sábado, 17 de diciembre de 2011

Tus manos virtuosas




Me sabe a poco
el tacto
de tus manos virtuosas
arrancando
el pecado de mi piel.



viernes, 2 de diciembre de 2011

Tres deseos (y 2)



Estaba a punto de soplar las velas cuando vio que todos sus invitados la observaban con picardía en sus ojos.

- ¿Qué pasa? ¿Por qué me miráis así?
- Porque ya sabemos qué tres deseos vas a pedir.
- --rieron todos y gritaron al unísono--, ¡¡sexo, sexo, sexo!!
- Esta vez tendré que ser más cuidadosa. No olvidéis que nueve meses después de pedirlo estaba pariendo a mis mellizas.

Laura cerró los ojos, tomó aire y sopló fuerte concentrada en su pensamiento:

-¡¡Dormir, dormir, dormir!! Ffiiiuuuuuu


jueves, 17 de noviembre de 2011

Mal augurio



Descansaba en su mecedora, fumando pipa, cuando reparó en un calendario colgado en la pared en el lugar donde antes había un viejo retrato de su madre. Ni siquiera se dio el tiempo de preguntarse quién lo había puesto ahí, porque la fecha que marcaba, bastante adelantada, llamó más su atención: viernes, 11 de noviembre de 2011.

Pensaba en la posible significación de esa fecha (11-11-11) cuando observó cómo la hoja del calendario se teñía de sangre justo antes de que la habitación se sumiera en la más profunda oscuridad.

Fue en ese momento cuando despertó, sobresaltado. Tenía la certeza de que ese sueño significaba algo y aunque no sabía exactamente qué, sí tenía claro que era un mal augurio.

Siempre fue igual. Cada sueño premonitorio se desarrollaba del mismo modo: sentado en la mecedora, fumando pipa, era espectador de algún acontecimiento que tiempo después ocurría en la realidad. Era tan certero en sus predicciones, que se había hecho un nombre en su pueblo y alrededores. De hecho, si Wenceslao Rodríguez avisaba de algún desastre, todos los vecinos se preparaban para enfrentarlo sin ponerlo en duda.

En esta ocasión, sin embargo, había un par de diferencias en el modo en que recibió la premonición: no había sido testigo de un hecho definido y había despertado con mayor angustia de la habitual. Cuanto más pensaba en su sueño, más fuerte era la sensación de que la que había visto era la fecha del fin del mundo. ¿Qué otra cosa podría significar esa tenebrosa oscuridad vinculada con un día de fecha tan peculiar?

Empezó a correrse la voz, más allá de los límites de la comarca en que habitaba. Fue tanta la expectación que despertó su vaticinio que llegaron a su casa, en primer lugar, periodistas del diario local de la capital de provincia y, después, unidades móviles de varios programas de televisión.

Llegó el 11 de noviembre y Wenceslao despertó con una fuerte opresión en el pecho. Convencido como estaba de que ese día se terminaría el mundo, no le dio mayor importancia a su malestar. Será la ansiedad, pensó. Se tomó un buen desayuno y luego optó por quedarse en su mecedora, frente al televisor, a la espera de alguna noticia que confirmase sus temores.

Allí le encontraron sus familiares horas más tarde. Ya no respiraba. Un infarto se lo había llevado mientras esperaba el final.

Sus parientes no quisieron que fuera recordado por una mentira, o un error. Por eso en su tumba hay un epitafio que dice: “El mundo se terminó para Wenceslao Rodríguez el 11-11-11”.


jueves, 27 de octubre de 2011

Distanciamiento


Fotografía: Paco de Alcaudete

- Tú ya no me quieres.
- Claro que sí. Y te deseo.
- Si fuera así, me dedicarías tanto tiempo como antes.
- Es que tiempo es precisamente lo que no tengo. Pero pienso constantemente en ti.
- Eso dices, pero ¿cómo puedo estar seguro de ello? ¿Y de qué me sirve si tus manos no lo reflejan?
- Debes creerme, porque es la verdad. En todo caso, tú tampoco estás demostrando quererme. Nunca te acercas a mí.
- Eso es porque ya me cansé. Desde hace un tiempo siempre debo buscarte yo. Y aún así, en la mayoría de las ocasiones no obtengo respuesta por tu parte.

Ella guardó silencio, porque quien calla, otorga. Sabe que él tiene razón y no tiene valor ni moral para desmentirlo.
El relato, por su parte, y tras desahogar su rabia, continuó durmiendo bajo el polvo del teclado.



viernes, 30 de septiembre de 2011

Díselo con flores




El proceso de divorcio estaba resultando especialmente engorroso. Su marido, a pesar de ser quien lo solicitó, se empeñaba en poner trabas a cada trámite, como queriendo hacerle la vida imposible también en el último episodio de su relación.

