lunes, 2 de diciembre de 2019

Tres deseos (y 3)


Sírvete un trozo

Deseo la brisa marina recordándome que tengo rostro. Y disfrutarlo.
Deseo el tacto de la tierra enraizándome los pies. Y sosteniendo mis pasos.
Deseo el frío océano despertando mi ser atlántica. Y a la niña que saltaba las olas.
Deseo la Luna llena iluminando la música, celta, en la playa. Y la buena compañía.
Deseo la confianza plena que consiente el desnudo de mis palabras. Y hablar sin miedo.
Deseo la certeza de estar en lo correcto. Y la tranquilidad para aceptar los errores.
Deseo la ternura necesaria para calmar las heridas que cause. Y sanar las mías.
Deseo la ilusión en el espejo cada mañana. Y reconocerme en ese reflejo.
Deseo el descanso para construir nuevos sueños. Y la fuerza para perseguirlos.
Deseo la seguridad necesaria para enfrentar los miedos. Y dejarme acompañar en ellos.
Deseo la electricidad de la caricia en mi piel. Y la consciencia del tacto enamorado.
Deseo ese beso que me borra la memoria. Y graba, a fuego, la eternidad del instante.
Deseo la sonrisa cómplice y la mirada que comprende, acepta y acompaña. Y sonreír también.
Deseo…

- ¡Venga, Laura! ¡Vuelve aquí! Decídete y elige tres deseos, que la tarta se va a llenar de cera.
- ¿Sólo tres? No puedo decidirme. ¡Es tanto el deseo!


Si quieres saber de dónde viene esta historia:


sábado, 30 de noviembre de 2019

Sólo un día




Dame un día. Sólo uno más.

(Pero dámelo a diario)


jueves, 28 de noviembre de 2019

3. Y desaparecí



…hay gente que se muere de ganas de vivir.
Carlos Varela (Sí, de nuevo)

Me volví arma y casi me mato
creyendo que nacía de nuevo.

Confundí la noche con el útero
abrigado y era oscuro cadalso.

No era placenta la fría humedad
que calaba mis sueños, sino foso.

Creyendo que nacía de nuevo
me volví quimera y desaparecí.

martes, 26 de noviembre de 2019

2. Hilos que cortar




Porque me vi cara de marioneta, 
supe que había hilos que cortar.

Y me volví tijera, 
me volví cuchillo.
Me volví el filo de la guadaña.

Me volví lo que no era, 
me volví lo que jamás sería.
Me volví muerte vestida de vida.

Porque supe que había hilos que cortar,
me volví arma y casi me mato.


lunes, 25 de noviembre de 2019

1. Cara de marioneta


Imagen: Alba Garrido Gómez


Porque me vi cara de marioneta, nacieron dos historias distintas, según el grado de intimidad.

Sí, definitivamente me visteis cara de marioneta. Creísteis que era de madera y me la rajasteis para poder manejar mis labios a vuestro antojo. 

Sí, definitivamente me viste cara de marioneta. Creíste que era de madera y me la rajaste para poder manejar mis labios a tu antojo.

Metisteis vuestras manos hasta lo más profundo de mí y con ella aprisionasteis mi garganta para callarme o para hacerme hablar. Y de paso me ahogabais.

Metiste tu mano hasta lo más profundo de mí y con ella aprisionaste mi garganta para callarme o para hacerme hablar. Y de paso me ahogabas.

Os gustaban mis mofletes resaltados. Eran señal de que sonreía y os confiabais. Complacencia y descuido. Hallabais el abono perfecto para manejar mis hilos.

Te gustaban mis mofletes resaltados. Eran señal de que sonreía y te confiabas. Complacencia y descuido. Hallabas el abono perfecto para manejar mis hilos.



Porque me vi cara de marioneta, 
nacieron dos historias distintas. 

Porque me vi cara de marioneta, 
supe que había hilos que cortar.


sábado, 23 de noviembre de 2019

Simplemente profundo




En lo profundo 
de lo simple me pierdo.
Y me confundo.

De nuevo olvido:
Lo que sí es profundo
es siempre simple.

Y me hundo más.
Más profundo.
Simplemente.

jueves, 21 de noviembre de 2019

Calma


Fotografía: "Áncora", de Juncal Cacho Balanz


¡Qué sería de mí sin estos momentos de cierta calma!

Permitir el encuentro. 
El reencuentro.
Rebajar la tensión. 
Acompañar y dejarse acompañar. 
Volver a respirar. 
Dejar que el aire entre. Profundo.
Y retenerlo. 
Alistándome para el siguiente pozo, 
para el siguiente golpe.
Así es el preámbulo
de este caos necesario.
Inevitable…

Es tan leve la caricia que preciso para sobrevivir.


