas de las que me cediste para acompañar mis textos y que en los últimos años me permitieron estar en contacto contigo, a través de una pasión con la que además de reflejar la belleza con la que te ibas encontrando en tus paseos también refleja tu belleza interior.

Te he admirado siempre, Juncal. Lo sigo haciendo. Te considero una mujer fuerte, valiente, sensible, intuitiva. Sé que esos valores, allá donde sea que estés viajando, te acompañarán. Te imagino mirando con ojos de asombro ese nuevo lugar y haciendo fotografías de todos esos detalles que hacen bello el espacio por el que te mueves. Tu mirada lo hace bello.

Y te deseo un buen viaje, tranquilo y en paz.


Fotografía: Juncal Cacho

domingo, 23 de enero de 2022

Alba

 

Ilustración: Alba Garrido Gómez 

 

Me da tanto miedo como orgullo, tanta alegría como tristeza ver la mujer en la que te has convertido. Cumples dieciséis años. Cada vez que lo pienso necesito inspirar mucho aire para abarcar y sostener todo lo que siento. 

 

Me da miedo descubrir la velocidad del tiempo. Es vértigo, más bien. Me da miedo no ser capaz de seguirle el ritmo a los nuevos tiempos, a los cambios que experimentaremos. Miedo a no saber hablarle a la mujer que eres porque sigo viendo a la niña que fuiste; miedo a sobreprotegerte o a no hacerlo cuando lo necesites. Miedo a no vencer mis egoísmos. Miedo a lo desconocido, porque como mamá también cumplo 16. 

 

Siento orgullo porque admiro la persona que eres. Inteligente, creativa, perseverante, curiosa, sufriente, honesta… podría llenar la página de calificativos. Eres luz, incluso cuando sientes que te apagas. Sé que a veces logras verte, percibirte, y que intuyes de lo que eres capaz. Y yo descanso en la confianza en tu fortaleza, sobre todo porque tienes muy a la mano tu vulnerabilidad. En ella está tu fuerza y creo que lo estás descubriendo.

 

Siento alegría, porque eres y porque estás, cerca y cercana. Porque me entregas tu confianza y es el mejor regalo que podrías darme. Entre otras cosas, porque acalla las culpas que acompañan a mi maternidad. Siento alegría porque puedo verte crecer y ser amada, por el tesoro que eres para quienes tenemos la suerte de estar a tu lado. Siento alegría por la suerte que tengo por poder ser tu madre. 

 

Me da tristeza ver la niña que tengo que soltar, porque ya no estás, aunque siempre vivirá en ti y en mis recuerdos. Dejar ir ese cuerpecito que se dormía cada tarde en mis brazos mientras te hacía escuchar una y mil veces “You´re beautiful”, de James Blunt. Tus ojos se llenan de lágrimas todavía cada vez que la escuchas. Nunca te conté, pero cada abrazo que te di y te doy me llena de amor y fuerza, y calma. De plenitud. 

 

Te amo 

 

¡Feliz cumpleaños, Alba!

 

Ilustración: Alba Garrido Gómez 

sábado, 23 de enero de 2021

Quince años

 

 
Ilustración: "Demetria", de Alba Garrido Gómez 

 

Quince años. 

Quince años ya.  

Quince años todavía.

 

Es un largo recorrido en algunos aspectos, apenas un inicio en muchos otros. Es la edad propicia para sentirse perdida. Todo en la vida parece nuevo, ya no sirven los caminos conocidos y los que asoman pueden dar miedo, desánimo e incluso enojo, pero también asombro, curiosidad y ansiedad por recorrerlos ya.  

 

Las fuerzas desfallecen a menudo. Algunos días nada parece tener sentido y otros lo encontramos todo en una sonrisa, en un abrazo, en un sueño loco… La vida se disfraza de caos, los límites dejan de ser un marco en el que sentirse segura para convertirse en una cárcel y nuestro cielo se cubre de nubes negras que, sin llegar a vaciarse, son una amenaza constante de tormenta. 

 

Y hasta ahora, nunca ha dejado de salir el Sol. (Ni la Luna, aunque no la veamos). Tú eres la prueba de ello, con tu luz anuncias cada nuevo inicio, cada nuevo día, la llegada del futuro… Tu nombre no es una casualidad, mi amada Alba. 