Susana estaba desesperada con esta situación. Tanto, que cada vez que meditaba sobre ello su mente saltaba de un pensamiento a otro, pero terminaba siempre recordando a la misma persona: uno de sus primeros pacientes.

Era Vicente, el Popeye, un individuo con un extenso prontuario policial que llegó con múltiples heridas de arma blanca al hospital en el que ella inició su carrera como cirujana. Parecía condenado a una muerte segura, pero la destreza de Susana, tal vez algo de suerte y, sin duda, la fuerza de él se confabularon para salvarle la vida.

Ésa fue la primera cirugía que realizó con dos policías custodiando la puerta del quirófano. Vicente también estaba vigilado por dos agentes cuando recibió el alta y quiso saludar a Susana antes de abandonar el hospital e ingresar en prisión. Llegó con un ramo de flores.

Doctorsita, quería agradecerle por salvarme la vida.

- Vaya, no sé qué decir. Me sorprendes. No era necesario que comprases flores.

- No, si no las compré. Mi madre tiene una floristería, así que fue fácil. Yo, en realidad, quería darle esto – dijo Vicente entregándole en la mano un trozo mal cortado de una hoja de cuaderno, con un número de teléfono escrito a lápiz.

Susana miró con extrañeza. No entendía qué pretendía Vicente dándole su número y se incomodó un poco pensando que tal vez intentara seducirla.

- Guárdelo, puede necesitarlo. Y si algún día le sobra alguien, llámeme.


jueves, 15 de septiembre de 2011

Breve encuentro




Frente a la puerta de la habitación 405 Ana y Jesús se reconocieron tras muchos años sin verse.


-- ¿Tú no ibas a los Maristas?
-- Sí... Eh, sí, te recuerdo.


No pudieron permitirse una conversación muy larga. Lo justo para traer al presente un par de recuerdos de infancia, el nombre de dos o tres compañeros y un cumplidor "me alegro de verte".


Después, la doctora Pastor continuó la ronda de visitas a sus pacientes del ala de Neurocirugía y Jesús volvió a poner en marcha la enceradora para sacarle brillo al suelo.

lunes, 29 de agosto de 2011

Gracias


Fotografía: Rudy Garrido

Gracias
a vosotros, por la energía y el apoyo que me habéis dado, que sé que contribuyeron al milagro del que estoy siendo testigo.

Gracias
a vosotros, por vuestra compañía a lo largo de estos meses, por no abandonarme, por seguir presentes aún cuando yo no he dado señales de vida.

Gracias
a vosotros, por persistir con vuestros comentarios y, sobre todo, con los mensajes que me habéis enviado sin obtener respuesta. Espero encontrar el tiempo de responderos uno a uno para expresaros mi gratitud, inmensa, a vuestra paciencia.

Gracias
a vosotros, por respetar mi tiempo de silencio, mi larga noche en que las palabras querían salir, pero no encontraban el camino.

Gracias
también a la vida por permanecer en la persona a la que debo mi existencia y por darle fuerza para superar tantos y tan duros obstáculos.

Y gracias a la vida,
también, por seguir dándome motivos para continuar en la lucha incluso cuando me tienta la idea de tirar la toalla. Dos nuevos y grandes motivos:


Julia y Violeta

miércoles, 9 de febrero de 2011

Mendigo


Fotografía: Rudy Garrido


Mendigo las oraciones de la gente de fe, de buena fe, de quienes aún pueden creer en un dios dispuesto a escucharnos y darnos la respuesta que esperamos.

Mendigo las buenas “vibras” de aquéllos que creen que la voluntad puede mover montañas, espantar el mal, obrar milagros o crear magia donde ya sólo ésta puede salvarnos.

Mendigo abrazos, palmadas y cualquier gesto que alimente la energía, ésa que transmitimos a quienes nos rodean regalando calma, alegría, vida.

Mendigo desde mi pobreza de ánimo toda donación que contribuya a salvar a quien tanto amo y que ahora depende de una fuerza sobrenatural para volver a ser.

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domingo, 23 de enero de 2011

Milagro


Fotografía: Rudy Garrido


Nunca creí en milagros. Ni siquiera después de parirte. Tuvieron que pasar cinco años y unos cuantos intentos fallidos para comprender que tú eres uno, el más grande, el más bello. El mejor.

Parirte fue delicioso. Sentir cómo te ibas deslizando hacia la salida, mostrando con fuerza tus ganas de nacer hasta asomar entre mis muslos. Antes de posarte sobre mi vientre ya habías abierto los ojos, curiosa como sigues siendo.

