Sírvete un trozo
Deseo la brisa marina recordándome que tengo rostro. Y disfrutarlo.
Deseo el tacto de la tierra enraizándome los pies. Y sosteniendo mis pasos.
Deseo el frío océano despertando mi ser atlántica. Y a la niña que saltaba las olas.
Deseo la Luna llena iluminando la música, celta, en la playa. Y la buena compañía.
Deseo la confianza plena que consiente el desnudo de mis palabras. Y hablar sin miedo.
Deseo la certeza de estar en lo correcto. Y la tranquilidad para aceptar los errores.
Deseo la ternura necesaria para calmar las heridas que cause. Y sanar las mías.
Deseo la ilusión en el espejo cada mañana. Y reconocerme en ese reflejo.
Deseo el descanso para construir nuevos sueños. Y la fuerza para perseguirlos.
Deseo la seguridad necesaria para enfrentar los miedos. Y dejarme acompañar en ellos.
Deseo la electricidad de la caricia en mi piel. Y la consciencia del tacto enamorado.
Deseo ese beso que me borra la memoria. Y graba, a fuego, la eternidad del instante.
Deseo la sonrisa cómplice y la mirada que comprende, acepta y acompaña. Y sonreír también.
Deseo…
- ¡Venga, Laura! ¡Vuelve aquí! Decídete y elige tres deseos, que la tarta se va a llenar de cera.
- ¿Sólo tres? No puedo decidirme. ¡Es tanto el deseo!
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