 

No podría hacerte ningún regalo que iguale el que tú has sido y eres para mí. La dicha de haberte conocido, la felicidad de haberte parido y el honor de acompañarte en la vida no puedo compensarlos. En un vago intento de hacerlo, te ofrezco mi amor incondicional, te ofrezco la vida entera para empezar… te ofrezco lo que soy para caminar a tu lado siempre que quieras, para sostenerte cuando lo requieras, para cuidarte a la distancia (o cercanía) que tú decidas. Estoy ligada a ti desde mucho antes de nacer. Siempre te supe. 

 

Te agradezco todo lo que me enseñas cada día, la maestra de vida que eres, el motor para seguir creciendo. Y lo hago con torpeza, con aciertos, pasión, desánimo, ansiedad, orgullo… porque como tú, también cumplo quince años. Como madre.  

 

Quince años ya. 

Quince años todavía.

 

 

Feliz cumpleaños, Alba 

 Te adoro

 

lunes, 6 de julio de 2020

Luna llena de julio


Fotografía: Alís Gómez 

La Luna es el Sol 
para los que somos pájaros nocturnos

Hay una soledad que espantas con tu sola presencia, cada noche, en cuanto asomas a mi ventana, con tu rostro serio y sereno, y transitamos las horas hasta que te acuestas. Y yo contigo. 

Hay una soledad que compartimos, la tuya y la mía (ahora la nuestra), fundidas en confesiones desnudas, despojadas de pudor y de adornos, yo queriendo saber más de ti y tú escuchándome, reverencial. 

Hay una soledad que se alegra porque se sabe acompañada. La oscuridad es sólo un fantasma, un mal recuerdo, un lugar del pasado que tú iluminas al aparecer. Y hasta juraría que tu rostro sonríe. 

Hay una soledad que se diluye, que se viste de fantasía, de llanto y de risa, de calma y de prisa, de sueños realizables, de imposibles que siento al alcance de la mano… así como te siento a ti, Luna llena de julio.

domingo, 19 de abril de 2020

Para ti


Unha amiga di que tes un aire con Ricardo Darín. Non lle falta razón


Para ti, claro
Quén si non?
Quén está sempre?
Quén cumpre anos hoxe?

Prometinche este texto e non sei nin por ónde comezo, nin cómo rematar. Cómo se mete toda a vida nunhas poucas frases? Cómo se mete tanto amor nun montón de palabras que nunca serán capaces de amosar o que sinto cando te penso, cando te sei?

Lembras? Dixéchesme unha vez que non hai amor máis grande que a amizade, porque é xenerosa, é incondicional, non se mancha co medo a perdela… E eu engadiría que é o amor que inclúe tódolos demáis. Non sei cómo te quero, só sei que o sinto. E basta.

Trinta e nove anos (es a miña relación máis longa, sacando a familia)… presentes, aceptándonos, queréndonos, coidándonos… e sempre sabendo que isto é para sempre. Deixándonos ser, ir, voltar, confiar... Deixándonos vivir e sendo acubillo cando a vida nos doe. 

Sí, xa te deches conta: acubillo busqueino no diccionario, nunca o diría e sábelo. (Gustoume máis que refuxio, parécese máis a aloumiño). Escríboche e sorrío. Sei que ó escoitar a palabra levantarías a cella ladeando a cabeza, daríasme no brazo co teu codo e dirías sorrindo: “Acubillo? Eh?”. E eu reiría por saberme descuberta e defendería o bonita que é, os significados e parecidos que ten, as sensacións que provoca… E esqueceríamos de qué estábamos a falar. Iso é o de menos. Como si non falamos. Ó teu carón habitei os silencios máis cómodos da miña vida.

Ás veces síntome moi inxusta contigo… nunca dudei en recurrir a ti e nunca me faltaches, e non sei si fun quen de corresponderche, si pudeches contar comigo cando me precisabas. Espero que non dubides.

Estráñote ata doer. Sempre te estrañei. 

Xa sabes, lo eres todo.


Feliz aniversario!!

.....     .....     .....

Te prometí este texto y no sé ni por dónde empiezo ni como terminar. ¿Cómo se mete toda la vida en unas pocas frases? ¿Cómo se mete tanto amor en un montón de palabras que nunca serán capaces de mostrar lo que siento cuando te pienso, cuando te sé?

¿Recuerdas? Me dijiste una vez que no hay amor más grande que la amistad, porque es generosa, es incondicional, no se ensucia con el miedo a perderla... Y yo añadiría que es el amor que incluye a todos los demás. No sé cómo te quiero, sólo sé que lo siento. Y basta.

