Fotografía: Rudy Garrido
Parirte fue delicioso. Sentir cómo te ibas deslizando hacia la salida, mostrando con fuerza tus ganas de nacer hasta asomar entre mis muslos. Antes de posarte sobre mi vientre ya habías abierto los ojos, curiosa como sigues siendo.
Tú no lo recuerdas, pero sólo tuve que empujar tres veces. Hubieran bastado dos, pero me hicieron reír. Sí, reí mientras nacías porque era un instante feliz, deseado y esperado.
De fondo sonaba “Plenilunio”, de Luar na Lubre, porque quería traerte la tierra de tu madre, quería estar más cerca de casa mientras vivía el momento más importante de mi vida, quería que desde el primer momento supieras de tus raíces, de esa mitad tuya que está lejos y sin embargo forma parte de ti.
Y de pronto estabas sobre mi pecho desnudo, presentándonos tu voz, tu llanto que, lejos de preocuparnos, en ese instante era sinónimo de felicidad. Y te miraba, intentaba aprenderte de memoria. Tus ojos, tu nariz, tu boca, esa carita tantas veces imaginada. No era fácil entonces. Aún eras una desconocida.
De eso hace hoy cinco años. Sesenta meses que pasaron en un suspiro que aún siendo veloz no impidió atesorar millones de recuerdos, de buenos momentos y algún susto también. Toda una vida, la tuya, que transformó la mía.
Ahora es diferente. Ahora sí te conozco. Tu piel, el camino que trazan tus lunares, tus labios que dan los besos más sabrosos del mundo, tu carácter… Ahora te sé de memoria, y aún así no dejas de sorprenderme cada día, a cada momento.
No lo sabes, pero a menudo te observo sin que me veas. Y me emociona comprobar que eres real. Tuve siempre tan claro que algún día vendrías a mi vida, que jamás le tomé la medida a lo milagrosa que fue tu llegada. Siempre te imaginé, soñaba tus abrazos, hasta tu nombre te estaba esperando.
En todo esto pensaba mientras te abrazaba esta noche cuando te fuiste a la cama. Ni me di cuenta de que lo hice en voz alta:
- Te adoro, mi vida. Eres la hija que siempre soñé tener.
Por eso me sorprendió tu respuesta. Me diste un beso antes de decir:
- Tú eres la mamá que siempre quise tener.
Siempre sabes cómo emocionarme.
¡Feliz cumpleaños, Alba!
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