Fue rockero. Lo es. De los primeros y ya le pilló grande. Siempre vivió como quiso, o lo más cerca que pudo. Eso tuvo sus costos, algunos elevados, pero la agradable sensación de haber envejecido, rápido, con la conciencia tranquila.
Fue amante. Lo es. Intenso y a menudo breve. Entregado con la intensidad de saber que el amor no es eterno y hay que aprovecharlo, y el desprendimiento de acostumbrarse a las rupturas, a lo efímero, a que todo placer tiene su cuota de dolor.
Fue un buen tipo. Lo es. Consciente de que lo mejor que podemos descubrir en la vida son personas; con otros nos damos forma y sentido. Consciente de que el bien llama al bien, así como de que a veces responde el mal. Y todo depende de cómo lo miremos.
Fue un niño. Lo es. Aprendiendo a caminar a cada nuevo paso, con las cicatrices de múltiples caídas sabiendo que repetiría sus pasos, y con las heridas aún abiertas de los pasos que hubiera dado diferentes. Siempre aprendiendo.
Fue… Todavía es.