Treinta y nueve años (eres mi relación más larga, exceptuando la familia)... presentes, aceptándonos, queriéndonos, cuidándonos... y siempre sabiendo que esto es para siempre. Dejándonos ser, ir, volver, confiar... Dejándonos vivir y siendo refugio (acubillo) cuando la vida nos duele.

Sí, ya te diste cuenta: acubillo lo busqué en el diccionario, nunca lo diría y lo sabes. (Me gustó más que refugio, se parece más a mimo). Te escribo y sonrío. Sé que al escuchar la palabra levantarías la ceja ladeando la cabeza, tocarías mi brazo con tu codo y dirías sonriendo: "¿Acubillo? ¿Eh?". Y yo reiría sabiéndome descubierta y defendería lo bonita que es, los significados y parecidos que tiene, las sensaciones que provoca... Y olvidaríamos de qué hablábamos. Eso es lo de menos. Como si no hablamos. A tu lado habité los silencios más cómodos de mi vida.

A veces me siento muy injusta contigo... nunca dudé en recurrir a ti y nunca me faltaste, y no sé si supe corresponderte, si pudiste contar conmigo cuando me necesitabas. Espero que no dudes.

Te extraño, con dolor. Siempre te extrañé.

Ya sabes, lo eres todo.
¡¡Feliz cumpleaños!!

viernes, 14 de febrero de 2020

Amor


Fotografía: Kathrin Ziegler

Hace unos días, y gracias a Carmela, releí un texto que escribí hace años (Préstamos). Me pareció cursi y tremendista, pero algo me llamó la atención y pensé en republicarlo en la etiqueta “Remember”: hacía una alusión a San Valentín. Y es que nunca le escribí al amor, quiero decir que nunca lo hice en relación o para celebrar el día de los enamorados. Ni siquiera una carta. ¡Y mira que me gusta escribir cartas!

Reparé en ello porque este año sí he estado consciente de que se acerca la fecha. Porque no hay razón para celebrar y a la vez están presentes todas. Y pensé en escribir una carta de profundo agradecimiento y una inmensa gratitud, y hacerlo público. Porque lo siento.  ¿Cómo no agradecerte, amor, que lo hagas todo más fácil? Soy valiente contigo. Ando alegre contigo… Y por alguna razón siempre acabas yéndote. ¿O soy yo que huyo de ti, amor?

Pensé en honrarte esta vez, porque quiero seguir creyendo en ti, y acabé desechando cada idea que aparecía. Ninguna era del todo sincera, ninguna era completa. Es tanto lo que siento por ti, amor, en este tiempo en que sobre todo siento el vacío de ti… No supe escribirte, ni escribir de ti. Y sólo me queda dejar constancia de este nuevo fracaso, en que no hallé los versos que te contengan. Y te retengan.

Feliz día, amor

sábado, 21 de septiembre de 2019

Un año de amor



No fue al azar aunque sí inesperado. Fue el resultado del crecimiento, de estar mejor parada, sosteniéndome como raíz, tallo y ramas, transitando ya el otoño y sorprendiéndome con todo lo que nace en esta estación de la vida aparentemente de muerte. Hasta en invierno florece… el camelio.

No fue al azar, era el momento. Kairós mágico y poderoso. La necesidad y la determinación de sentirme viva, de hacer aquello con lo que me siento viva aunque suponga mirar de frente todo lo que me mata. Descubrir que el mundo existe. Que yo existo. Y desear gritarlo al viento.

Pasó un año ya, un año de amor… en palabras, consumado en versos, nutrido con diálogos, padecido y vomitado a veces, gozado… sobre todo gozado. Un año que ha despertado fantasmas, renovado ilusiones, descubierto el asombro de los encuentros… sintiendo de nuevo la sangre bullir en mis venas.

¿Recuerdas? Pasó un año ya de aquel resucítame y aquí sigo…

…latiendo.

domingo, 27 de enero de 2019

Alza el vuelo


Fotografía: Juncal


Alza el vuelo. Libre. 
Como siempre has sido.
Me queda esta tarde gris 
y tu recuerdo.
Alza el vuelo. No temas.
Seguiré amándote,
y dejarte volar es hacerlo.
No temas a la soledad, mira alrededor.
Una bandada de corazones
despliega sus alas compañeras.
Hallarás amor allá donde llegues
porque destilas la belleza
de la bondad y el asombro.
Alza el vuelo. Confía.
Lánzate al viento y baila con él.
Me quedo, esta tarde gris,
con tu recuerdo.

miércoles, 23 de enero de 2019

Contigo aprendo


Ilustración: Alba Garrido Gómez

Hace trece años a estas horas todavía temía no reconocer las contracciones con las que anunciarías tu llegada tan esperada. Cuatro horas más tarde supe que ese día conocería tu cara. Media hora después lo confirmé. Era un dolor intenso, concentrado, imposible de obviar y portador de la mejor noticia posible.

