Fotografía: Rudy H. Garrido
Sentado a su lado, mirando al río, me pregunto por qué no puedo romper este silencio, por qué no puedo abrazarla como soñé tantas veces desde que ella me sacudió con aquel beso inesperado, por qué no parece ella la misma mujer decidida de entonces.
Quisiera encontrar las palabras para explicarle que mi vida era sencilla, incluso monótona, hasta que ella irrumpió con su mirada. Sus ojos me atrajeron en medio de aquella multitud como el faro a los barcos que buscan puerto, como un imán imposible de ignorar, y al encontrarme con ellos sentí que el mundo se detenía por un instante, que estábamos solos entre todas aquellas personas que caminaban deprisa y ajenas. En esos ojos me reconocí, en ellos me redescubrí y me gustó lo que vi.
Quisiera encontrar las palabras para explicarle que mi vida cambió en el preciso instante en que de un salto acabó en mis brazos, en el preciso momento en que besándome rodeaba mi cintura con sus piernas dándome el más intenso abrazo de toda mi existencia. Quisiera encontrar las palabras para explicarle que, en realidad, comencé a existir con ese beso.
Quisiera encontrar las palabras para explicarle que sólo soy un tipo común, con un trabajo común, con un noviazgo común (ocho años de relación que no pude continuar después de su beso)… tan simple que no sé cómo explicarle que no sé cómo actuar en este nuevo yo que ella misma provocó, no sé cómo actuar frente a estas nuevas ganas de vivir en su mirada, en sus brazos, en su boca.
Quisiera encontrar las palabras para explicarle que no se me ocurrió otra cosa que publicar un anuncio en el diario local con la esperanza de que ella me reconocería y me buscaría; que mi corazón dio un vuelco cuando al contestar una llamada telefónica una voz me envolvió al identificarse como la chica del anuncio, la que me besó en la calle…; que jamás había logrado cruzar la ciudad en 37 minutos; que no me acerco más porque temo que le moleste el sonido de mis latidos y dañarla cuando mi corazón estalle…
Sentado a su lado, mirando al río, me pregunto por qué no puedo romper este mutismo, por qué no encuentro las palabras que quisiera, por qué permito que se instale entre nosotros el frío del silencio… y yo tan sólo quisiera tener el valor de besarla.