Gracias, Claudia

domingo, 24 de agosto de 2014

Domingos y fiestas de guardar



Primero fue salir a correr (aunque correr, corría poco). Largos paseos, más largos en el tiempo que en el espacio, que le distanciaban por un rato de todo lo que lo ahogaba. Más bien, le permitían sentir cómo respiraba, pues generalmente no era ni consciente de hacerlo.

Al principio la familia lo esperaba. Cambiaron la misa de 10 por la de 11. Luego por la de 12, por la de la una y un día tuvieron que ir a la de tarde. Porque él no llegó hasta la hora de la comida. Le costó, pero aguantó. Y la familia decidió que allá él, si no quiere rezar que no rece, pero luego que no se queje.

Conquistada la mañana del domingo, comenzó a acortar los paseos. Se convirtió en normal salir a desayunar afuera. Compraba el periódico en el quiosco de la esquina (le gustaba ver que escribían su nombre a uno reservándoselo aunque siempre llegase temprano) y después encontraba libre siempre la misma mesa en la churrería de al lado. “Aquí está su chocolate mediano y sus tres churritos, don Manu”. Era Servando, el camarero, que colocaba sobre la mesa el pedido habitual mientras él se sentaba.
Luego veía por el ventanal cómo la familia pasaba por la esquina en dirección a la iglesia. Se levantaba, dejaba sobre el mostrador el precio de siempre con la propina de siempre y se iba a casa.

Mientras toda la familia estaba en misa, él se conectaba a Internet, curioseaba por aquí y por allá, coqueteaba con jóvenes y no tan jóvenes… fantaseaba más bien, sin intención de ir más allá. Al menos, sin valor. Pero el aire de libertad que respiraba le bastaba para otra semana.

Y, con suerte, se acercaba un festivo.

lunes, 11 de agosto de 2014

Ser (o siendo) uno mismo - El gerundio (y I)




¡Tanta weá dándole vueltas a la necesidad, a la voluntad y a la conveniencia de ser uno mismo sin ser capaz de dejar de serlo! Al final, todo se reduce a que si sabes que no puedes evitar ser quien eres, siéntete cómodo siéndolo.

Y no puedes dejar de serlo principalmente porque te niegas a renunciar a ser quien eres. Todos tenemos irrenunciables. E innegociables. E incluso imposibles. Entonces, ¿por qué preocuparnos en definir el ser en lugar de ser directamente? Déjalo vivir, ya se definirá solito, siendo tú mismo. Es la única manera de librarse de los imposibles, que no ayudan nada.

El único modo, también, de lograr que ser resulte interesante es siendo. Después, el camino se hace andando, y ya iremos decidiendo si introducimos modificaciones o no. Porque la vida no sólo cambia por los verbos que usamos en ella, sino sobre todo por el modo en que los usamos.

Ya lo dijo Cela, con todos sus qués: no es lo mismo estar dormido que durmiendo, como no es lo mismo estar jodido que jodiendo.

Pues eso, viviendo que es gerundio!!!