Te lo digo en cada cumpleaños: parirte fue una fiesta. Desde la primera contracción hasta que apareciste abriendo inmediatamente tus ojos pasaron menos de trece horas. En ellas me di un baño de tina, hice una lista con los horarios de las contracciones y otra con las llamadas de tu padre para saber cómo estábamos (fueron más frecuentes las llamadas), comí un plato de lentejas, conduje hasta la clínica y me pasaron inmediatamente a la sala de preparto. Mis padres, tu padre, dos amigas, el personal sanitario que ya era como de la familia… anécdotas, risas, alegría… estaba claro que todo saldría bien!! No podía ser de otro modo.

A las seis y media de la tarde echaron a los invitados y prepararon la habitación para recibirte: temperatura tibia, luz tenue, sonando la música que yo había elegido para que nacieras en tus dos tierras a la vez (“O son do ar”, de Luar na Lubre)… En cuanto me colocaron empujé una primera vez. No había dolor, pero sí te sentía deslizarte dentro de mí para buscar tu primer abrazo. El segundo empujón lo frustró una carcajada por alguna broma del neonatólogo, creo, así que esperaste al tercero para salir.

Ya llegaste curiosa. Al primer segundo tenías abiertos tus grandes ojos, que se encontraron con los míos mientras te colocaban sobre mi pecho. El cordón aún latiendo, manteniéndonos inseparables. Permaneciste unos minutos mientras yo te miraba queriendo conocerte entera. Luego fue tu padre quien te dio un baño tibio para vuestro primer apego temprano y empecé a escuchar los datos de tu nacimiento. Eras perfecta. Eres perfecta.

Fotografía: "Mayo en Deauville", de Rudy Garrido

Tus primeros cinco años fuimos la una para la otra. Entiendo que no fue fácil para ti la llegada de tus hermanas, igual que sé que las amas hasta el infinito y podrás disfrutarlo en cuanto te lo permitas. Ya empiezas a hacerlo, y se me llena el corazón de amor viéndoos, viéndote quererlas.

Ahora las cosas cambiaron. Todo cambió. Todos cambiamos. Tú te has convertido en el esbozo de una maravillosa mujer, grande, segura, inteligente, bella, ingeniosa, divertida, creativa, apegada a las afirmaciones (casi científicas) porque al mundo de los juicios y las emociones (inmensamente profundo en ti) te resistes un poco. ¡Me veo en ti y te veo en mí tan a menudo! Estamos iniciando esa etapa de amor-odio de la que tanto aprendemos. Porque tú aprendes de la vida y yo contigo aprendo a ser madre. Porque en este rol soy tan joven como tú. Sólo pido que no perdamos este decirnos todo, venga de la emoción que venga.

Ahora dibujas como los ángeles, has hecho ya una decena de comics, estás escribiendo tu primera novela, te gustan los chicos inteligentes y divertidos y no el guapito de la clase, eres una óptima alumna no tanto por estudiosa como por curiosa, y eso me llena de orgullo. Tú siempre me llenas de orgullo. Y cuando no lo sientes así es sólo porque yo no siempre sé expresarlo. 

Nunca dudes de mi infinito amor por ti.
Gracias, Alba, por ser mi hija.
Gracias, Alba, por ser.

¡Feliz cumpleaños!

Fotografía: En París. Enero 2017

viernes, 11 de enero de 2019

Ágata, mi bella Ágata


Fotografía: Alís Gómez

Nunca te entregaste del todo pese a tu docilidad. Naciste espíritu libre, y lo conservaste siempre. Ni siquiera tenías edad para perderlo o dominarlo. Mirándote me reconocía en ti. Esa hembra aparentemente indolente, que no se deja poner collar, pero que vuelve siempre cuando necesita ternura, dulce, callada y mansa.

Eras una rubia hermosa, de aspecto delicado, ágil y valiente. Te recuerdo trepando al peumo de un salto, desde muy pequeña. Tu impulso explorador no conocía la palabra miedo, y si te lo encontrabas lo enfrentabas.

