viernes, 16 de diciembre de 2022
Gracias, Juncal
domingo, 23 de enero de 2022
Alba
Me da tanto miedo como orgullo, tanta alegría como tristeza ver la mujer en la que te has convertido. Cumples dieciséis años. Cada vez que lo pienso necesito inspirar mucho aire para abarcar y sostener todo lo que siento.
Me da miedo descubrir la velocidad del tiempo. Es vértigo, más bien. Me da miedo no ser capaz de seguirle el ritmo a los nuevos tiempos, a los cambios que experimentaremos. Miedo a no saber hablarle a la mujer que eres porque sigo viendo a la niña que fuiste; miedo a sobreprotegerte o a no hacerlo cuando lo necesites. Miedo a no vencer mis egoísmos. Miedo a lo desconocido, porque como mamá también cumplo 16.
Siento orgullo porque admiro la persona que eres. Inteligente, creativa, perseverante, curiosa, sufriente, honesta… podría llenar la página de calificativos. Eres luz, incluso cuando sientes que te apagas. Sé que a veces logras verte, percibirte, y que intuyes de lo que eres capaz. Y yo descanso en la confianza en tu fortaleza, sobre todo porque tienes muy a la mano tu vulnerabilidad. En ella está tu fuerza y creo que lo estás descubriendo.
Siento alegría, porque eres y porque estás, cerca y cercana. Porque me entregas tu confianza y es el mejor regalo que podrías darme. Entre otras cosas, porque acalla las culpas que acompañan a mi maternidad. Siento alegría porque puedo verte crecer y ser amada, por el tesoro que eres para quienes tenemos la suerte de estar a tu lado. Siento alegría por la suerte que tengo por poder ser tu madre.
Me da tristeza ver la niña que tengo que soltar, porque ya no estás, aunque siempre vivirá en ti y en mis recuerdos. Dejar ir ese cuerpecito que se dormía cada tarde en mis brazos mientras te hacía escuchar una y mil veces “You´re beautiful”, de James Blunt. Tus ojos se llenan de lágrimas todavía cada vez que la escuchas. Nunca te conté, pero cada abrazo que te di y te doy me llena de amor y fuerza, y calma. De plenitud.
Te amo
¡Feliz cumpleaños, Alba!
sábado, 23 de enero de 2021
Quince años
Quince años.
Quince años ya.
Quince años todavía.
Es un largo recorrido en algunos aspectos, apenas un inicio en muchos otros. Es la edad propicia para sentirse perdida. Todo en la vida parece nuevo, ya no sirven los caminos conocidos y los que asoman pueden dar miedo, desánimo e incluso enojo, pero también asombro, curiosidad y ansiedad por recorrerlos ya.
Las fuerzas desfallecen a menudo. Algunos días nada parece tener sentido y otros lo encontramos todo en una sonrisa, en un abrazo, en un sueño loco… La vida se disfraza de caos, los límites dejan de ser un marco en el que sentirse segura para convertirse en una cárcel y nuestro cielo se cubre de nubes negras que, sin llegar a vaciarse, son una amenaza constante de tormenta.
Y hasta ahora, nunca ha dejado de salir el Sol. (Ni la Luna, aunque no la veamos). Tú eres la prueba de ello, con tu luz anuncias cada nuevo inicio, cada nuevo día, la llegada del futuro… Tu nombre no es una casualidad, mi amada Alba.
No podría hacerte ningún regalo que iguale el que tú has sido y eres para mí. La dicha de haberte conocido, la felicidad de haberte parido y el honor de acompañarte en la vida no puedo compensarlos. En un vago intento de hacerlo, te ofrezco mi amor incondicional, te ofrezco la vida entera para empezar… te ofrezco lo que soy para caminar a tu lado siempre que quieras, para sostenerte cuando lo requieras, para cuidarte a la distancia (o cercanía) que tú decidas. Estoy ligada a ti desde mucho antes de nacer. Siempre te supe.
Te agradezco todo lo que me enseñas cada día, la maestra de vida que eres, el motor para seguir creciendo. Y lo hago con torpeza, con aciertos, pasión, desánimo, ansiedad, orgullo… porque como tú, también cumplo quince años. Como madre.
Quince años ya.
Quince años todavía.
Feliz cumpleaños, Alba
Te adoro
lunes, 6 de julio de 2020
Luna llena de julio
domingo, 19 de abril de 2020
Para ti
Prometinche este texto e non sei nin por ónde comezo, nin cómo rematar. Cómo se mete toda a vida nunhas poucas frases? Cómo se mete tanto amor nun montón de palabras que nunca serán capaces de amosar o que sinto cando te penso, cando te sei?