Tú no lo recuerdas, pero sólo tuve que empujar tres veces. Hubieran bastado dos, pero me hicieron reír. Sí, reí mientras nacías porque era un instante feliz, deseado y esperado.

De fondo sonaba “Plenilunio”, de Luar na Lubre, porque quería traerte la tierra de tu madre, quería estar más cerca de casa mientras vivía el momento más importante de mi vida, quería que desde el primer momento supieras de tus raíces, de esa mitad tuya que está lejos y sin embargo forma parte de ti.

Y de pronto estabas sobre mi pecho desnudo, presentándonos tu voz, tu llanto que, lejos de preocuparnos, en ese instante era sinónimo de felicidad. Y te miraba, intentaba aprenderte de memoria. Tus ojos, tu nariz, tu boca, esa carita tantas veces imaginada. No era fácil entonces. Aún eras una desconocida.

De eso hace hoy cinco años. Sesenta meses que pasaron en un suspiro que aún siendo veloz no impidió atesorar millones de recuerdos, de buenos momentos y algún susto también. Toda una vida, la tuya, que transformó la mía.

Ahora es diferente. Ahora sí te conozco. Tu piel, el camino que trazan tus lunares, tus labios que dan los besos más sabrosos del mundo, tu carácter… Ahora te sé de memoria, y aún así no dejas de sorprenderme cada día, a cada momento.

No lo sabes, pero a menudo te observo sin que me veas. Y me emociona comprobar que eres real. Tuve siempre tan claro que algún día vendrías a mi vida, que jamás le tomé la medida a lo milagrosa que fue tu llegada. Siempre te imaginé, soñaba tus abrazos, hasta tu nombre te estaba esperando.

En todo esto pensaba mientras te abrazaba esta noche cuando te fuiste a la cama. Ni me di cuenta de que lo hice en voz alta:

- Te adoro, mi vida. Eres la hija que siempre soñé tener.

Por eso me sorprendió tu respuesta. Me diste un beso antes de decir:

- Tú eres la mamá que siempre quise tener.


Siempre sabes cómo emocionarme.


¡Feliz cumpleaños, Alba!

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lunes, 17 de enero de 2011

¿A qué esperan?




¿A qué coño están esperando? No es tan difícil. A mí me resultó sencillo, e incluso placentero. Sólo hay que apretar el gatillo, una ligera presión con el dedo índice y todo termina. O todo empieza…

Ya sé. Quieren torturarme. No importa que yo no haya hecho sufrir a mis compañeros, que les haya disparado sin avisarles, que les haya evitado esta angustia. Y la profe, porque la respeto, fue la primera. Ni lo sospechó. Muerta seguía con su sonrisa condescendiente. Siempre decía que le gustaba su trabajo. ¡Como si nos lo fuéramos a creer! Una tía inteligente enseñando a unos pendejos como nosotros, que creíamos que ya nadie podía descubrirnos nada… A fin de cuentas le ahorré una vida miserable.

Pero ellos no, ellos alargan cada segundo alimentando su odio con mi pánico. ¡Mierda! ¡Me estoy meando! ¡Joder, cómo no pude controlarme! Estoy acojonado, y humillado; siento cómo mi orina tiñe el pantalón mojando mis muslos. Joder, joder… ¡joder! ¡Que se acabe esto ya! ¿A qué coño están esperando?

Sin tocarlo, noto en mi espalda la humedad del paredón. Debí convertirme en piedra, porque transpiro con el frío. Y aparte del frío, no siento mucho más. Mi cabeza no es que dé vueltas, es que no está. Todo lo que percibo me llega lentamente, como desde muy lejos. Como un eco de los sentidos. Sí, sólo frío, pero desde adentro.

Todo lo contrario a aquel día. Entonces era fuego, intenso e incontrolable, el que alimentaba mi furia, mi hartazgo y mi rendición. Sabía que no saldría bien parado. O me suicidaba o me ejecutarían. Pero ese fuego fundía mi cerebro, que bullía en una sola idea. Me quemaba la vida y quería vengarme de ella. Si fuera fin de semana podría haber ocurrido en un concierto, o en el cine… pero ese día tocaba clase. Y no tenía muchos amigos ahí. No es tan difícil.

¿A qué coño están esperando? Si no terminan ya, me voy a caer. Ahí será peor. Quiero morir de pie, quiero que ellos me derriben y no sucumbir yo. ¡Por favor, acaben de una vez! No puedo dominar mis piernas; sé que tiemblan porque noto mi cuerpo agitarse… me voy a caer… ¿A qué coño están esperando?

Bang!!! Bang!!! Ban…