Por las noches te enroscabas a mis pies, y dormías plácidamente. Siempre después de sacarte de la habitación de las niñas. Te encantaba meterte en la cama con Violeta. Ella te llora recordando que siempre la acompañabas cuando tenía miedo. “Y me acariñaba”, dice ella. Tú ya sabes cómo te llora.

Julia te llora a ratos. Cuando te vio en la clínica rompió en llanto pidiéndote que volvieras a casa. Tras acariciarte en silencio un rato, volvió a llorar pidiendo que no sufrieras más. Es la última que terminó su dibujo, porque quería que fuera perfecto. Está muy triste y tranquila, porque ya descansas.

Ilustración: Alba Garrido Gómez

Alba lleva días llorándote. Estuvo presente desde que apareciste agónica, te acompañó a la clínica, intuía como nosotros que este momento llegaría. Lo hizo con una madurez admirable, se permitió su pena sin dejar de cuidar a sus hermanas, de cuidarme. ¡Tú sabes cuánto te quiere!

Yo intenté estar entera para acompañarlas, y me rompí cuando quedé a solas contigo. De nuevo a mitad de camino, conmovida con sus lágrimas. Violeta escribió en su cuaderno “Mi gata murio oy!!!!” y esbozó una cara llorando. Sujetó el cartel contra la ventanilla del auto todo el viaje. Necesitaba gritarle su pena al mundo.

Cartel: Violeta Garrido Gómez

Como hago yo ahora. Grito al mundo la pena de decirte adiós, las gracias por estos dos años de satisfacciones y el amor que te ganaste con tu independencia tierna y amorosa. Enlazo estas palabras con la pena de perderte a ti, la pena de volver a perder, con el dolor de un nuevo adiós.

Gracias, Ágata.

PD. Lucas también está triste. Está acostado a mi lado. No quiso salir en todo el día. Todavía no ha ronroneado.

viernes, 21 de septiembre de 2018

Resucítame






Vengo a tu encuentro, una vez más. No sé qué decirte, sólo sé que quiero permanecer a tu lado. Tenerte cerca me hace bien.

Hubo un tiempo en que nos encontrábamos casi a diario. ¿Lo recuerdas? Yo te contaba historias y tú me ayudabas a crearlas. Me inspirabas, me regalabas palabras, me hacías creer en mí. Me dejaba llevar, porque me gustaba la dirección en que íbamos.

Luego nos fuimos alejando, no sé cómo ni por qué. Tú seguiste en el mismo lugar, aunque sin hablarme. Y yo sólo te visitaba, muda, sigilosa y tímida, muy de vez en cuando. Siempre con ganas de volver, siempre con el deseo de romper el silencio.

Ahora vengo a tu encuentro y me dirijo a ti, con miedo, con dudas, sin la certeza de poder mantener la promesa que te pido, de acompañarnos, de no distanciarnos, de cuidarnos el alma como ya lo hicimos en el pasado.

Vengo a tu encuentro delicada, vulnerable y expuesta. Tómame y cúidame, abrázame con tus palabras, sedúceme con tu fantasía y camina junto a mí, silbando, casual y relajado. Verso a verso, párrafo a párrafo. Resucítame.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Lúa, mi querida Lúa


Fotografía: Rudy Garrido



Cuanto más conozco a las personas
más quiero a mi gata


Lúa, mi querida Lúa, apareciste en mi vida despidiendo un año del que poco o nada recuerdo salvo tu nacimiento.  Me gustaba el nombre de tu madre, Ariadna, y esperaba con ganas su parto para elegir al que sería mi nuevo compañero y el compinche de Magoo, que pasaba demasiadas horas solo.

Tú me elegiste a mí, porque llegaste sin hermanos, en una camada de un solo gato. Hembra y negra, lejos de lo que hubiera sido mi elección. Debo darte las gracias, porque con los años has demostrado que yo no habría escogido mejor.

Tu dulzura y tu paciencia te hicieron conquistar el cariño de Magoo, a pesar de sus celos de “hijo único”. Ganaste tu espacio sin invadir el suyo, ni el mío. Demostraste que el cariño puede ser intenso al tiempo que pausado y tranquilo, que hay momentos para los mimos y momentos para disfrutar de nuestra soledad.

Eras (eres) hermosa. Tu perfil, tu postura, tu elegancia me recordaban a  Cleopatra. Te convertiste pronto en la emperatriz de la casa.

Me acompañaste en la mayor aventura de mi vida. Cruzaste conmigo el océano y te adaptaste a tu nuevo hogar, a tu nuevo dueño, a tu nueva vida. Sufriste cuando Magoo tuvo que partir. Siempre habías estado con él y aunque tardaste meses en comprender que no regresaría, esperándolo en la puerta por la que lo viste salir, te mantuviste tranquila.