Lembras? Dixéchesme unha vez que non hai amor máis grande que a amizade, porque é xenerosa, é incondicional, non se mancha co medo a perdela… E eu engadiría que é o amor que inclúe tódolos demáis. Non sei cómo te quero, só sei que o sinto. E basta.
Trinta e nove anos (es a miña relación máis longa, sacando a familia)… presentes, aceptándonos, queréndonos, coidándonos… e sempre sabendo que isto é para sempre. Deixándonos ser, ir, voltar, confiar... Deixándonos vivir e sendo acubillo cando a vida nos doe.
Sí, xa te deches conta: acubillo busqueino no diccionario, nunca o diría e sábelo. (Gustoume máis que refuxio, parécese máis a aloumiño). Escríboche e sorrío. Sei que ó escoitar a palabra levantarías a cella ladeando a cabeza, daríasme no brazo co teu codo e dirías sorrindo: “Acubillo? Eh?”. E eu reiría por saberme descuberta e defendería o bonita que é, os significados e parecidos que ten, as sensacións que provoca… E esqueceríamos de qué estábamos a falar. Iso é o de menos. Como si non falamos. Ó teu carón habitei os silencios máis cómodos da miña vida.
Ás veces síntome moi inxusta contigo… nunca dudei en recurrir a ti e nunca me faltaches, e non sei si fun quen de corresponderche, si pudeches contar comigo cando me precisabas. Espero que non dubides.
Estráñote ata doer. Sempre te estrañei.
Xa sabes, lo eres todo.
Te prometí este texto y no sé ni por dónde empiezo ni como terminar. ¿Cómo se mete toda la vida en unas pocas frases? ¿Cómo se mete tanto amor en un montón de palabras que nunca serán capaces de mostrar lo que siento cuando te pienso, cuando te sé?
¿Recuerdas? Me dijiste una vez que no hay amor más grande que la amistad, porque es generosa, es incondicional, no se ensucia con el miedo a perderla... Y yo añadiría que es el amor que incluye a todos los demás. No sé cómo te quiero, sólo sé que lo siento. Y basta.
Treinta y nueve años (eres mi relación más larga, exceptuando la familia)... presentes, aceptándonos, queriéndonos, cuidándonos... y siempre sabiendo que esto es para siempre. Dejándonos ser, ir, volver, confiar... Dejándonos vivir y siendo refugio (acubillo) cuando la vida nos duele.
Sí, ya te diste cuenta: acubillo lo busqué en el diccionario, nunca lo diría y lo sabes. (Me gustó más que refugio, se parece más a mimo). Te escribo y sonrío. Sé que al escuchar la palabra levantarías la ceja ladeando la cabeza, tocarías mi brazo con tu codo y dirías sonriendo: "¿Acubillo? ¿Eh?". Y yo reiría sabiéndome descubierta y defendería lo bonita que es, los significados y parecidos que tiene, las sensaciones que provoca... Y olvidaríamos de qué hablábamos. Eso es lo de menos. Como si no hablamos. A tu lado habité los silencios más cómodos de mi vida.
A veces me siento muy injusta contigo... nunca dudé en recurrir a ti y nunca me faltaste, y no sé si supe corresponderte, si pudiste contar conmigo cuando me necesitabas. Espero que no dudes.
Te extraño, con dolor. Siempre te extrañé.
Ya sabes, lo eres todo.
viernes, 14 de febrero de 2020
Amor
Hace unos días, y gracias a Carmela, releí un texto que escribí hace años (Préstamos). Me pareció cursi y tremendista, pero algo me llamó la atención y pensé en republicarlo en la etiqueta “Remember”: hacía una alusión a San Valentín. Y es que nunca le escribí al amor, quiero decir que nunca lo hice en relación o para celebrar el día de los enamorados. Ni siquiera una carta. ¡Y mira que me gusta escribir cartas!
Reparé en ello porque este año sí he estado consciente de que se acerca la fecha. Porque no hay razón para celebrar y a la vez están presentes todas. Y pensé en escribir una carta de profundo agradecimiento y una inmensa gratitud, y hacerlo público. Porque lo siento. ¿Cómo no agradecerte, amor, que lo hagas todo más fácil? Soy valiente contigo. Ando alegre contigo… Y por alguna razón siempre acabas yéndote. ¿O soy yo que huyo de ti, amor?