El último verso nació reclamando, exigiendo, ser poema por sí mismo. 
Y se convirtió en un breve, que publiqué como “Preciso” el pasado 6 de noviembre. (Para controlar sus humos fue acompañado de un subverso). 
Este poema es, por tanto, de la misma fecha, ligeramente retocado ayer.
Quien escribe es mi instinto (¿o será la intuición? A menudo los confundo)

martes, 19 de noviembre de 2019

El primer beso -1




Beso: Contacto o presión que se hace con los labios 
sobre una persona o una cosa, contrayéndolos y separándolos, 
en señal de amor, afecto, deseo, saludo, respeto, etc.


Tan grande y tan torpe. Pusiste en la radio del coche el cassette con la música que yo sabía que habías grabado para seducir a las chicas. Éramos amigos y me contabas ese tipo de cosas. Al parar ante mi portal, habías apagado el motor y girado el cuerpo hacia mí. Supe que no pensabas despedirte todavía. La cinta que elegiste lo confirmó.

- Buen cambio de música, jajaja. Apenas se notó…
- ¿Y por qué no?

Seguiste contando algo de lo que veníamos hablando, que no recuerdo qué era, pero sí sé que me encantaba escucharte. Me sentía a gusto a tu lado. 

En algún momento pestañeaste de manera más marcada. Me di cuenta de que estabas muy cerca, y que por eso pude percibirlo. Y por eso también pestañeabas. Puse mi mano en tu cuello. La llenabas. No te abarcaba y me encantaba esa sensación. Aún te siento en la palma de mi mano.

Me gustaron tus besos porque en ellos derrochabas una ternura desconocida e infinita. Suaves. Largos. Tus ojos cerrados seguían parpadeando, como si estuvieras enfocando a saber qué sueño lejano. 

Y probaste suerte.

- ¿Me invitas a un vaso de leche?

Tengo muchos primeros besos. 
Tantos como personas a las que he besado alguna vez.
Y otros tantos que todavía no he dado.

domingo, 17 de noviembre de 2019

Y volver... (Décimo aniversario)


Recupero la primera imagen que publiqué en este blog


Me voy derramando por mis dedos.
Y no sé cómo ponerle freno...

Sin haberlo planificado, esta semana que empecé el martes publiqué todos los días. Porque tocaba cumplir con la promesa que me hice; porque me estimula, me inspiro y lo disfruto; porque lo necesité para amortiguar algún golpe en mi impalpable alma; porque no pude evitarlo… Y resulta que esta semana termina con una fecha que me alegra.

Hace hoy diez años que publiqué “Vamos a explorar” en el parto de este blog. Nació después de un embarazo azaroso en lo personal, y lo hacía para cumplir con una promesa que me hacía; porque me estimulaba, me inspiraba y lo disfrutaba; porque lo necesitaba para amortiguar algún golpe en mi alma, algo más valiente entonces; porque no pude evitarlo. No tenía ni idea de dónde me metía, de todo lo que es esta aventura. Ni idea del impacto, enorme, que tendría en mí. 

Diez años y me sigue moviendo lo mismo cuando entro a éste mi cajón desastre. Esta minúscula caja en la que me encierro noches en vela para ir conociendo mis distintas caras, mis distintas pieles, mis distintos afectos… a mí. Es un diván, el confesionario, una alcoba desordenada, es el prado en el que recostarme y dibujar con las nubes castillos en el aire. Para habitarlos, claro.

Diez años, con altibajos y lagunas, buscándome, perdiéndome y encontrándome en otros. En vosotros. 

Algunos estáis desde el principio. Y sentiros aquí tantas historias después es indispensable para seguir. Fuimos encontrándonos y desencontrándonos. Profundizándonos también. Fuimos develando algunos misterios y juntos creamos otros. Y seguimos aquí. Os siento refugio.

Otros fuisteis sumándoos por el camino, los más, este último año. Como yo, que llegué siendo otra sin dejar de ser la misma. Descubriros, encontraros ha sido puro mimo (regaloneo) para el corazón. A rostro descubierto o no, os mostráis y descubro el sentido de vivir. El milagro de encontrarnos. 

Diez años, y a ratos sigue siendo difícil. No sé hacerlo sin ponerme entera, sin exponerme entera. A veces duele, a veces cuesta. A veces tienta… a veces he publicado la despedida para acabar volviendo un par de días después. Como he vuelto durante estos diez años una y otra vez.

O no.

sábado, 16 de noviembre de 2019

Cada vez más íntima





Me voy derramando por mis dedos. 

Y no sé cómo ponerle freno.