Con la llegada de Alba, aceptaste con una humanidad que muchas personas quisieran que un nuevo ser, una intrusa, recibiera más cariño y atención que tú. No hice caso a las advertencias de que con un bebé en casa debería deshacerme de ti (¿¡a quién se le ocurre!?) y me demostraste que no me equivocaba. No sólo no fuiste un peligro para Alba, sino que te mantenías vigilante, observabas todos sus movimientos y me avisabas cuando lloraba o cuando estaba en peligro. Y esperabas pacientemente a que ella se durmiera, observando desde la puerta de su dormitorio, para reclamar tu dosis de cariño. Incluso soportabas, sin perder la compostura, su curiosidad, permitiendo que estirase tus bigotes o inspeccionara con su dedo tus ojos.

La edad, al contrario que a mí, no avinagró tu carácter. Llegaron las mellizas y volviste a postergarte consciente de que requerían mucho tiempo y atención. Esperas a verme acostada sabiendo que esa posición equivale a la luz de libre de un taxi, y entonces te acercas, te acomodas sobre mis piernas y me manifiestas tu cariño con tu ronroneo.

Lúa, mi querida Lúa, hoy cumples 15 años, lo que según tu cartilla veterinaria equivale a los 77 años humanos. Quisiera compartir contigo otros tantos, aunque sé que no podrá ser. Pero brindo por que tengas una larga vida, por seguir escuchando tu maullido cuando estornudo, por adormecerme con tu ronroneo, por tenerte siguiendo mis pasos por la casa jugando a colarte entre mis pies aunque te cueste algún pisotón, por que sigas acompañando a mis hijas mientras crecen aprendiendo lo que es una mascota leal. Brindo por ti.

Lúa, mi querida Lúa, feliz cumpleaños.

domingo, 18 de agosto de 2013

Dos años ya


Fotografía: Alís Gómez

Esa mañana el jardín apareció nevado. No había sucedido antes y no ha vuelto a ocurrir desde entonces. Sí, era un día especial. Que todo estuviera programado no le restaba emoción a lo que pasaría unas horas más tarde.

Estaba tranquila, con la certeza de que todo saldría bien. No tenía ninguna de esas aprensiones típicas de las circunstancias. Tranquila pasé la mañana, dándome tiempo de disfrutar de esa nieve extraña que se dejaba fotografiar con la complacencia de quien sabe que no será olvidada.

Tranquila, también, realicé el trayecto hacia la clínica, observando lo hermosa que estaba la ciudad, blanca y fría. Y tranquila esperé el momento de ser llevada al quirófano, tan sólo ansiosa por ver ya vuestras caritas.

El temor al procedimiento se disipó rápidamente. Cuando pedí que me avisaran cuando fueran a hacer el corte ya estabas saliendo tú, Julia. Violeta lo hizo tan sólo un minuto después.




Ambas sobre mí poníais fin a un largo tiempo de búsqueda, de esfuerzos, de lucha por conseguir que vinierais a este mundo. Nunca esperé que fuerais dos. No era ése mi deseo ni mis expectativas. Sucedió así. Y ahora no sería capaz de renunciar a ninguna de las dos, tan distintas.

Julia, mi bella Julia, mi niña ordenada, despierta, inteligente y con un corazón noble y enorme. Tu timidez no es capaz de esconder tu encanto. Aún sin quererlo, te ganas la atención de quienes te ven y lo haces con esa sutileza que sólo tienen las personas elegantes. Has aprendido a ser independiente mientras tu hermana requería más atención, has respetado sus necesidades y la has acompañado en sus momentos difíciles, sin reclamar, con absoluta generosidad.

Violeta, mi bella Violeta, mi niña encantadora, luchadora, coqueta, con una ternura irresistible. Tu sonrisa y tu gracia son capaces de conquistar cualquier propósito por difícil que éste sea y borra esos arrebatos de mal genio en los que entras y sales repentinamente, sin avisar. La vida no se te puso fácil en estos primeros años, te ha puesto a prueba en distintas ocasiones, y has sabido salir de todas, con ganas y con fuerza.

Habéis llenado, mucho, nuestras vidas. Compensáis con creces todos los esfuerzos por haceros llegar. Entregáis tanto amor y tanta alegría que me hacéis sumergirme de lleno en la felicidad.