Pensé en honrarte esta vez, porque quiero seguir creyendo en ti, y acabé desechando cada idea que aparecía. Ninguna era del todo sincera, ninguna era completa. Es tanto lo que siento por ti, amor, en este tiempo en que sobre todo siento el vacío de ti… No supe escribirte, ni escribir de ti. Y sólo me queda dejar constancia de este nuevo fracaso, en que no hallé los versos que te contengan. Y te retengan.
Feliz día, amor
sábado, 21 de septiembre de 2019
Un año de amor
domingo, 27 de enero de 2019
Alza el vuelo
miércoles, 23 de enero de 2019
Contigo aprendo
viernes, 11 de enero de 2019
Ágata, mi bella Ágata
viernes, 21 de septiembre de 2018
Resucítame
lunes, 30 de diciembre de 2013
Lúa, mi querida Lúa
domingo, 18 de agosto de 2013
Dos años ya
domingo, 23 de enero de 2011
Milagro
Parirte fue delicioso. Sentir cómo te ibas deslizando hacia la salida, mostrando con fuerza tus ganas de nacer hasta asomar entre mis muslos. Antes de posarte sobre mi vientre ya habías abierto los ojos, curiosa como sigues siendo.
Tú no lo recuerdas, pero sólo tuve que empujar tres veces. Hubieran bastado dos, pero me hicieron reír. Sí, reí mientras nacías porque era un instante feliz, deseado y esperado.
De fondo sonaba “Plenilunio”, de Luar na Lubre, porque quería traerte la tierra de tu madre, quería estar más cerca de casa mientras vivía el momento más importante de mi vida, quería que desde el primer momento supieras de tus raíces, de esa mitad tuya que está lejos y sin embargo forma parte de ti.
Y de pronto estabas sobre mi pecho desnudo, presentándonos tu voz, tu llanto que, lejos de preocuparnos, en ese instante era sinónimo de felicidad. Y te miraba, intentaba aprenderte de memoria. Tus ojos, tu nariz, tu boca, esa carita tantas veces imaginada. No era fácil entonces. Aún eras una desconocida.
De eso hace hoy cinco años. Sesenta meses que pasaron en un suspiro que aún siendo veloz no impidió atesorar millones de recuerdos, de buenos momentos y algún susto también. Toda una vida, la tuya, que transformó la mía.
Ahora es diferente. Ahora sí te conozco. Tu piel, el camino que trazan tus lunares, tus labios que dan los besos más sabrosos del mundo, tu carácter… Ahora te sé de memoria, y aún así no dejas de sorprenderme cada día, a cada momento.
No lo sabes, pero a menudo te observo sin que me veas. Y me emociona comprobar que eres real. Tuve siempre tan claro que algún día vendrías a mi vida, que jamás le tomé la medida a lo milagrosa que fue tu llegada. Siempre te imaginé, soñaba tus abrazos, hasta tu nombre te estaba esperando.
En todo esto pensaba mientras te abrazaba esta noche cuando te fuiste a la cama. Ni me di cuenta de que lo hice en voz alta:
- Te adoro, mi vida. Eres la hija que siempre soñé tener.
Por eso me sorprendió tu respuesta. Me diste un beso antes de decir:
- Tú eres la mamá que siempre quise tener.
Siempre sabes cómo emocionarme.
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lunes, 27 de septiembre de 2010
Consulta médica
Estimada Dra. Ruth
Le escribo para contarle mi problema. Me parece que mi marido, con quien estoy casada desde hace ya veintidós años, es un maniaco sexual.
Siempre me hace el amor por sorpresa, sin preocuparle lo que estoy haciendo en ese momento. Puedo estar planchando, lavando los platos, barriendo, haciendo la cama, cocinando, pintando, escribiendo… Siempre me interrumpe para tener sexo.
Me gustaría saber si este comportamiento es elllllll adecuaaaaaalsjfo calapoewil ljra ñfnñla iaf añslfhnañ ............. fcyhjjjjjjjjjjjj
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jueves, 2 de septiembre de 2010
Un recuerdo imborrable (I)
Qué bonitos eran los tiempos en que sólo nos preocupábamos de retozar. Nunca los he olvidado. Nos parecía que todo sería siempre fácil, que estaríamos así eternamente, besándonos bajo un paraguas para ocultarnos de la mirada de los curiosos.
La única inquietud que teníamos era buscar mayor intimidad, donde dar rienda suelta a las ganas de conocernos mejor, de explorar nuestros cuerpos para que no quedase ni un solo rincón por descubrir. Y siempre nos las arreglábamos para hallar el lugar y el momento oportunos. La vida sonreía, como nosotros, que llevábamos la felicidad tatuada en el rostro.