Y lleváis dos años haciéndolo. Dos años ya. ¡Crecéis tan rápido!


Fotografía: Rudy Garrido


Feliz cumpleaños, Julia y Violeta

domingo, 23 de enero de 2011

Milagro


Fotografía: Rudy Garrido


Nunca creí en milagros. Ni siquiera después de parirte. Tuvieron que pasar cinco años y unos cuantos intentos fallidos para comprender que tú eres uno, el más grande, el más bello. El mejor.

Parirte fue delicioso. Sentir cómo te ibas deslizando hacia la salida, mostrando con fuerza tus ganas de nacer hasta asomar entre mis muslos. Antes de posarte sobre mi vientre ya habías abierto los ojos, curiosa como sigues siendo.

Tú no lo recuerdas, pero sólo tuve que empujar tres veces. Hubieran bastado dos, pero me hicieron reír. Sí, reí mientras nacías porque era un instante feliz, deseado y esperado.

De fondo sonaba “Plenilunio”, de Luar na Lubre, porque quería traerte la tierra de tu madre, quería estar más cerca de casa mientras vivía el momento más importante de mi vida, quería que desde el primer momento supieras de tus raíces, de esa mitad tuya que está lejos y sin embargo forma parte de ti.

Y de pronto estabas sobre mi pecho desnudo, presentándonos tu voz, tu llanto que, lejos de preocuparnos, en ese instante era sinónimo de felicidad. Y te miraba, intentaba aprenderte de memoria. Tus ojos, tu nariz, tu boca, esa carita tantas veces imaginada. No era fácil entonces. Aún eras una desconocida.

De eso hace hoy cinco años. Sesenta meses que pasaron en un suspiro que aún siendo veloz no impidió atesorar millones de recuerdos, de buenos momentos y algún susto también. Toda una vida, la tuya, que transformó la mía.

Ahora es diferente. Ahora sí te conozco. Tu piel, el camino que trazan tus lunares, tus labios que dan los besos más sabrosos del mundo, tu carácter… Ahora te sé de memoria, y aún así no dejas de sorprenderme cada día, a cada momento.

No lo sabes, pero a menudo te observo sin que me veas. Y me emociona comprobar que eres real. Tuve siempre tan claro que algún día vendrías a mi vida, que jamás le tomé la medida a lo milagrosa que fue tu llegada. Siempre te imaginé, soñaba tus abrazos, hasta tu nombre te estaba esperando.

En todo esto pensaba mientras te abrazaba esta noche cuando te fuiste a la cama. Ni me di cuenta de que lo hice en voz alta:

- Te adoro, mi vida. Eres la hija que siempre soñé tener.

Por eso me sorprendió tu respuesta. Me diste un beso antes de decir:

- Tú eres la mamá que siempre quise tener.


Siempre sabes cómo emocionarme.


¡Feliz cumpleaños, Alba!

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lunes, 27 de septiembre de 2010

Consulta médica


Ruth Westheimer

Estimada Dra. Ruth

Le escribo para contarle mi problema. Me parece que mi marido, con quien estoy casada desde hace ya veintidós años, es un maniaco sexual.

Siempre me hace el amor por sorpresa, sin preocuparle lo que estoy haciendo en ese momento. Puedo estar planchando, lavando los platos, barriendo, haciendo la cama, cocinando, pintando, escribiendo… Siempre me interrumpe para tener sexo.

Me gustaría saber si este comportamiento es elllllll adecuaaaaaalsjfo   calapoewil                                       ljra ñfnñla iaf             añslfhnañ ............. fcyhjjjjjjjjjjjj

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jueves, 2 de septiembre de 2010

Un recuerdo imborrable (I)


Fotografía: "Paraguas", de Henri Cartier-Bresson


Añorado Armando:

Qué bonitos eran los tiempos en que sólo nos preocupábamos de retozar. Nunca los he olvidado. Nos parecía que todo sería siempre fácil, que estaríamos así eternamente, besándonos bajo un paraguas para ocultarnos de la mirada de los curiosos.

La única inquietud que teníamos era buscar mayor intimidad, donde dar rienda suelta a las ganas de conocernos mejor, de explorar nuestros cuerpos para que no quedase ni un solo rincón por descubrir. Y siempre nos las arreglábamos para hallar el lugar y el momento oportunos. La vida sonreía, como nosotros, que llevábamos la felicidad tatuada en el rostro.

Pero estalló la guerra. Los tiempos se pusieron difíciles. Y de un día para otro tuviste que irte. Lejos, muy lejos. Al otro lado de ese mar que observábamos juntos y que ahora todavía me susurra tu nombre cuando solitaria vengo a la playa a llorarte.

Te perdí para siempre, pero me dejaste un recuerdo imborrable.

Me juraste que volverías y siempre supe que era una promesa verdadera que nacía de lo más profundo de tu corazón. Pero también supe que jamás podrías cumplirla. No te guardo rencor. ¿Cómo podría hacerlo? ¿Cómo podría odiarte después de haberte amado tanto? Comprendo que iniciaste otra vida. Otro continente, otro mundo, otra gente… seguramente otro amor.

Lo único que le pido al mar cuando me habla de ti es que seas inmensamente feliz. Tanto como me hiciste a mí en esos meses que creímos que serían eternos.

Yo sobreviví todos estos años abrazada a tu recuerdo, feliz de tenerlo, completa porque conocí la felicidad. Se fue contigo, es cierto, pero me quedé llena.

Nada te reprocho, nada te pido para mí y jamás me hubiera atrevido a romper la tranquilidad en la que te sueño. Pero tengo una razón para escribirte ahora, tantos años después. Me dejaste un recuerdo imborrable… se llama Amanda y quiere ver a su padre. Y yo no puedo negaros a ninguno de los dos la dicha de conoceros.

Ella es quien te ha entregado esta carta.


Siempre en mi corazón
Amalia

 
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domingo, 2 de mayo de 2010

Mamá:


Fotografía: Rudy Garrido


Mamá:

Hace unos años te escribí esta carta. Mis sentimientos por ti no han cambiado, sólo han crecido:


Amada madre
Hoy tengo el poder de elegir contigo una relación desde el amor y quiero expresarte todo mi agradecimiento y toda mi admiración.

No he conocido en toda mi vida a nadie con mayor capacidad de amar, con mayor generosidad, con mayor entrega. A nadie que sea capaz, como tú, de superar todo lo malo y de dar sin pedir a cambio. Con nadie como contigo me sentí alguien, alguien bueno, alguien que vale la pena. Especialmente de ti he sacado fuerzas para afrontar cualquier cosa en la vida.

Quiero que sepas que me siento el ser más orgulloso del mundo por poder presumir de una madre como tú. Eres mi modelo. Y ahora que soy madre, más que nunca te admiro. Deseo parecerme lo más posible a ti y me sentiré satisfecha si mi hija, en el futuro, me ama la mitad de lo que yo te amo a ti. Deseo saber aceptarla como tú a mí; comprenderla como tú a mí, aunque a menudo, lo sé, te resultó muy difícil; deseo ampararla y animarla como tú siempre lo haces conmigo. Y que sepa que puede confiar en mí como yo lo hago en ti.

Ojalá nos alcance la vida para demostrarte cuánto te amo y te admiro. En alguna ocasión me manifestaste que a veces tienes la sensación de no haber sido una buena madre. Hoy te lo repito: olvídalo, porque eres la mejor.

Decirte te amo continuamente hasta que me muera no sería suficiente para expresarte lo que siento, porque, tenlo siempre muy claro, te amo aún mucho más.

Gracias.
Gracias por ser tú mi madre y, por favor, dúrame mucho, mucho tiempo. Dúrame siempre. Porque te necesito.


Ahora y siempre.

lunes, 19 de abril de 2010

AMIGO


Fotografía: Rudy Garrido


No hay ningún llanto al recordarte,
sólo el que inflige la distancia.


Llevo mucho tiempo eludiendo esta carta. Porque nunca encuentro palabras para definir lo que eres. Todas me parecen tan vacías o tan equívocas, y tan escasas para lo que siento.

Contigo siempre he tenido esa sensación de certeza de que siempre será así, de que siempre estarás.

Admito que en todos estos años, muchos ya, se me cruzó más de una vez la idea “del quererte”. Sí, como hombre, como compañero. No me resultaba desagradable la idea, porque siento contigo esa familiaridad de los viejos esposos, esa complicidad y ese cariño profundos. Esa alegría que da el haberse sentido siempre acompañado. La ternura y la tranquilidad que nace de un matrimonio bien avenido.

Lo que nunca he logrado visualizar son los primeros treinta años de matrimonio, jeje. Aunque jamás ha sido un problema, al contrario, nos une. Porque en eso coincidimos. Pero…

AMIGO, hace muchos años ya que me siento unida a ti hasta que la muerte nos separe.

¡Feliz cumpleaños!