Pero estalló la guerra. Los tiempos se pusieron difíciles. Y de un día para otro tuviste que irte. Lejos, muy lejos. Al otro lado de ese mar que observábamos juntos y que ahora todavía me susurra tu nombre cuando solitaria vengo a la playa a llorarte.
Te perdí para siempre, pero me dejaste un recuerdo imborrable.
Me juraste que volverías y siempre supe que era una promesa verdadera que nacía de lo más profundo de tu corazón. Pero también supe que jamás podrías cumplirla. No te guardo rencor. ¿Cómo podría hacerlo? ¿Cómo podría odiarte después de haberte amado tanto? Comprendo que iniciaste otra vida. Otro continente, otro mundo, otra gente… seguramente otro amor.
Lo único que le pido al mar cuando me habla de ti es que seas inmensamente feliz. Tanto como me hiciste a mí en esos meses que creímos que serían eternos.
Yo sobreviví todos estos años abrazada a tu recuerdo, feliz de tenerlo, completa porque conocí la felicidad. Se fue contigo, es cierto, pero me quedé llena.
Nada te reprocho, nada te pido para mí y jamás me hubiera atrevido a romper la tranquilidad en la que te sueño. Pero tengo una razón para escribirte ahora, tantos años después. Me dejaste un recuerdo imborrable… se llama Amanda y quiere ver a su padre. Y yo no puedo negaros a ninguno de los dos la dicha de conoceros.
Ella es quien te ha entregado esta carta.
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domingo, 2 de mayo de 2010
Mamá:
Mamá:
Hace unos años te escribí esta carta. Mis sentimientos por ti no han cambiado, sólo han crecido:
Amada madre
Hoy tengo el poder de elegir contigo una relación desde el amor y quiero expresarte todo mi agradecimiento y toda mi admiración.
No he conocido en toda mi vida a nadie con mayor capacidad de amar, con mayor generosidad, con mayor entrega. A nadie que sea capaz, como tú, de superar todo lo malo y de dar sin pedir a cambio. Con nadie como contigo me sentí alguien, alguien bueno, alguien que vale la pena. Especialmente de ti he sacado fuerzas para afrontar cualquier cosa en la vida.
Quiero que sepas que me siento el ser más orgulloso del mundo por poder presumir de una madre como tú. Eres mi modelo. Y ahora que soy madre, más que nunca te admiro. Deseo parecerme lo más posible a ti y me sentiré satisfecha si mi hija, en el futuro, me ama la mitad de lo que yo te amo a ti. Deseo saber aceptarla como tú a mí; comprenderla como tú a mí, aunque a menudo, lo sé, te resultó muy difícil; deseo ampararla y animarla como tú siempre lo haces conmigo. Y que sepa que puede confiar en mí como yo lo hago en ti.
Ojalá nos alcance la vida para demostrarte cuánto te amo y te admiro. En alguna ocasión me manifestaste que a veces tienes la sensación de no haber sido una buena madre. Hoy te lo repito: olvídalo, porque eres la mejor.
Decirte te amo continuamente hasta que me muera no sería suficiente para expresarte lo que siento, porque, tenlo siempre muy claro, te amo aún mucho más.
Gracias.
Gracias por ser tú mi madre y, por favor, dúrame mucho, mucho tiempo. Dúrame siempre. Porque te necesito.
Ahora y siempre.
lunes, 19 de abril de 2010
AMIGO
Llevo mucho tiempo eludiendo esta carta. Porque nunca encuentro palabras para definir lo que eres. Todas me parecen tan vacías o tan equívocas, y tan escasas para lo que siento.
Contigo siempre he tenido esa sensación de certeza de que siempre será así, de que siempre estarás.
Admito que en todos estos años, muchos ya, se me cruzó más de una vez la idea “del quererte”. Sí, como hombre, como compañero. No me resultaba desagradable la idea, porque siento contigo esa familiaridad de los viejos esposos, esa complicidad y ese cariño profundos. Esa alegría que da el haberse sentido siempre acompañado. La ternura y la tranquilidad que nace de un matrimonio bien avenido.
Lo que nunca he logrado visualizar son los primeros treinta años de matrimonio, jeje. Aunque jamás ha sido un problema, al contrario, nos une. Porque en eso coincidimos. Pero…
AMIGO, hace muchos años ya que me siento unida a ti hasta que la muerte nos separe.
¡Feliz cumpleaños!















